lunes, 26 de abril de 2010

Las calas del Cabo de Gata

La costa del Parque Natural de Cabo de Gata (Almería) es una sucesión de playas y acantilados que definen unos paisajes de una gran belleza. Algunas de las playas se encuentran en bahías más o menos abiertas, pero las que, para mí, le dan más encanto y atractivo al Parque son la que se encuentran calas, alejadas de los caminos para vehículo y que hacen bueno el eslogan de "el monte para quien lo pisa", o en su vertiente marinera "la playa para el se la patea".

Del amplio muestrario de calas de todos los tamaños que hay a lo largo de los muchos kilómetros de costa del Parque, voy a hablar aquí de las que hay entre la Playa de los Genoveses y la Playa de Monsul, que definen una ruta deliciosa, entre las áridas montañas y el mar Mediterráneo.

Un aparcamiento en cada extremo hace que la ruta pueda ser de un sólo sentido si tenemos dos coches, y si no es una ruta circular, como aquí se presenta.


Desde el aparcamiento de la Playa de los Genoveses, salimos atravesando pequeñas dunas y alguna lagunilla, a la misma playa. Tomamos hacia la derecha (dirección más o menos S) por la misma orilla hasta que la playa casi se termina. Por la ladera se ve claramente el arranque de un sendero que seguiremos a lo largo de toda la costa y en el que no deberíamos perdernos.

Playa de los Genoveses

Un primera bifurcación, nada mas empezar nos permite subir el Morrón de los Genoveses si tomamos hacia la izquierda o bien seguir la ruta hacia la derecha. Desde el Morrón, pero también desde el mismo sendero la vista de la bahía que forma la playa de los Genoveses es hermosa.

Cala Amarilla y Morrón de los Genoveses

Si seguimos el camino comenzamos por pasar sobre la Cala Amarilla, a la que se puede bajar por un empinado sendero, y después pasaremos sobre la Cala Chica. Al alcanzar un collado el camino se bifurca de nuevo. La ramal de la izquierda va sobre el mismo acantilado, más aéreo, y el de la de derecha sube un poco más y rodea el cerro, pero ambos convergen sobre la Cala Grande.

La Cala Grande

Deberemos ahora bajar hasta la playa. Comienza aquí el tramo que, para mí, es más espectacular. Nuestro camino sigue ahora junto al mar, por la base de los acantilados, enlazando varias calas con sus espectaculares playas: la Cala Grande, la Cala del Barranco y la Cala del Lance del Perro. Las formas volcánicas, las coladas y columnatas de basalto negro jalonan el camino sirviendo de contrapunto a la blanca espuma de las olas.

Una columnata de basalto

Entre los acantilados y el mar, cerca de la cala del Barranco

Me imagino que cuando el mar esté fuerte no se podrá pasar, pero en condiciones normales es una experiencia a no perderse.

Al final de la última cala, debemos de nuevo ascender monte arriba pues una última colada de lava bloquea la continuación por la orilla. Nuevamente un colladito nos da la opción de seguir pegados al acantilado, con vistas más aéreas, o rodear adentrandonos un poco hacia el interior. En ambos casos venimos a salir sobre la Cala del Barronal, a la que deberemos bajar.

Si las fuerzas flaquean, desde aquí se puede salir ya a la pista de vehículos y a un pequeño aparcamiento, pero también se puede seguir, remontando el último cerro que nos separa de la Playa de Monsul, destino de nuestra ruta.

Llegando a la Playa de Monsul

En este ultimo tramo bordeamos la gran duna de Monsul-Barronal sin adentrarnos en ella (está protegida) y accedemos desde lo alto al extremo E de la playa de Monsul. Ésta es famosa no sólo por su belleza, sino porque en ella se han filmado escenas de alguna conocidas películas. La más famosa "Indiana Jones y la última Cruzada". En concreto se filmó aquí la escena en que el padre de Indiana, interpretado por Sean Conery, hace que un avión alemán se estrelle espantando unas gaviotas, al tiempo que cita un pasaje de la Biblia.

La Playa y Ensenada de Monsul

Si el clima lo permite, el baño en la playa es una buena recompensa, aunque después de las recónditas calas que hemos atravesado esta se nos antoja "llena de gente".

Desde aquí podemos hacer el regreso saliendo a la pista para vehículos que llega al aparcamiento, y caminando hasta la playa de los Genoveses. Poco más de media hora de caminata basta para este regreso.

En total unas tres horas y media, dependiendo de lo que hayamos querido parar a disfrutar de los paisajes que esta ruta tan especial nos ha brindado.


Para redondear el día, en San José hay numerosos restaurantes donde comer y reponer fuerzas. A nosotros nos fue muy bien en el que se llama El Emigrante: Pescado fresco y delicioso.

domingo, 25 de abril de 2010

La caldera de Majada Redonda

En el Parque natural del Cabo de Gata, existen algunas zonas de vulcanismo antiguo. Entre ellas destaca la  caldera volcánica de Majada Redonda.

Visitarla no tiene ningún misterio, siendo una excursión fácil y cómoda, simepre que no cometamos el error de ir en épocas de mucho calor.

Desde el caserío de Presillas Bajas el sendero, señalizado, remonta una rambla que nos lleva hasta la caldera. La rambla se curva en una serie de meandros que pueden evitarse (algunos) por senderillos que acortan la curva, y además ayudan a que el camino no sea tan monótono.


Se pasa junto a las ruinas de un cortijo (que queda a nuestra izquierda) y poco después el camino se bifurca. A la izquierda sigue un ramal de la rambla que sube hacia el caserío de Presillas Altas, a la derecha comienza a entrar en la caldera, a través del barranco que la erosión ha abierto como desagüe de la caldera.


A los pocos metros nos encontramos la sorpresa de los restos de un coche (un Renault 8 o un Seat 131, tal vez) que medio enterrado en piedras se halla en el fondo de la rambla. Cómo ha llegado hasta aquí es un pequeño misterio. El seco clima ha hecho que se conserve bien, aunque resulta evidente que lleva años en ese lugar.

Poco más adelante el barranco se abre y nos encontramos ya francamente dentro de la Caldera. A todo nuestro alrededor los altos picos nos ayudan a evocar el aspecto que en algún tiempo debió tener.


Si hasta llegar aquí no hemos visto casi ningún terreno cultivado, el en interior de la caldera hay algunos campos (abandonados) dónde en tiempos se cultivaba trigo y algunos almendros. Ello se debe a que la topografía de la caldera hace que la escasa lluvia que cae en la zona se "concentre" en el fondo de la misma, produciendo un grado de humedad superior al del entorno (sin que sea mucho).

El regreso se hace por la misma ruta, y el tiempo de ir y volver apenas supera las dos horas.