lunes, 20 de mayo de 2013

El abrigo del Mangranero

Los paréntesis, si de verdad lo son, tienen una cosa buena: que se cierran. Esperemos que con este post se cierre un paréntesis de inactividad que ha durado más de lo que es sano y conveniente.

En el mundo de la espéleo los abrigos son como el pariente pobre:  casi nadie los mira ni se acuerda de ellos, a veces se les ignora deliberadamente, se les ningunea ... y sin embargo están ahí, esperando que alguien les de un poco de atención, y ojalá que cariño. Está claro que como cavidades no tienen grandes valores que aportar, pero su naturaleza hace que tengan un par de características que los reivindican: con frecuencia están en parajes de interés y belleza y además muchos han sido utilizados por el hombre a lo largo de la historia (y a veces de la prehistoria).

Todo este rollo es para venir a decir que voy a hablar de un par de abrigos de la zona de Chelva y Calles, en la comarca de Los Serranos (Valencia). 

El primero está sobre la carretera que va desde Valencia hacia el Rincón de Ademuz, poco después de Chelva y tras sobrepasar el acueducto recientemente reconstruido (que ha quedado tan "bien" reconstruido que perece nuevo de trinqui, más que una obra medieval). Unos metros sobre el farallón que forma el margen derecho de la carretera, se abre un gran abrigo, cerrado en parte por un muro de mampostería.


En la estratigrafía horizontal de este punto (algo más abajo hay un hermoso pliegue) unos estratos de material más débil han sido erosionados formando, en una barrancada, la cornisa que sirve de techo al abrigo. El muro de cierre tiene una primer hilada de bloques grandes, alguno tal vez un poco trabajado, y el resto, hasta un par de metros de altura es de piedras irregulares a seco.


Sólo en la antigua entrada se aprecian restos de enlucido de yeso. Por ella se accede a una zona amplia bajo la cornisa, en la que se ha acumulado tierra resultando en que por dentro el muro parece unos 60 cm más bajo. Algunos restos de yeso hacen pensar que hubo algún tipo de techumbre, al menos en los dos extremos del abrigo, donde el espacio a cubrir era menor.

Ningún resto, salvo alguna madera a modo de percha el el muro o en la propia roca, nos habla de ocupaciones recientes del abrigo, cuyo nombre por cierto nos es desconocido (no figura en los catálogos de espéleo... ¡pobres abrigos!). Aquí esta la topo del abrigo, le hemos llamado Abrigo del Collado de Espés, por su proximidad al mismo.



El segundo abrigo si que tiene nombre, es el abrigo del Mangranero. Se encuentra en Calles, unos cientos de metros por debajo de la Cueva Santa de esta misma localidad. Es un tipo de abrigo más complejo que el anterior, pues tiene una parte de abrigo bajo cornisa y otra parte que es una cueva poco profunda, formado todo el conjunto por la erosión de las aguas de una pequeña barrancada.

El acceso al abrigo se realiza descendiendo un cortado que hay frente a las ruinas de la Casa de Farfalla. El único punto por el que se puede descender el cortado sin usar cuerdas, está marcado por un hito de pastores. Desde él, una angosta e irregular cornisa nos permite descender en ángulo hacia el abrigo, que pronto es visible (desde arriba del cortado ni se intuye que está allí).




El acceso al conjunto del Abrigo del Mangranero se hace a través de antigua puerta del recinto. A la izquierda una cámara bien conservada y algunos pilares (de pié y caídos) hacen pensar que la edificación debió de ser de alguna amplitud, aunque ahora apenas queda nada.


Salvando los restos del muro, entre una higuera y un granado (el nombre la cueva corresponde a este árbol: mangranero = granado), llegamos a la cavidad. De una profundidad de unos veinte metros, es una galería de techo abovedado de unos 4 a 5 metros de altura, cuyo suelo va ascendiendo hasta contactar con el techo, y apenas una gatera impracticable prolonga un poco la cavidad. También la cueva estaba cerrada por un muro en el que una puerta, distinta a la zona por la que hemos entrado nos asoma al valle.


Aquí está la topo del abrigo del Mangranero. El amigo Toni Fornes cada vez más artista.


El río Turia, encañonado entre farallones unos doscientos metros más abajo, proporciona una vista de lo más agradable. La pista desde la que accedimos a este abrigo sigue hasta el fondo del valle, cruzando por un puente la salida de uno de los cañones del Turia y llevándonos a una zona de recreo donde podemos completar el día comiendo junto al río.