domingo, 22 de marzo de 2009

La Fuente de la Salud

Teruel existe. A veces a pesar de todo. Además de existir resulta que tiene lugares preciosos, algunos muy conocidos otros no tanto, y otros que los tenemos cerca de casa y se nos escapan.

En esta última categoría está la Fuente de la Salud, cerca de Olba, justo junto al límite de la Comunidad Valenciana.


Al pasar por la carretera que va de la autovia de Teruel hacia Olba, un par de kilómteros antes de está localidad aparece en una curva un acueducto, justo frente al arranque del camino que conduce a la aldea de Los Ramones. Un panel informativo y un pequeño lugar para aparcar no dice que es el acueducto de la Salud, y de allí arranca un corto sendero que lleva a la fuente del mismo nombre.

La fuente, pequeña y discreta, está en la margen izquierda del rio Rubielos, que aguas arriba de la fuente se encajona formando unos estrechos.


El acueducto salva el barranco por el que el río Rubielos accede al valle del Mijares, uniéndose a él a penas unos cientos de metros más abajo.

Más que del acueducto habría que hablar de los acueductos, pues son dos los que se ven desde la carretera. El más alto es el más antiguo, y está derruido en la parte central del barranco, quedando sólo un arco an la parte izquierda.


Parece que alguna riada lo destruyó a principios del siglo XX, y entonces se construyó el acueducto más bajo (en 1905), que salva el cauce con un sólo arco, para sustituir al anterior. Para mantener la funcionalidad del acueducto se construyó un sifón que comunicaba los dos lados del acueducto original, pasando por el nuevo acueducto.


La foto anterior muestra la parte aguas-abajo, estando indicado el recorrido del agua con el trazo blanco. En el lado aguas arriba la estructura es similar. Esta técnica del sifón era ya empleada en los acueductos romanos, cuando el tramo a salvar era demasiado largo para construir un puente de arcos.

Por detrás del acueducto, justo antes de la fuente, hay un azud que encauza el agua para una acequia que va a un nivel mucho más bajo que el acueducto.


La fuente, con muy poco caudal, tiene una cerámica tipo tradicional, formando un bonito rincón.

domingo, 15 de marzo de 2009

El Castillo de Chirel

De los muchos castillos que hay por tierras valencianas, la mayor parte muy arruinados por los devenires de la historia, algunos se han conservado más enteros. En el caso del Castillo de Chirel, tal vez por su aislamiento y alejamiento de los centros de poder y de los conflictos de los últimos siglos, el grado de conservación resulta especialmente bueno (sin que uno deba esperar nada parecido a, por ejemplo, el castillo de Peñíscola).


Situado en tierras de Cortés de Pallás, donde los últimos conflictos importantes son los habidos con los moríscos, hace ya 400 años, el castillo de Chirel se levanta en un elevado cantil sobre el cauce del río Jucar. El acceso, que hace años era complicado, resulta ahora muy cómodo y fácil (tal vez demasiado). En la carretera que desde Bunyol lleva a Cortés, unos 5 km antes de llegar sale a la derecha una pista asfaltada que indica el acceso al castillo. Unos cuantos desvíos después (casi todos señalizados) y nada más acabar el camino asfaltado, encontramos un pequeño aparcamiento donde dejar el vehículo. Desde allí una subida (al principio dura, despues ya más suave) nos lleva al castillo.

Las vistas que se van descubriendo al ganar altura son buenas, pero quedan eclipsadas al llegar a lo alto del collado que da paso al castillo, al asomarnos al cañón del río Jucar, hoy convertido en un lago por la construcción del embalse de Cortes. Vértigo es una buena descripción de lo que se siente al asomarse al profundo cañón.


Una última rampa camino al castillo y entramos por la puerta del primer recinto amurallado. Un giro de 180 grados nos conduce a la segunda puerta y despues al interior de la plaza de armas. La torre del homenaje domina todo el conjunto, inaccesible salvo que seamos capacer de llegar a la puerta que se abre a unos cinco metros del suelo. El castillo es en parte gótico, y unas ventanas decoradas dan prueba de ello.


Atravesado el recinto, salimos por otra puerta que da a una llanura situada en lo alto del cerro del castillo, colgada en los acantilados de la pared sur del cañón. Unos trabajos de restauración (esperemos que no demasiado agresivos) en el lienzo este de la muralla muestra que existe interés en conservar y recuperar el monumento. Confiemos que no sirva, como tantas otras veces, para dañar lo que el tiempo ha conservado o convertir en cerrado algo que lleva siglos abierto: El monte para el que lo pisa.


Por la zona, muy próxima a la reserva de Cortes, abundan los rebaños de cabras montesas. Relativamente confiadas gracias al respeto que la gente suele tener por esos animales, se pueden obtener imagenes muy bonitas de ellas.


Bocata, y para abajo. En total una excursión corta, no mas de tres horas contando el rato que uno pasa arriba disfrutando del paisaje, pero que merece la pena.