jueves, 21 de agosto de 2008

Opus Romanorum - Chelva

Teniendo en cuenta que tras la caída del Imperio Romano, o como mucho tras la caída de Constantinopla, no ha habido nada interesante en la historia, se comprenderá que los restos romanos son siempre interesantes. Si además esos restos están en plena montaña, en una naturaleza todo lo salvaje que por aquí podemos encontrar, pues ya ni hablamos.

Se trata en este caso del Acueducto de la Peña Cortada, entre Chelva y Calles (Valencia). Los restos cubren un trayecto de varios kilómetros, pero muchos de ellos tienen poca entidad y pasan desapercibidos excepto para los expertos, y como no lo somos... pues hablaremos de lo que casi todo el mundo ve... y de alguna otra cosilla.

Se accede a la zona desde Chelva, tomando la carretera que va hacia el Santuario del Remedio, pasando la plaza de toros, y siguiendo las indicaciones hacia propia Peña Cortada (ya casi no tiene gracia ir a muchos sitios, de tan fácil como lo están poniendo).

Tras una bajada muy pronunciada, en coche, alcanzamos el lecho de un valle, de fondo bastante llano. Unos cientos de metros más adelante encontramos el primer gran resto romano: Dos grandes pilastras unidas por un arco, parte de la arquería de un acueducto. Sólo parte, una pena. El resto de la arquería ha desaparecido, hace mucho, y ningún resto se precia en el lecho del valle o en la pared de enfrente del valle. Parece que junto al arco más cercano a la ladera, se encuentran los restos de un depósito de regulación (castellum aquae).


Siguiendo valle adelante (valle abajo), se llega a un bosquecillo donde dejamos los coches. Trepando por la ladera izquierda llegamos a alcanzar el nivel horizontal del canal, que seguiremos casi todo el resto del camino.

Desde el principio el camino circula por la propia caja (specus) del canal. Tras unas cuantas curvas, después de pasar un pequeño estrecho, nos tropezamos de repente con lo que es la imagen prototipo de un acueducto. Esbelto, sobrio, sillares bien escuadrados... auténtica obra de romanos 100%.



Lo cruzamos con un puntito de vértigo y llegamos a la zona que nos hace comprender por qué se le llama Acueducto de la "Peña Cortada".


Para atravesar la montaña, como complemento a un túnel, se excavó una gran entalladura en el cerro. Con un metro de ancho, más o menos, y una altura de unos veinte, la cortadura es espectacular. Tendrá unos 50 metros de largo, y en la zona central los ingenieros romanos dejaron una parte sin excavar que hiciera de soporte y diera estabilidad el conjunto, excavando un túnel para permitir el paso del agua.

Tras cruzar la cortadura el canal comienza un tramo tan espectacular como el anterior, sobre todo para los amantes de lo subterráneo. Una serie de túneles van recorriendo la ladera. Al comienzo de esta zona, nada más salir de la cortadura, el canal está soportado por unos sillares que se ven mejor desde fuera que desde el propio canal.

Los túneles muestran varias detalles curiosos, que no todos aprecian. Vamos a ayudar un poco a hacerlo.

A poco de comenzar el primero, el túnel hace un extraño ángulo, como una S. No es capricho, ni necesidad... es error. En concreto un error de dirección. Los túneles se excavaban desde los dos extremos a la vez guiándose por instrumentos de medida y, cuando ya estaban cerca, por el sonido. En ese punto cuando se estaban acercando los grupos de trabajo, notaron que el sonido en vez de venir de enfrente (signo de que estaban bien orientados) les iba quedando ladeado, cambiaron bruscamente la dirección de la excavación... y quedó la S que se observa en el trazado.

Podemos ver el sentido en que se excavó la galería por las señales que sus herramientas dejaron en la pared, formando un arco en la dirección de avance. Además, como entonces (igual que ahora) la mayor parte de la gente era diestra, e la pared izquierda en sentido de avance vemos unos pequeños nichos, donde se colocaba la lampara de aceite. Están a la izquierda para que el trabajador no se haga sombra a sí mismo mientras excava.

Otro detalle interesante se relaciona con esa forma de excavación que hemos comentado, consistente en avanzar desde los dos extremos del tunel a la vez. En realidad los romanos lo que hacian era dividir los tuneles en secciones "pequeñas", construir un acceso en esos puntos y depues excavar en las dos direcciones desde ese acceso. Cuando el túnel es largo se excavaban unos pozos de acceso y ventilación (putei) de la produndidad adecuada y desde la base de ese pozo se excavaba en ambas direcciones: aguas arriba y aguas abajo, buscando conectar con las galerías que se estaban axcavando desde los putei proximos. Con ello se hacía el trabajo más soportable, al desarrollarse en tuneles mejor ventilados, y además se podía trabajar más rápido pues habían muchos frentes de excavación abiertos simultáneamente.

En este acueducto no se han localizado putei tipo pozo, pero si que hay ventanas que hacen el mismo papel: airear y permitir la excavación simultánea desde varios puntos. En algún lugar la ventana se abre al acantilado... y entonces ¿cómo llegaban allí para empezar la excavación? Bueno, pues en al menos un caso tallaron en la pared un camino para llegar al punto deseado. Pero por economía de esfuerzo no tallaron un camino completo sino únicamente la secuencia de 'huellas' para los pies, que uno tras otro nos llevan a la ventana. La foto lo recoge perfectamente. Un sendero de huellas: mínimo esfuerzo para el mismo resultado.


continúa...)

lunes, 11 de agosto de 2008

Sobre la Valldigna

Hace muchos años ví un sendero que de forma instintiva me atrajo. Bien trazado, con unas lazadas equilibradas, ascendía por la última vaguada de la "pared" sur de la Valldigna. Al principio había allí, en la base de la vaguada, un vertedero de basuras que desanimaba al más animoso a la hora de plantearse recorrerlo. Con los años ese vertedero se clausuró, y ya sólo era cuestión de tiempo que le llegara su momento. Y por fin le llegó. La foto adjunta muestra la vista area del sendero (ICV).

A ese atractivo se juntaba que según el mapa topográfico, en la parte de arriba de ese último contrafuerte que baja desde el Monduber, existía una cuenca cerrada.

Bueno, pues para arriba. El camino era tan agradable como se veía desde abajo. Arranca detrás de una gran construcción metálica, totalmente oxidada, que debió ser el crematorio de las basuras.

Las pendientes logradas mediante las sucesivas lazadas lo hacen muy asequible, y casi sin darse cuenta uno se encuentra en lo alto de cerro. Por el camino, ya en la zona llana que hay en lo alto, me encontré con un paisano que había ido a recoger setas o espárragos (no recuerdo), y me comentó que el camino era llamado "el camí de la vall", pero durante mucho tiempo no he tenido más referencias al respecto. Hace poco, mirando el mapa IGN hoja 770, edición 1938 (me pregunto a santo de qué me pongo a mirar esos planos) encontré representado ese sendero, con el nombre de "Camino de Lereo".




En lo alto, efectivamente esiste una cuenca cerrada, bastante grande, quizas unos 500 metros de diámetro, tal vez elíptica con uno de los ejes de casi 800 metros. No es muy profunda respeto a lo que la rodea, pero indudablemente es una dolina o más bien un poljé muy interesante. La zona del ponor (el sumidero) estaba muy cubierta de vegetación y no la pude mirar con detalle, aunque supongo que no habrá nada practicable. En la cartografía del ICV figura como Pla de les Foies, pero el sendero no aparece reflejado.

Unos campos de cultivo (almendros, algarrobos,...) y unas casetas medio abandonadas completan el paisaje de la dolina.

Si nos asomamos al reborde este de la dolina nos damos cuenta de que a partir de aqui no hay nada: la montaña es el último cerro antes de los campos de naranjos que llegan hasta el mar (o hasta los apartamentos, snif), ocupando la llanura costera, en la que aún se distinguen algunos aiguamolls (zonas de marisma) perdidos entre los naranjos.

Bajo el acantilado la autopista, la zona de servicio de la Safor, el bullicio del tráfico. Arriba la tranquilidad más absoluta. A nuestra espalda, el Monduber domina el paisaje ejerciendo un efecto de llamada: la senda parece seguir en dirección a él.

Mirando un poco hacia el noreste, vemos en primer lugar la montaña de Cullera, como una isla en medio de la llanura costera (y probablemente lo fue en algún tiempo), el golfo de Valencia curvándose hacia el NE, y el horizonte, a penas distinguible en medio de la bruma, pero inconfundible, el Penyagolosa. Tela la de kilómetros que hay hasta allí, y eso que la visibilidaad no era perfecta (la siguiente foto es un fragmento de lo de arriba, un poco toqueteada en cuanto a balance y contraste para que se vea el Peñagolosa)


Por el sur, mucho más proximo el Montgó, marca el mágico límite sur del Golfo de Valencia.


Solo esta vista de la costa ha merecido el esfuerzo de subir. Bueno, eso y el haber cumplido un sueño de muchos años. Un sueño sencillo y muy de casa, pero sueño al fin.