domingo, 21 de agosto de 2011

Chamonix: La Aiguille du Midi y el Gran Balcón Norte

Si hay un lugar en el mundo que suena a alpinismo y a montaña ese es Chamonix, sin desmerecer a otros (como Zermatt, por ejemplo).

Rutas y escaladas desde Chamonix las hay a decenas, sin duda, pero como uno no puede hacerlas todas, por desgracia, se queda sólo con lo que ha podido disfrutar de ese paraíso. Así voy a comentar dos rutas, las que se conocen como el Gran Balcón Norte y el Pequeño Balcón Sur (los nombres no se los he puesto yo).

La Aiguille du Midi al atardecer

El término del balcón hace referencia a que se trata de senderos panorámicos que bordean el valle de Chamonix, uno por el lado norte del mismo y el otro por el lado sur. Lo de “Gran” y “Pequeño” habla de la altura a la que el sendero está sobre el valle: el Gran Balcón está algo más de mil doscientos metros sobre el valle y el Pequeño Balcón a unos trescientos metros solamente.

El Gran Balcón Norte es pues una ruta que bordea el valle a unos 2200 metros de altura por el lado norte, pagado al macizo del Mont Blanc. La ruta comienza en el Plan de L’Aiguille, estación intermedia del teleférico de la Aiguille du Midi, y termina en la estación de Montenvers, sobre el gran glaciar de la Mer de Glace. El camino no tiene mayores dificultades, teniendo en cuenta que se trata de un recorrido de media montaña, con lo cual el sol (duro en un día despejado) y los cambios de tiempo deben ser tenidos en cuenta. Además casi todo el camino discurre por encima de la línea de bosque, así que de sombra, nada de nada.

La excursión comienza con la subida en teleférico a la Aiguille du Midi. En dos etapas, el teleférico nos lleva  de los mil metros de altura del valle a los dos mil trescientos de la estación intermedia del Plan de la Aiguille, y desde aquí a los 3777 de la estación de la Aiguille. Ya en esta, una seria de miradores nos permiten tener unas visiones espectaculares del valle de Chamonix, de la Vallée Blanche y el Glacier du Geant, y del mismísimo Mont Blanc. 

El Mont Blanc desde la Aiguille du Midi. 
(Ampliando la imagen se aprecian las cordadas subiendo por la nieve  hacia la cima)

Un ascensor interior nos sube hasta la terraza superior, a 3842 metros… y ahí ya es el acabóse de vistas espectaculares. ¿Para qué contarlo?, es mejor poner alguna foto y animar a todo el que ame la montaña a que vaya y lo vea por sí mismo.

El descenso desde la Aiguille hacia Plan. El Lac Bleu y Chamonix al fondo


Para continuar la excursión, debemos descender por el mismo teleférico, pero sólo hasta la estación intermedia. Antes de empezar el recorrido del Balcón Norte, podemos hacer un acercamiento al Glaciar de Pelerins, tomando un sendero que indica Les Glaciers, y que nos lleva hacia la base del las paredes de la Aiguille du Midi.

De nuevo en la estación del teleférico, el camino desciende al restaurante del Plan de L’Aiguille, desde donde comienza a “llanear” hacia el NE. Y lo de llanear es un decir, pues la ruta va siguiendo el perfil de la ladera, por debajo de las Agujas de Chamonix y de los neveros, y a penas hay un tramo realmente horizontal. De todos modos son subidas y bajadas suaves. A poco de comenzar el camino atraviesa un par de arroyos de aguas frías y transparentes, procedentes del deshielo, que son los únicos puntos con agua en todo el camino.

El Glaciar de Pelerins. A la derecha arriba la Aiguille de Midi, con los cables del Teleférico.

Al cabo de algo más de una hora de ese llaneo, se llega a una bifurcación. Un camino baja hacia Chamonix, y aunque resulte tentador cortar por lo sano y tirar para abajo (en un día de calor daban ganas de hacerlo), es mejor pensárselo dos veces, pues son más de mil metros de bajada. 


Seguimos pues adelante, y como en media hora se llega a una nueva bifurcación (ambas están señalizadas). Un sendero sube mediante una serie de lazadas ganando unos ciento cincuenta metros de altura hacia la Signal de Forbes, una especie de gran hito o punto de referencia a 2200 metros de altura, para desde allí descender a la estación de Montenvers. El otro comienza llaneando pero va perdiendo altura para ir directamente a la misma estación de Montenvers. Si hay prisa o se está cansado la segunda opción es la recomendable, pero renuncia uno a las vistas sobre el glaciar de la Mer de Glace que nos da el primer camino. De todos modos lo del tiempo es un poco relativo, pues según el poste de señalización cuesta lo mismo llegar a Montenvers por un camino que por el otro.


Tomando el que sube, y superadas las lazadas, el camino sigue ganando altura sobre el valle de Chamonix, hasta el punto en que gira ya francamente para meterse sobre el glaciar. La primera vista puede ser un poco decepcionante, pues a penas se ve un trozo del glaciar, y además este está en sus partes laterales cubierto de rocas y piedras caídas de las laderas, dando la impresión de que es un valle de suelo pedregoso en lugar de un glaciar. Unos cientos de metros más adelante la visión se va haciendo más espectacular, y al acercarnos comprobamos que bajo esos cascotes la enorme masa de hielo discurre valle abajo.


La bajada hasta la estación es pesada, pues en muy poco recorrido se descienden más de cuatrocientos metros de desnivel, pero las vistas que cada revuelta del camino nos da sobre la Mer de Glace van compensando el esfuerzo.

Finalmente, la estación de Montenvers, bulliciosa y llena de turistas, pero con puestos de maravillosas bebidas frías, marca el final de este recorrido. Para regresar a Chamonix, el tren de Montenvers es el mejor medio, pues además el tramo no usado del billete de ida y vuelta del teleférico de la Aiguille du Midi, nos sirve para bajar de regreso al valle.

Para no perder la costumbre de otros artículos de este blog, un buen complemento gastronómico, justamente ganado por el esfuerzo realizado, será una buena fondue para cenar, regada con vino de la Savoie. C’est magnifique!


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