lunes, 11 de agosto de 2008

Sobre la Valldigna

Hace muchos años ví un sendero que de forma instintiva me atrajo. Bien trazado, con unas lazadas equilibradas, ascendía por la última vaguada de la "pared" sur de la Valldigna. Al principio había allí, en la base de la vaguada, un vertedero de basuras que desanimaba al más animoso a la hora de plantearse recorrerlo. Con los años ese vertedero se clausuró, y ya sólo era cuestión de tiempo que le llegara su momento. Y por fin le llegó. La foto adjunta muestra la vista area del sendero (ICV).

A ese atractivo se juntaba que según el mapa topográfico, en la parte de arriba de ese último contrafuerte que baja desde el Monduber, existía una cuenca cerrada.

Bueno, pues para arriba. El camino era tan agradable como se veía desde abajo. Arranca detrás de una gran construcción metálica, totalmente oxidada, que debió ser el crematorio de las basuras.

Las pendientes logradas mediante las sucesivas lazadas lo hacen muy asequible, y casi sin darse cuenta uno se encuentra en lo alto de cerro. Por el camino, ya en la zona llana que hay en lo alto, me encontré con un paisano que había ido a recoger setas o espárragos (no recuerdo), y me comentó que el camino era llamado "el camí de la vall", pero durante mucho tiempo no he tenido más referencias al respecto. Hace poco, mirando el mapa IGN hoja 770, edición 1938 (me pregunto a santo de qué me pongo a mirar esos planos) encontré representado ese sendero, con el nombre de "Camino de Lereo".




En lo alto, efectivamente esiste una cuenca cerrada, bastante grande, quizas unos 500 metros de diámetro, tal vez elíptica con uno de los ejes de casi 800 metros. No es muy profunda respeto a lo que la rodea, pero indudablemente es una dolina o más bien un poljé muy interesante. La zona del ponor (el sumidero) estaba muy cubierta de vegetación y no la pude mirar con detalle, aunque supongo que no habrá nada practicable. En la cartografía del ICV figura como Pla de les Foies, pero el sendero no aparece reflejado.

Unos campos de cultivo (almendros, algarrobos,...) y unas casetas medio abandonadas completan el paisaje de la dolina.

Si nos asomamos al reborde este de la dolina nos damos cuenta de que a partir de aqui no hay nada: la montaña es el último cerro antes de los campos de naranjos que llegan hasta el mar (o hasta los apartamentos, snif), ocupando la llanura costera, en la que aún se distinguen algunos aiguamolls (zonas de marisma) perdidos entre los naranjos.

Bajo el acantilado la autopista, la zona de servicio de la Safor, el bullicio del tráfico. Arriba la tranquilidad más absoluta. A nuestra espalda, el Monduber domina el paisaje ejerciendo un efecto de llamada: la senda parece seguir en dirección a él.

Mirando un poco hacia el noreste, vemos en primer lugar la montaña de Cullera, como una isla en medio de la llanura costera (y probablemente lo fue en algún tiempo), el golfo de Valencia curvándose hacia el NE, y el horizonte, a penas distinguible en medio de la bruma, pero inconfundible, el Penyagolosa. Tela la de kilómetros que hay hasta allí, y eso que la visibilidaad no era perfecta (la siguiente foto es un fragmento de lo de arriba, un poco toqueteada en cuanto a balance y contraste para que se vea el Peñagolosa)


Por el sur, mucho más proximo el Montgó, marca el mágico límite sur del Golfo de Valencia.


Solo esta vista de la costa ha merecido el esfuerzo de subir. Bueno, eso y el haber cumplido un sueño de muchos años. Un sueño sencillo y muy de casa, pero sueño al fin.

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