domingo, 18 de diciembre de 2011

La Cueva del Escalón

La zona del valle del Asón, en Cantabria, es un paraíso para los espeleólogos y para los amantes de la montaña y la naturaleza.

Grandes cuevas, con recorridos superiores a los veinte kilómetros y desniveles rondando los mil metros perforan el macizo de Porracolina y San Vicente, y nombres como Cueto, Coventosa, Cañuela o Cueva Fresca hablan de grandes y espectaculares recorridos subterráneos.



Pero obviamente, si hay grandes cuevas también las hay pequeñas y medianas. Y precisamente es de una de las medianas de las que voy a hablar aquí. Es la cueva del Escalón, una cavidad de algo más de un kilómetro de desarrollo, y con una historia que la relaciona con el sistema Cueto-Coventosa. 



La cueva se sitúa a unos quince minutos de la boca de Coventosa, siguiendo por el mismo sendero en dirección a Socueva y Arredondo. Su boca está unos veinte metros sobre el punto más alto del camino, resultando difícil de ver hasta que se está prácticamente en ella. El porche de entrada tiene un aire que recuerda a la cercana boca de Coventosa, pero rápidamente el aspecto de cavidad cambia.


Una gran rampa descendente da acceso a una amplia galería, a tramos con forma de cañón, de unos veinte metros de ancho y hasta cuarenta, y en algunos sitios seguramente más, de alto. Grandes cúmulos de formaciones y algún caos de grandes bloques desprendidos del techo interrumpen de cuando en cuando el paso, añadiendo una pizca de emoción al recorrido.




Como a unos 300 m de la boca un nuevo caos de bloques cierra el paso, y una cuerda de nudos situada en la parte derecha del cañón nos permite superar una trepa.



Un cuerda baja desde el techo de la cavidad, permitiendo el acceso a unas galerías superiores. De todos modos, unos siete metros sobre el suelo, la cuerda tiene una flor (un desgarro)  que le quita a uno las ganas de subir. Tras descender por el otro lado del derrumbe se llega al extremo de un lago (que en ocasiones se seca), poco después de cuyo final está el de la cavidad.


La cavidad es parte de un nivel antiguo del sistema Cueto-Coventosa, y además no es la única, pues más arriba en la ladera, la cueva del Falso Escalón es otra gran galería, nivel aún más antiguo del sistema. Varios niveles se escalonan, mostrando la larga historia del sistema, vieja de muchos miles de años, tanto que algunos de sus niveles más recientes fueron obstruidos por la última glaciación. En algunas cuevas, la progresión está obstruida a poco de la entrada por las morrenas de fondo de los glaciares.


Definitivamente, esta zona no deja de asombrar y cada vez que se viene, se desea más regresar.

domingo, 6 de noviembre de 2011

La Cueva del Murciélago (Altura)

Altura (Castellón) es una población muy conocida por la Cueva Santa, santuario dedicado a la Virgen del mismo nombre y lugar de numerosas romerías y peregrinaciones desde muchas localidades de Castellón y Valencia (y por otro lado cavidad muy interesante).


Sin embargo no es la única cavidad de Altura. No hay grandes cuevas o simas, pero si algunas interesantes, como esta cueva del Murciélago de la que se habla aquí.


Esta cueva está cerca del paraje llamado de Los Pajaritos. Está formada por un gran salón en cuyo fondo los desprendimientos del techo han formado una salitas, que en realidad son partes del mismo salón.


Las formaciones tienen un gran desarrollo y son muy vistosas, dándole a la cueva un carácter especial.




En algunas formaciones, como en la columna de la foto anterior, se aprecia un proceso de subsidencia (hundimiento-deslizamiento del suelo) que las ha partido y desplazado ligeramente en horizontal. Algunas formaciones están deterioradas por visitantes faltos de respeto, otras muestran procesos de descalcificación bastante avanzados, pero pese a todo el contraste que dan con la fuerte luz que entra por la boca crea imágenes dignas de recordar.


Y para redondear el paseo, la buena compañía de Toni Fornes y Pepe Donat.

viernes, 14 de octubre de 2011

La cueva del Tortero (Tous)

Esta cavidad es menos conocidas que otras cuevas clásicas de la región, seguramente por su pequeño desarrollo. Sin embargo siempre ha tenido una cierta fama por sus formaciones.

Situada cerca de la cueva del Candil, en uno de los barrancos del altiplano de Tous, es una cueva cuyo aspecto actual no es el que tuvo hasta hace unos cuarenta años. Originalmente tenía una boca pequeña y una galería descendente que llegaba hasta las salas ricas en formaciones.


En aquellos años, alguien pensó que las coladas y formaciones eran algún mineral valioso, tal vez mármol, y tras construir una camino especialmente para acceder a la cueva, abrió a barrenazo limpio una galería tamaño camión, de unos veinte metros de longitud.


Milagrosamente los trabajos se detuvieron frente a una gran cortina de formaciones, y la mayor parte de la cavidad se salvó. ¿Qué pasó?, tal vez cuando vendió su primer producto se encontró con que no valía tanto o a lo mejor no era rentable. O tal vez la Virgen de la Cueva Santa, patrona de los espeleólogos, escuchó alguna oración e hizo el apaño.


El resultado es que ahora una pista medio abandonada nos lleva hasta la gran boca de la cavidad. Ha sido corraliza de ganado, ha albergado colmenas, ya ahora está tranquila, afeada por unos restos de construcción.


Tras atravesar la cortina de columnas, estalactitas y estalagmitas, accedemos a una serie de salas muy ricas en formaciones, descendiendo por unas coladas.


Muchas formaciones están rotas, tal vez por las explosiones de los barrenos o por el incivismo del personal, pero pese a todo es una gozada. Las fotos lo muestran, así que tampoco hace falta comentar demasiado.




Un cosa más. Al igual que la vecina cueva del Candil, también ésta está mal señalizada. La siguiente es una foto de la presunta cueva del Tortero. Desde luego los que hicieron ese trabajo se lucieron. La cueva verdadera está a unos 400 metros al noreste de la falsa.


Aquí esta el plano original de la cavidad, y el plano actualizado. El original es del amigo Toni Fornes, y el nuevo, pues está hecho a medias.





domingo, 4 de septiembre de 2011

Cueva de Cerdaña: La visita de Ramón y Cajal.

En el artículo sobre la cueva de Cerdaña de hace un mes, más o menos, hablaba de la visita que realizó a esa cueva el premio Nobel de Medicina don Santiago Ramón y Cajal. No es que eso sea un hecho trascendental para la espeleología española o valenciana, pero con los pocos premios nobel que tenemos y con la poca atención que la espéleo despierta (salvo cuando hay algún accidente), merece la pena comentar el hecho. Además, prometía allí que en cuanto localizara la foto de la visita la pondría, así que toca cumplir esa promesa.


La fecha de la visita no la tengo identificada. Por ahí, en diversas páginas web, se limitan a decir que la visita tuvo lugar a finales del siglo XIX. Revisando la biografía de Ramón y Cajal, podemos comprobar que fue catedrático de Anatomía en la Facultad de Medicina de Valencia desde 1883 (en que ganó la cátedra) hasta 1887, en que se traslado a Barcelona al ganar allí otra cátedra. Parece razonable pensar que fue en este periodo 1883-1887 cuando realizó la famosa visita a la cueva de Cerdaña. En todo caso es sólo una conjetura.

Como complemento a la anterior foto de D. Santiago, incluyo a continuación otras fotos de la misma cavidad presentes también en la Geografía General del Reino de Valencia, tomo de la Provincia de Castellón.


La obra fue dirigida por D. Francisco Carreras y Candi, y el tomo de Castellón realizado por D. Carlos Sarthou Carreres.




martes, 23 de agosto de 2011

Chamonix: El Pequeño Balcón Sur

A diferencia del Gran Balcón Norte, esta ruta se queda más al nivel de agradable paseo, pero no por ello hay que menospreciarla.

Este es un sendero que recorre el lado sur del valle de Chamonix a media altura, a unos trescientos metros sobre el mismo. El camino va por el bosque alpino que cubre casi toda la ladera hasta unos dos mil metros de altura. Ello hace que en muchos tramos no tengamos apenas visibilidad sobre el valle, pero cuando el bosque clarea, las vistas hacia el macizo del Mont Blanc y el Glaciar de Bossons son un placer.


El camino arranca de la zona de Les Moussoux, y cuando la calle de este nombre termina, se convierte en sendero que penetra en el bosque. El sendero va ascendiendo, metido entre la densa vegetación. Algún desvío hacia la izquierda se dirige hacia el lago y zona de escalada de Les Gaillands, abajo en el valle. Casi al final, frente al glaciar de Bossons, un claro del bosque no regala unas vistas privilegiadas del mismo. 


Sentarse a disfrutar de la vista, dejar que la mirada recorra el glaciar, ascendiendo hacia las grandes cimas del Mont Blanc es algo que, al menos a mí, no llega a cansar nunca.


Poco antes de ese punto, al camino da una lazada y comienza un retroceso que nos lleva, por un camino de las mismas características hasta la estación del teleférico de Plangraz y Brevent.

Una de las cosas más llamativas de este camino es la vegetación que nos vamos encontrando. Aunque no es nuestra afición, uno no puede dejar de admirar la variedad de setas y flores que tiene este bosque. Aquí va un mosaico con las que vimos.


Este camino no tiene premio gastronómico, no nos lo hemos ganado. Pero una cervecita siempre se puede justificar.

domingo, 21 de agosto de 2011

Chamonix: La Aiguille du Midi y el Gran Balcón Norte

Si hay un lugar en el mundo que suena a alpinismo y a montaña ese es Chamonix, sin desmerecer a otros (como Zermatt, por ejemplo).

Rutas y escaladas desde Chamonix las hay a decenas, sin duda, pero como uno no puede hacerlas todas, por desgracia, se queda sólo con lo que ha podido disfrutar de ese paraíso. Así voy a comentar dos rutas, las que se conocen como el Gran Balcón Norte y el Pequeño Balcón Sur (los nombres no se los he puesto yo).

La Aiguille du Midi al atardecer

El término del balcón hace referencia a que se trata de senderos panorámicos que bordean el valle de Chamonix, uno por el lado norte del mismo y el otro por el lado sur. Lo de “Gran” y “Pequeño” habla de la altura a la que el sendero está sobre el valle: el Gran Balcón está algo más de mil doscientos metros sobre el valle y el Pequeño Balcón a unos trescientos metros solamente.

El Gran Balcón Norte es pues una ruta que bordea el valle a unos 2200 metros de altura por el lado norte, pagado al macizo del Mont Blanc. La ruta comienza en el Plan de L’Aiguille, estación intermedia del teleférico de la Aiguille du Midi, y termina en la estación de Montenvers, sobre el gran glaciar de la Mer de Glace. El camino no tiene mayores dificultades, teniendo en cuenta que se trata de un recorrido de media montaña, con lo cual el sol (duro en un día despejado) y los cambios de tiempo deben ser tenidos en cuenta. Además casi todo el camino discurre por encima de la línea de bosque, así que de sombra, nada de nada.

La excursión comienza con la subida en teleférico a la Aiguille du Midi. En dos etapas, el teleférico nos lleva  de los mil metros de altura del valle a los dos mil trescientos de la estación intermedia del Plan de la Aiguille, y desde aquí a los 3777 de la estación de la Aiguille. Ya en esta, una seria de miradores nos permiten tener unas visiones espectaculares del valle de Chamonix, de la Vallée Blanche y el Glacier du Geant, y del mismísimo Mont Blanc. 

El Mont Blanc desde la Aiguille du Midi. 
(Ampliando la imagen se aprecian las cordadas subiendo por la nieve  hacia la cima)

Un ascensor interior nos sube hasta la terraza superior, a 3842 metros… y ahí ya es el acabóse de vistas espectaculares. ¿Para qué contarlo?, es mejor poner alguna foto y animar a todo el que ame la montaña a que vaya y lo vea por sí mismo.

El descenso desde la Aiguille hacia Plan. El Lac Bleu y Chamonix al fondo


Para continuar la excursión, debemos descender por el mismo teleférico, pero sólo hasta la estación intermedia. Antes de empezar el recorrido del Balcón Norte, podemos hacer un acercamiento al Glaciar de Pelerins, tomando un sendero que indica Les Glaciers, y que nos lleva hacia la base del las paredes de la Aiguille du Midi.

De nuevo en la estación del teleférico, el camino desciende al restaurante del Plan de L’Aiguille, desde donde comienza a “llanear” hacia el NE. Y lo de llanear es un decir, pues la ruta va siguiendo el perfil de la ladera, por debajo de las Agujas de Chamonix y de los neveros, y a penas hay un tramo realmente horizontal. De todos modos son subidas y bajadas suaves. A poco de comenzar el camino atraviesa un par de arroyos de aguas frías y transparentes, procedentes del deshielo, que son los únicos puntos con agua en todo el camino.

El Glaciar de Pelerins. A la derecha arriba la Aiguille de Midi, con los cables del Teleférico.

Al cabo de algo más de una hora de ese llaneo, se llega a una bifurcación. Un camino baja hacia Chamonix, y aunque resulte tentador cortar por lo sano y tirar para abajo (en un día de calor daban ganas de hacerlo), es mejor pensárselo dos veces, pues son más de mil metros de bajada. 


Seguimos pues adelante, y como en media hora se llega a una nueva bifurcación (ambas están señalizadas). Un sendero sube mediante una serie de lazadas ganando unos ciento cincuenta metros de altura hacia la Signal de Forbes, una especie de gran hito o punto de referencia a 2200 metros de altura, para desde allí descender a la estación de Montenvers. El otro comienza llaneando pero va perdiendo altura para ir directamente a la misma estación de Montenvers. Si hay prisa o se está cansado la segunda opción es la recomendable, pero renuncia uno a las vistas sobre el glaciar de la Mer de Glace que nos da el primer camino. De todos modos lo del tiempo es un poco relativo, pues según el poste de señalización cuesta lo mismo llegar a Montenvers por un camino que por el otro.


Tomando el que sube, y superadas las lazadas, el camino sigue ganando altura sobre el valle de Chamonix, hasta el punto en que gira ya francamente para meterse sobre el glaciar. La primera vista puede ser un poco decepcionante, pues a penas se ve un trozo del glaciar, y además este está en sus partes laterales cubierto de rocas y piedras caídas de las laderas, dando la impresión de que es un valle de suelo pedregoso en lugar de un glaciar. Unos cientos de metros más adelante la visión se va haciendo más espectacular, y al acercarnos comprobamos que bajo esos cascotes la enorme masa de hielo discurre valle abajo.


La bajada hasta la estación es pesada, pues en muy poco recorrido se descienden más de cuatrocientos metros de desnivel, pero las vistas que cada revuelta del camino nos da sobre la Mer de Glace van compensando el esfuerzo.

Finalmente, la estación de Montenvers, bulliciosa y llena de turistas, pero con puestos de maravillosas bebidas frías, marca el final de este recorrido. Para regresar a Chamonix, el tren de Montenvers es el mejor medio, pues además el tramo no usado del billete de ida y vuelta del teleférico de la Aiguille du Midi, nos sirve para bajar de regreso al valle.

Para no perder la costumbre de otros artículos de este blog, un buen complemento gastronómico, justamente ganado por el esfuerzo realizado, será una buena fondue para cenar, regada con vino de la Savoie. C’est magnifique!


miércoles, 3 de agosto de 2011

La Cueva del Candil (Tous)

Una de las cuevas clásicas de la provincia de Valencia, utilizada durante décadas por principiantes y como lugar para realizar prácticas de topografía, es la conocida Cueva del Candil, en Tous, cerca de Alberique.

Tous es uno de esos pueblos nuevos, fruto del traslado de una población como consecuencia de la construcción de un embalse. En este caso el traslado fue de pocos km, y tal vez eso ayudó a que no fuera tan traumático. En todo caso la cueva esta en el término de Tous, tanto del Tous antiguo como del Tous nuevo.

Se halla en las lomas Cotillas, frente al cerro del Castellet, llamado así por el farallón de su cumbre, que forma como un gran lienzo de muralla con dos torres flanqueándola en sus extremos. La imagen muestra la vista del Castellet desde la boca de la cueva.



La cavidad en si no tiene a penas dificultad, tanto que la mayor que se puede encontrar quién va por primera vez es la localización de la boca, en la ladera de un barranco e invisible hasta que se está en ella. Una señalización colocada recientemente no ayuda mucho, pues nos lleva a una cueva que no es la del Candil, y que está como a un km de distancia.

La cueva es el antiguo cauce de un río subterráneo, seco desde hace miles de años, que fue capturada y ‘decapitada’ por la erosión del barranco en que se halla la boca. En ocasiones podemos encontrar agua en la cavidad, pero se tratará de pequeños charcos, a veces casi lagos, que cubren su suelo de una parte de la galería, a poco de la entrada.


La boca, a la altura del techo de la cavidad, da acceso a una rampa de derrubios concrecionados sobre un salón que es probablemente el mayor de la cueva.


Una de sus características llamativas está precisamente relacionada con esos lagos mencionados, y es la presencia de numerosos y vistosos gours. Algunos son de gran desarrollo, la mayor parte son de apenas veinte cm de altura y con bordes superiores festoneados.


Otra característica es el aspecto de las paredes y techos de la cavidad. Las formas de corrosión química se superponen a las de erosión del antiguo río, y junto con una estratigrafía horizontal le confieren a las paredes un aspecto dentado muy característico. En el techo aparecen bóvedas de erosión y otras formas bastante desarrolladas.



Un último aspecto a comentar es la presencia de desplomes en varias de las salas de la zona interior de la cavidad. Grandes bloques caídos del techo forman un par de caos de bloques que hacen cambiar un poco la monotonía de la galería.


Alguna destrepa de una colada, el paso de los caos de bloques y el laminador final son las únicas dificultades que presenta esta cueva, que por lo demás es recorrida en modo paseo.


Junto con la Cueva de les Dones y la Cueva del Alto de Tous o de les Gralles, forman un conjunto de cavidades horizontales, grandes ríos subterráneos fósiles, testigos seguramente de una época geológica distinta, con unas precipitaciones mayores y un relieve muy distinto al actual.


Este es el plano de la cueva, desgraciadamente en el lugar donde lo he localizado no están los autores, aunque procede del libro de Rafa Cebrian, Montañas Valencianas II. Como se ve, la cosa no es como para perderse.