domingo, 2 de septiembre de 2012

El castro de Baroña y los petroglifos de A Gurita

Nadie va a estas alturas a descubrir los atractivos de las Rías Baixas, pero eso no impide hablar de ellos. Así pues, en estas líneas voy a hablar de un par de sitios, relacionados por dos cosas: su interés arqueológico y su proximidad a la localidad de Porto do Son. De hecho están muy próximos, en línea recta apenas les separan kilómetro y medio, pero pueden estar separados por mil años de historia.

El primero es el castro de Baroña, un poblado que estuvo ocupado en los siglos I aC a I dC. El castro está en una pequeña península unida a tierra por un istmo de roca y arena. El siguiente montaje muestra el conjunto descrito.


El acceso al poblado es sencillo, desde la carretera de la costa, al oeste de Porto do Son, arranca un camino señalizado que atravesando el bosque lleva a la costa y al poblado. El camino en sí ya es interesante, pues en algunos tramos aparecen sobre la roca las huellas de desgaste causadas por las ruedas de los carros, que iban al castro, pues esas marcas llegan hasta casi al propio poblado.



En el istmo los habitantes excavaron un foso de unos cuatro metros de ancho, seguido de un primer muro de defensa de unos tres metros de ancho. Tanto el foso como el muro están bien conservados. Parece ser que el muro se prolongaba por los lados del istmo a unirse con la muralla del poblado, creando un primer recinto.


A continuación se encuentra la muralla del poblado, en la que se abre una única puerta de acceso, flanqueada por dos ensanchamientos de la misma (no llegan a ser torreones, aunque quizás lo fueron en algún momento). 

Aparece entonces una primera zona de cabañas, de formas redondeadas y algunas de ellas con un pequeño recinto exterior. La imagen que da el conjunto con ayuda a imaginar cómo era el poblado en su momento. La restauración realizada pienso que ha sabido combinar el respeto al lugar con el facilitar a quienes no somos especialistas el reconocimiento y valoración del mismo.


Unas escaleras, de la época del poblado, dan acceso a una segunda plataforma donde un nuevo grupo de cabañas forma el barrio de arriba. Bromeando, y teniendo en cuenta lo que casi siempre pasa, decíamos que era el barrio pijo. Esta imagen muestra una perspectiva del conjunto desde el punto más alto de la península.


Las cabañas, el roquedal de granito y las olas del mar conforman un conjunto de los que no hay que perderse si se va a Galicia.

El otro lugar del que hablé al principio es el conjunto de petroglifos de A Gurita I. En la ladera sur del cerro de A Gurita, de unos 160 metros de altura, un km al S de la playa de Arnela (Porto do Son). También aquí el acceso es sencillo, pues desde la misma carretera antes mencionada está indicado el camino. Al final la carretera nos deja en un pequeño llano donde un panel explicativo informa sobre los petroglifos. Un centenar de metros al E está el panel con los grabados.


Estos son de la edad del bronce (aunque hay un rango amplio en la posible cronología, la verdad). Son unos grabados sobre una laja de granito, en el que hay numerosos animales (ciervos, cabras, caballos), un sol (por lo visto muy poco frecuente) y algunos motivos geométricos. Los fuimos a ver al atardecer, y el sol rasante hacía que las figuras resultaran muy evidentes, dando que pensar si sus autores no buscarían en su momento el mismo efecto. Tal vez al medio día, con el sol dando de plano sobre la roca, no lo hubiéramos visto tan bien.


Algunas de las imágenes resultan muy claras y en conjunto hicieron de esta visita, la última de las vacaciones, un broche de oro.

Para terminar y como regalo, una foto de la cascada de Ezaro, en la Costa da Morte, recientemente recuperada y que es imperdonable no visitar.


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