lunes, 16 de septiembre de 2013

Les Agulles de Sta Agueda

Las Agujas de Sta Agueda, en Benicasim, son unas cimas escarpadas, no muy altas (alrededor de los 500 m), características por su color rojizo, debido a que están formadas por rodenos, una arenisca roja muy frecuente por estas tierras mediterráneas.

La estratigrafía muy inclinada (a ojo unos 60 o 70 grados) les da una configuración muy especial: la vertiente que mira al mar tiene la inclinación de los estratos, y aunque no es así, podríamos visualizarla como un estrato. En cambio la otra vertiente tiene un aspecto escalonado, según se van superando los estratos.


La subida arranca del camino asfaltado que sale de lo alto de la carretera que va de Benicasim al Desierto de las Palmas. A poco más de 200 metros arranca una senda señalizada hacia Benicasim, a veinte metros de su inicio sale a la izquierda una senda que sube hala la cima meridional de las Agujas. La senda sube por la vertiente oeste del monte, la opuesta al mar, con lo cual el ascenso por la mañana se realiza a la sombra, cosa que en verano se agradece.

El camino no tiene pérdida, se trata simplemente de subir, siguiendo la senda y haciendo caso a los pequeños hitos donde la misma se pierde entre las rocas. Tras un tramo de subida se alcanza un primer cerro y un colladito desde el que comienza ya la ascensión a la cumbre. La pendiente se va haciendo cada vez más fuerte, hasta que más que caminar lo que se hace es trepar. En esa zona lo hitos son la única guía para no perder la trocha. Se llega a una laja de roca lisa donde una cuerda fija facilita el paso.




Poco más arriba parece que el camino termina, pero una nueva trepa nos lleva a la base de una diaclasa de algo menos de un metro de ancho, cuyo ascenso nos hace pasar a la vertiente marina del monte. La diaclasa baja por la ladera, pero una cornisa en la parte derecha nos permite salir a unas lajas que nos llevan a la cumbre.






La vista espectacular sobre la Plana de Castellón, el Golfo de Valencia y hasta las Islas Columbretes. El esfuerzo ha merecido la pena.


La subida es fuerte pero corta, y la bajada los mismo, pero resulta casi más pesada. Además en el descenso es más fácil despistar la buena senda, lo cual tampoco es grave: todas llevan hacia abajo y hacia la carretera dónde dejamos el coche.