jueves, 29 de agosto de 2013

La Cueva de las Ventanas

Aunque tenga el nombre de cueva, en realidad la cavidad protagonista de estas notas es un abrigo. Su nombre le viene dado por su estructura, como ahora se verá.

La cavidad se encuentra situada en el valle del río Ludey, afluente del  Cazuma o Cazunta, en el término de Bicorp, a unos dos km. de la confluencia de ambos. El río forma en este tramo un pequeño cañón, cuya margen derecha es un acantilado de entre 6 y veinte metros de altura, y la izquierda una escarpada pendiente, que a tramos también se convierte en acantilado. 


El agua discurre formando una sucesión de pequeñas pozas. Es una corriente de carácter permanente (incluso en los meses de estiaje, el río está activo). Un sendero de pequeño recorrido, balizado en amarillo y blanco, discurre por el mismo cauce, pasando bajo la boca de la Cueva de las Ventanas.


El acceso a la cueva se realiza sobrepasándola unos metros y remontando a través de la espesa vegetación unos metros, por una vaguada casi paralela al río.


El conjunto de esta cueva, es un abrigo con dos grandes bocas opuestas, (sobre el río Ludey) orientadas aproximadamente a norte una de ellas, que cae a un cortado  y la otra al  sur, dando a una pequeña vaguada que baja hacia el río. Ambas bocas están separadas por poco más de 5 metros.



La cavidad está dividida por dos pilares naturales que forman a modo de tres ventanas, lo cual sin duda está en el origen del nombre de la cueva.


Por el lado del río, la cueva da a un cortado de unos ocho metros, que la convierte en una especie de balcón sobre el cauce. Tanto por esta parte  como por la otra, un muro de cierre de mampostería irregular denota su antiguo uso como corraliza. Sin embargo debe hacer tiempo que se abandonó ese tipo de utilización, pues los pocos restos de excrementos que hay son más debidos animales silvestres que ocasionalmente acceden al abrigo que a la presencia regular de ganado.


Los techos oscilan entre los más de dos metros de altura en la ‘ventanas’ laterales y los 0.80 metros en la ‘ventana’ central.


Por el lado del río, el suelo ha sido rellenado para formar una superficie plana y está recubierto con una especie de pavimento formado por una serie de losas de piedra planas.


Y para completar la información que se tenga una mejor idea de cómo es el abrigo, nada mejor que la topografía, en la que la mano de Toni Fornes se nota una vez más.






miércoles, 21 de agosto de 2013

Flamborough Head

La costa éste de Inglaterra se caracteriza en amplias zonas por sus blancos acantilados, formados por estratos de roca sedimentaria, de los cuales los más famosos, pero no los únicos, son los de Dover.



Más al norte, en el cabo conocido como Flamborough Head, nuevamente son blancos esos acantilados. La punta de Flamborough está en la costa de Yorkshire, al sur de Scarborough y Filey. En ella el mar del Norte demuestra su fuerza excavando una costa recortada, llena de entrantes, ensenadas y cuevas, y poblada por miles de bulliciosas gaviotas.

El faro situado en esta punta sirve de advertencia a los navegantes de los peligros de la costa, aunque hoy en día ya no sea el medio principal por el que los buques se orientan.


Como por una casualidad, justo al lado del faro, me encontré con un fenómeno parecido al tratado en el post anterior: una cueva de costa, que hace que se forme una especie de playa interior, al entrar el mar a través de ella. Esta es poco accesible y menos grata que la de Gulpiyuri, pero en todo caso resulta bien interesante, al menos para los amantes de la naturaleza.




La foto que se adjunta del interior de la cueva es de Keith Bentham, y procede de Google Earth, pues por limitaciones de tiempo no pudimos bajar, aunque desde arriba se apreciaba la claridad que anunciaba la otra boca, no visible, de la cueva. Esta foto está tomada desde el lado del mar, y el resto de vistas son desde el lado de tierra.


Un poco más al sur en fenómeno se ha repetido, pero el avance de la erosión ha llegado a desmantelar por completo la costa, quedando a penas un arco natural como testigo de la antigua cueva.


En esta zona las gaviotas son muy abundantes, habiendo establecido sus nidos en las pequeñas repisas que los estratos horizontales forman en el acantilado. En las fotos se aprecia lo exiguo de sus refugios y la cantidad de ellos que hay.


Un poco más al norte, en Thornwick Bay, hay otra zona de costa con abundantes cuevas, parcialmente accesibles en marea baja, y con mar calmado. En todo caso, cuidado... ¡esto es el mar del Norte!, y hay que ir equipado para poder soportar sus cálidas aguas.





martes, 6 de agosto de 2013

La playa de Gulpiyuri

Cerca del límite entre Asturias y Cantabria, en la localidad de Nave, junto a Llanes, existe una playa que pertenece a un tipo un tanto especial: las playas de interior. Y a pesar del nombre no tiene nada que ver con las playas fluviales, situadas a la orilla de ríos o embalses, en lugares donde, como dice la canción, el mar no se puede concebir.


Se trata de un fenómeno curioso e interesante, relacionado con la espeleo y con los fenómenos kársticos. En las zonas calizas el agua disuelve el terreno y en ocasiones se forman cuencas cerradas denominadas 'dolina' (palabra en serbio que significa simplemente 'valle'). Estas dolinas son formas de absorción, es decir por ellas sume el agua de lluvia encaminándose hacia conductos subterráneos, en ocasiones visitables en forma de cuevas y simas. Cuando una de estas dolinas está muy cerca del mar, puede ocurrir que éste penetre a través de esos conductos que un tiempo fueron de salida de aguas de lluvia, e inunde el fondo de la dolina.


Eso es exactamente la playa de Gulpiyuri: una dolina separada del mar por un morro calizo, atravesado por una cueva por la que el mar alimenta una playa aislada en medio de los prados. Cuando la marea está baja, es casi todo arena lo que se ve, y en el fondo, entre rocas el mar llega en cada ola rezumando espuma a través del cueva de comunicación. En marea alta, la playa luce en todo su esplendor, y la galería de comunicación prácticamente desaparece bajo el agua.


Pienso que la cueva de comunicación no está explorada, ni siquiera creo que sea una buena idea hacerlo, pues la roca, muy abrasiva por efecto de la erosión y el movimiento de las olas lo harían extremadamente peligroso. Si se recorre por superficie el morro calizo que separa la playa de la línea de costa, varios pozos (como el de la siguiente imagen), por alguno de los cuales se ve circular el agua unos 15 metros más abajo, son testigos de esa comunicación. Justo en el acantilado se aprecia la fractura que seguramente sirve de base a las galerías de comunicación.