domingo, 16 de septiembre de 2012

El cinto de la Ventana (o paseando por el infierno)

Este verano de 2012 será recordado como el de los dos grandes incendios (simultáneos) en la Comunidad Valenciana. Uno afectando la zona de la Hoya de Buñol y el otro la Sierra Calderona. La tragedia que ambos han supuesto para nuestro sufrido medio ambiente resulta difícil de describir, por no hablar de las vidas que se perdieron. Entre los dos más de 50000 (cincuenta mil) hectáreas arrasadas son una cifra que escalofría. Para ponerla en contexto en una página como esta, en la que el andar es clave, diríamos que si esa superficie fuera un círculo tardaríamos en atravesarlo más de seis horas y más de dieciocho en recorrer su perímetro. Seis horas de un paisaje negro, sofocante incluso meses después, poblado de esqueletos vegetales carbonizados y de rocas que se han partido como consecuencia del calor.


Y sin embargo, la vida sigue. Y con todo el dolor hemos de seguir yendo a esos lugares, pues incluso ahora en ellos hay sitios que merecen ser visitados, rincones que se han salvado, barrancos que el fuego perdonó, como por milagro. Podemos además ver una naturaleza que lucha por recuperarse, por rebrotar y verdear los montes. Y además, la vista del daño causado tiene un valor más didáctico que todo lo que nos digan al respecto.

Después de todo este rollo, toca hablar de la ruta al Cinto de la Ventana, un grupo de pequeños abrigos, con alguna pintura rupestre y del duro paisaje que le rodea. Duro antes, y extremo ahora, tras el incendio.

La zona de Dos Aguas, a penas a una hora de Valencia, es una de las zonas más quebradas y menos pobladas, conformando con Millares, Cortes de Pallas y Cofrentes, poblaciones que rodean el cañón del río Júcar, un área natural de especial valor e interés, de la que ya se ha hablado en algún otro caso en este blog.

Nada más salir de Dos Aguas hacia Millares, sale a nuestra derecha una pista asfaltada que indica Camino de la Canal. Esta pista, a tramos casi dando vértigo, se eleva sobre el barranco que baja hacia el Júcar para alcanzar el valle colgado de la Canal. Este valle, atravesado por el fuego, tiene algunas zonas, tanto agrícolas como naturales, que se han salvado del mismo, y que no hacen sino reforzar, por contraste, la dureza de las zonas calcinadas. Especialmente áspera es la zona que hay nada más llegar al comienzo de la canal, donde el terreno es sólo rocas tipo lapiaz y restos carbonizados.


Una serie de indicaciones nos permiten visitar alguno de los abrigos con pinturas rupestres de arte levantino que hay en la zona. Al llegar a la Casa del Valle, un poste (medio quemado ahora) nos indica el inicio de la ruta hacia la Cueva de la Cocina y el Cinto de la Ventana.


El camino pasa junto a la casa y avanza hacia el barranco del Cinto de la Ventana. A unos 300 metros de la casa, hay que dejar el camino y avanzar por el lecho del barranco, siguiendo el trazado de sus meandros. Si bien en otro momento eso no tendría mucho de especial, ahora impresiona avanzar entre laderas negras, en las que el calor ha hecho que las rocas se desconchen, desprendiéndose lascas de roca.




Poco más de un kilómetro nos separa de la cueva de la Cocina, cavidad de poco interés espeleológico (es sólo un gran salón abierto al barranco) pero que en verano nos da un refugio contra el sofocante calor del exterior. Desde aquí sólo trescientos metros nos separan del Cinto de la Ventana (eso dice el poste indicador) pero se hacen pesados.


Seguimos barranco abajo, pero al poco un desnivel vertical de unos ocho metros nos cierra el camino. Debemos entonces retroceder una veintena de metros y buscar en la margen derecha del barranco el arranque apenas visible de una trocha que nos permite salvar esa caída ganando un poco de altura para después regresar al lecho del barranco. Un meandro más adelante vemos ya frente a nosotros, en la ladera derecha, el Cinto de la Ventana. Para llegar hemos de remontar un poco la ladera y después buscar un paso horizontal hacia el cinto, ayudándonos del pasamanos de cable de acero que hay instalado.


Son unos abrigos de muy reducidas dimensiones en los que el hombre del neolítico reflejó algunas breves escenas de su mundo. Apenas unas pocas figuras son reconocibles, y entre ellas dos cabras a las que algún hideputa les ha arrancado la cabeza (se nota que falta el trocito de roca donde hubiera estado la cabeza del animal). Un sólida reja protege el conjunto y a la vez permite verlo sin dificultad.


Si seguimos el cinto unos metros más adelante, nos encontramos con la Ventana que da nombre al conjunto. Es una pequeña cueva que pasa de parte a parte el espolón rocoso, convirtiéndose en un balcón sobre dos barrancos que caen hacia el río Júcar, invisible trecientos metros más abajo. Se da además la circunstancia de que ahora es una especie de túnel del tiempo, pues aquí está el límite del incendio: Accedemos por un valle quemado, negro, y al otro lado el verde domina, como debiera de ser, el paisaje. Del cómo era al cómo es en apenas tres metros.



Para que no todo sea pesimismo unas anotaciones de esperanza. La mayor parte de esta zona era de matorral, y se recupera con rapidez. A penas dos meses después del incendio los romeros están rebrotando. Los pequeños algarrobos medio silvestres, renacen por la base de su tronco. Los palmitos tienen hojas verde brillante sobre unos troncos negro humo. Por todas partes las matas rebrotan. Algunos (pocos) pinos se han salvado, y se empeñan en dar sombra al caminante.


Mientras descansábamos en la Ventana, un ruido nos hizo asomarnos y, apenas a cinco metros, una cabra montesa salía saltando barranco abajo. La vida sigue adelante.




jueves, 6 de septiembre de 2012

El faro de Cíes

Las Islas Cíes son un pequeño archipiélago situado en la entrada de la ría de Vigo, tres islas que por su tamaño pasarían desapercibidas pero que por su belleza y valores naturales forman el núcleo del Parque Nacional de las Islas Atlánticas.


Su visita está regulada y los recorridos que se pueden hacer por ellas también, como ocurre en todos los Parques Naturales. Ello no quita para merezcan un visita y la consideración de quienes gustan de caminar en la naturaleza.


Hay cuatro rutas señalizadas en la Isla Faro, que es la que se visita. Bueno, en realidad se visita el  conjunto formado por la isla de Faro y la isla de Monteagudo, ambas unidas por un istmo de arena (la playa de Rodas) y un dique artificial. La otra isla, San Martiño, es visitable pero hace falta ir en embarcación privada y además solicitar permiso.

El acceso a las islas no es complicado. Desde varios puertos de la zona (Vigo, Cangas...) salen barcos con mucha frecuencia y en media hora larga se alcanza la isla.


A la llegada, tenemos rápidamente información sobre las rutas. Nosotros tomamos la que va al faro que da nombre a la propia isla, que es punto más alto de las islas y desde el que se consigue una imagen más global del conjunto.


La ruta, cómoda y bien marcada, nos lleva en una hora y algo más (depende de cuanto paremos a hacer fotos) hasta el faro de Cíes. El camino atraviesa un denso bosque atlántico y va ganando altura. Conforme se va subiendo se logra una vista muy buena de la isla de San Martiño, separada de la isla de Faro por el estrecho de Porta, que tiene su pequeño faro (también en la isla de Faro).



El último tramo de la subida está trazado de una manera bastante espectacular en una serie de lazadas, con el camino soportado por muros de mampostería que le dan al cerro del faro el aspecto de una fortaleza.


De bajada se puede aprovechar para acercarse a un mirador de aves (en realidad no hace falta, pues toda la isla es un gran mirador) y a un formación rocosa un tanto curiosa llamada la Campana.


De premio, a la bajada podemos disfrutar de la bellísima playa de Rodas y de un baño (esto para los valientes) en sus frías aguas.


domingo, 2 de septiembre de 2012

El castro de Baroña y los petroglifos de A Gurita

Nadie va a estas alturas a descubrir los atractivos de las Rías Baixas, pero eso no impide hablar de ellos. Así pues, en estas líneas voy a hablar de un par de sitios, relacionados por dos cosas: su interés arqueológico y su proximidad a la localidad de Porto do Son. De hecho están muy próximos, en línea recta apenas les separan kilómetro y medio, pero pueden estar separados por mil años de historia.

El primero es el castro de Baroña, un poblado que estuvo ocupado en los siglos I aC a I dC. El castro está en una pequeña península unida a tierra por un istmo de roca y arena. El siguiente montaje muestra el conjunto descrito.


El acceso al poblado es sencillo, desde la carretera de la costa, al oeste de Porto do Son, arranca un camino señalizado que atravesando el bosque lleva a la costa y al poblado. El camino en sí ya es interesante, pues en algunos tramos aparecen sobre la roca las huellas de desgaste causadas por las ruedas de los carros, que iban al castro, pues esas marcas llegan hasta casi al propio poblado.



En el istmo los habitantes excavaron un foso de unos cuatro metros de ancho, seguido de un primer muro de defensa de unos tres metros de ancho. Tanto el foso como el muro están bien conservados. Parece ser que el muro se prolongaba por los lados del istmo a unirse con la muralla del poblado, creando un primer recinto.


A continuación se encuentra la muralla del poblado, en la que se abre una única puerta de acceso, flanqueada por dos ensanchamientos de la misma (no llegan a ser torreones, aunque quizás lo fueron en algún momento). 

Aparece entonces una primera zona de cabañas, de formas redondeadas y algunas de ellas con un pequeño recinto exterior. La imagen que da el conjunto con ayuda a imaginar cómo era el poblado en su momento. La restauración realizada pienso que ha sabido combinar el respeto al lugar con el facilitar a quienes no somos especialistas el reconocimiento y valoración del mismo.


Unas escaleras, de la época del poblado, dan acceso a una segunda plataforma donde un nuevo grupo de cabañas forma el barrio de arriba. Bromeando, y teniendo en cuenta lo que casi siempre pasa, decíamos que era el barrio pijo. Esta imagen muestra una perspectiva del conjunto desde el punto más alto de la península.


Las cabañas, el roquedal de granito y las olas del mar conforman un conjunto de los que no hay que perderse si se va a Galicia.

El otro lugar del que hablé al principio es el conjunto de petroglifos de A Gurita I. En la ladera sur del cerro de A Gurita, de unos 160 metros de altura, un km al S de la playa de Arnela (Porto do Son). También aquí el acceso es sencillo, pues desde la misma carretera antes mencionada está indicado el camino. Al final la carretera nos deja en un pequeño llano donde un panel explicativo informa sobre los petroglifos. Un centenar de metros al E está el panel con los grabados.


Estos son de la edad del bronce (aunque hay un rango amplio en la posible cronología, la verdad). Son unos grabados sobre una laja de granito, en el que hay numerosos animales (ciervos, cabras, caballos), un sol (por lo visto muy poco frecuente) y algunos motivos geométricos. Los fuimos a ver al atardecer, y el sol rasante hacía que las figuras resultaran muy evidentes, dando que pensar si sus autores no buscarían en su momento el mismo efecto. Tal vez al medio día, con el sol dando de plano sobre la roca, no lo hubiéramos visto tan bien.


Algunas de las imágenes resultan muy claras y en conjunto hicieron de esta visita, la última de las vacaciones, un broche de oro.

Para terminar y como regalo, una foto de la cascada de Ezaro, en la Costa da Morte, recientemente recuperada y que es imperdonable no visitar.


jueves, 9 de agosto de 2012

La travesía del Valle de los Trillos

Entre las muchas zonas de la Cordillera Cantábrica que merecen ser visitadas y recorridas, la zona del Parque del Alto Asón, en las proximidades de Arredondo y Ramales de la Victoria, es sin duda una a considerar.

Tenemos allí los macizos del Porracolina y San Vicente, separados por el profundo valle del Asón. El más oriental de los dos, el de San Vicente incluye el pico del Hornijo, que forma una pequeña sierra, con alturas moderadas (hasta los 1400 metros), pero al que la naturaleza caliza del terreno y los pronunciados procesos de karstificación que allí se han desarrollado, le dan una dureza que sólo los visitantes de los altos terrenos calizos entienden.

El Hornijo es atravesado por un valle fósil, reliquia de un sistema fluvial desaparecido y testigo de los procesos glaciares del cuaternario. Es el valle de los Trillos. Precisamente por ese valle transcurre el recorrido que ahora comento, desde la localidad de Astrana, en el valle del Soba, hasta la de Riba, ya en el valle del Asón.


La orientación general del valle de los Trillos es S-N, con una inclinación que originalmente era descendente hacia el N, pero los procesos glaciares y kársticos han enmascarado esa inclinación, quedando ahora un primer tramo ascendente desde el falso collado de los Mazos hasta el collado del Crucero, y desde aquí bajando hacia Riba. Las dos grandes depresiones del Hoyo Salzoso y el Hoyo Masayo jalonan esa parte del valle de los Trillos. A la salida del segundo de los Hoyos, termina el valle de los Trillos, casi seiscientos metros por encima del nivel actual del río Asón. (la gráfica siguiente, basada en la de C. Mugnier, 1969, ilustra esta estructura).


La ruta comienza en la iglesia de Astrana, aunque hay un largo primer tramo que puede hacerse en coche siguiendo la pista que lleva hacia las cabañas de la Espina. Justo antes del falso collado de Los Mazos (entre el Mazo Grande y el Mazo Chico) debemos dejar el coche y comenzar a caminar.


Tras los Mazos, el camino sube suavemente bordeando el lado E de la Llana de la Cueva, una primera depresión cerrada, fruto combinado de los procesos kársticos y del glaciar que desde el Este llegaba a este valle para avanzar hacia el Sur. Precisamente el punto más alto del recorrido, el collado del Crucero, se encuentra en lo que es la morrena que separaba este glaciar del que recorría el resto del valle de los Trillos hacia el Norte.


Tras el collado, la pista desciende hacia el fondo del Hoyo Salzoso, en cuya ladera O encontramos los restos de un antiguo camino empedrado que seguiremos durante la mayor parte de la ruta. Realmente ese camino es una bendición (a pesar de su regular estado de conservación) pues el terreno de lapiaz (aristas rocosas fruto de la erosión) que se atraviesa sería casi infranqueable si hace siglos los habitantes de la zona no hubieran hecho el enorme trabajo de trazar este camino que unía el alto valle del Soba y el del Asón.


Tomado ya el camino empedrado remontamos para salir del Hoyo Salzoso y encontrarnos de golpe con la vista impresionante del Hoyo Masayo en primer plano, el valle del Asón después, la depresión de Matienzo al otro lado del valle y al fondo el mar. Por la derecha Santoña, Laredo y la ría del Asón completan un marco que en días claros (como el que nos tocó a nosotros) impresiona.


El Hoyo Masayo esta ocupado en su parte Sur por un hayedo de grandes y viejos árboles, cubiertos de musgo, cuya visita por si sola justifica el pateo. Cruzado el bosque, salimos a una pradería que ocupa el resto del Hoyo. Un caballo pastando en el linde del bosque y un par de ciervos que huyen ante nuestra presencia completan un cuadro que, de nuevo, justifica el esfuerzo.



Remontamos el lado Norte del Hoyo, para buscar el largo y complejo collado que sigue al mismo y que nos situará ya en valle del Asón. El camino empedrado reaparece para conducirnos a través del laberinto de dólinas y pozos de lapiaz. Incluso así, atravesar esta zona en un día de niebla requeriría mucha prudencia, para no terminar descalabrados en el fondeo del algún hoyo.



Cuando por fin termina el collado, comienza un descenso vertiginoso, que en dos km de distancia nos baja de 750 a 150 metros. Se comienza atravesando, de nuevo gracias al camino empedrado, un hayedo situado sobre un áspero lapiaz, incluido el paso sobre el fondo de un hoyo gracias al puente de Carcajil. Se llega después a una zona de praderías, de la que saldremos por unos caminos de lindero, que parecen túneles entre los bosquetes de avellano.

Una última curva muy pronunciada del camino pasa junto a la fuente que surte de agua a Riba, y desde aquí ya sólo queda seguir bajando por la pista hasta llegar a Riba, en la salida de la carretera en dirección a Arredondo.


Un esfuerzo adicional, nos lleva hasta el Bar Hoyo Masayo, donde una cerveza helada y un platico de jamón y queso, sirven de recompensa y de remate al pateo.


Unas seis horas ha hecho falta para hacer el recorrido desde las zonas de absorción kársticas hasta el verde valle, donde resurgen todas las aguas que sumen en los altos lapiaces y hoyos.

En el siguiente enlace está el track para gps:  El Valle de los Trillos


lunes, 30 de julio de 2012

Juan González - Barco Hundido

Queda raro el nombre de este artículo, pero no es ni un invento ni un error: es el nombre de una playa de Cuba. Más concretamente es una playa, una pequeña cala, situada unos 20 km al oeste de Santiago de Cuba.

El acceso a la playa no tiene ningún misterio, basta tomar la carretera de la costa, carretera de Granma, que va entre la Sierra Maestra y el mar Caribe. Tras dejar la zona portuaria de Santiago, la carretera se va internando en zonas menos pobladas (nunca sin gente, siempre hay alguien andando por la vía) y se sitúa junto al mar. La mayor parte de la costa es abrupta, hay pocas zonas de playa (los de la zona dicen que son mejores la playas de la costa norte que las de esta costa sur de la isla), pero son más bien costas rocosas que acantilados, pues las alturas no son grandes. Una primera playa, en una cala llamada Bueycabón (así, sin  la 'r') nos tienta con una baño en sus aguas cálidas. La carretera se aleja momentáneamente de la costa para salvar un cerro y cuando vuelve a acercarse estamos ya en la zona de Juan González.


La primera de sus playa es la llamada Juan González - Barco Hundido, al menos eso nos dijeron algunos lugareños. Parece ser que la playa tiene también el mucho más exótico nombre de Nami Nami. La playa es de arena y restos de coral, y (como pasa en las playas naturales) tiene un aspecto menos impoluto que las playas turísticas de Europa, donde cada dos por tres la máquinas limpian la arena. Aquí numerosos restos vegetales traídos por las corrientes, conchas fragmentos de corales viejos y (también aquí) alguna botella, le dan un aspecto descuidado, que no es más que lo natural en la playas no artificiales. Hay que saber disfrutarlo.


En el centro de la cala desemboca un arroyo, formado una piscina natural de agua medio dulce, donde la muchachada de la zona disfruta de un baño sin oleaje. Entre la carretera y la orilla los árboles de uva caleta dan una sombra que se agradece con los calores cubanos.


Pero además de lo encantador del sitio, este lugar tiene su historia, ligada al nombre de la cala. El porque de este nombre es bien visible a 200 metros de la playa: sobre las olas asoman dos cañones oxidados, uno con su torre acorazada incluida. So los restos del crucero acorazado Almirante Oquendo, parte de la desventurada, pero heroica, escuadra del almirante Cervera, que en 1898 fue deshecha en la Batalla de Santiago durante la guerra hispano-norteamericana.

Sin pretender hacer historia, creo que si que toca explicar algo de aquella batalla. La flota española de Cervera estaba en la base de Santiago, bloqueada por la flota norteamericana del almirante Sampson. Santiago es un puerto natural excelente, abrigado e imposible de forzar su entrada desde el mar, pero el estrecho canal de entrada/salida lo convirtió en una ratonera para la flota española, pues los barcos sólo podían salir de uno en uno. Efectivamente, cuando el 3 julio por fin Cervera se ve obligado a salir, la flota norteamericana los fue recibiendo con fuego de su superior artillería. Cervera sacrificó su buque insignia, en Infanta María Teresa, con él mismo a bordo para dar una oportunidad de escapar al resto de la flota.

El Oquendo recibió un duro castigo, estallaron sus calderas, y finalmente su capitán, Lazaga, lo embarrancó en la costa, poniéndose a salvo parte de la tripulación. Tuvo ochenta muertos, entre ellos el propio capitán. Por las fotos antiguas parece que embarrancó algo más al este, pero sin duda los huracanes del Caribe lo fueron empujando a su posición actual, en centro de la cala. La agonía de la escuadra continuó: el María Teresa se hundió combatiendo, el Vizcaya está embarrancado unos kms más adelante del Oquendo, y más adelante aún está en Cristobal Colón. Los destructores Furor y Plutón fueron también hundidos. Nada quedó de la flota de Cervera.

Pasó todo eso, es historia, pero en todo caso emociona el lugar, a poco que uno sienta las vidas que allí se perdieron.

miércoles, 27 de junio de 2012

Otra vez la cueva del Escalón

No es que haya vuelto a esta cueva, aunque la verdad es que si que me apetece para ver alguna de las zonas que se quedaron sin ver hace unos meses.

Lo que aquí pongo es una prueba de vídeo sobre una presentación hecha con Prezi, a partir de la topo de la cueva y de las fotos que de ella tomé.

video

Nunca había colgado un vídeo, así que esto tiene un componente de ensayo. A ver...

Bueno, ya está visto, y la calidad con la que se sube el vídeo deja mucho que desear, así que recomiendo no  ponerlo en pantalla completa. ¡Es la vida!

viernes, 2 de marzo de 2012

Los abrigos del río de los Santos (Alcudia de Crespins)

El río de los Santos, discurre por el término de Alcudia de Crespins, tras nacer en el manantial de los Santos. El nombre le viene seguramente de una ermita (hoy desaparecida) dedicada los Santos de la Piedra, San Abdón y San Senen.

A partir del manantial, el río recorre un valle bastante angosto, con unas laderas empinadas que terminan en pequeños farallones en ambas márgenes, aunque no siempre se corresponden los de las dos vertientes, con lo que no llega a tener aspecto de cañón, ni mucho menos.


La zona está poblada desde muy antiguo, y por la zona hay restos desde la época ibérica, que no han proporcionado nada espectacular, pero si datos valiosos.

Hoy el valle está afeado por el viaducto de la autopista que lo atraviesa como un kilómetro aguas abajo del manantial, que también ha sido modificado artificialmente.

En ambos márgenes hay pequeños abrigos, situados en la base de los farallones antes mencionados. Bajo el viaducto de la autopista, en la margen izquierda, está el abrigo de la Caseta de Molina (tengo serias dudas sobre el nombre de las dos pequeñas cavidades que aquí se comentan). La boca está medio tapada por la vegetación.


Es un auténtico milagro que haya sobrevivido a las obras, pues está literalmente entre los pilares del viaducto. Consta de una única sala de techo agrietado (tal vez por las obras de construcción del viaducto). Las dos fotos siguientes lo muestran (la segunda es la vista desde la boca de la cueva).



Un agujero en el techo, cerca de la boca, actúa como ventilación de la pequeña cavidad, y sin duda en algún momento fue salida de humos. En su interior, que muestra restos de haber sido utilizado como refugio durante la construcción de la autopista, hay restos variados. Llama la atención una persiana de madera, situada debajo de un gran bloque desprendido del techo. Esta muestra definitiva de lo inestable de la cavidad, junto a las grandes grietas que muestra el techo actual, hacen que no apetezca estar mucho rato dentro.


En la margen opuesta, un poco aguas arriba del viaducto, se encuentra el abrigo dels Sants (?). Se accede a él con más facilidad desde la parte alta del cerro. Se abre en la parte baja del cortado superior, aunque después de bajar el mismo hay que hacer de nuevo una pequeña trepa para llegar a la boca. Ésta forma como un balcón sobre el valle, y realmente poco más hay, pues el resto de la cavidad está formado apenas por una pequeña galería paralela al cortado. 


En realidad el abrigo está formado por el basculamiento de un bloque de roca por efecto de la descompresión, y la pequeña galería está en algún punto  abierta por la parte superior.



Este río de los santos es muy interesante. Alimentaba la turbina de una fábrica a comienzos del siglo XX, y alimentaba el sistema subterráneo de suministro de agua a la localidad. Pero esto ya es otra historia.

Una coplilla popular canta las excelencias del Río de los Santos:

Hi ha una font prop de Canals
que la Font dels Sants es diu,
i d’esta font naix un riu
d’aigües clares com cristalls.
( ...)*

*SIVERA FONT, Pbro. Sebastián. Apuntes histórico-descriptivos de la villa de Canals. Canals 1983. P. 36.