domingo, 14 de junio de 2009

POR LA HOZ SECA HASTA LA CUEVA DEL TORNERO

La cueva del Tornero (Checa, provincia de Guadalajara) es una interesante cavidad, con un gran desarrollo horizontal, galerías amplias y hasta zonas con agua. Desde luego merece una visita para cualquiera que sea aficionado a la espeleo.

La forma norma de llegar a ella es desde Checa, tomando hacia la Cuesta del Pellejero, hasta el borde del valle que forma el río de la Hoz Seca. Desde allí, se baja al valle por una senda en diagonal que nos lleva hasta gran boca de la cavidad.

Hay otras posibilidades, desde luego, y la que voy a comentar aquí merece la pena por sí sola, es una ruta que “autojustifica” y que además nos lleva a la Cueva del Tornero.

Se trata de descender por el valle de la Hoz Seca hasta encontrar la cavidad. Podemos empezar a descender desde la carretera que va desde Orea al camping Orea, cuando pasa junto al río, hay ruta señalizada para ello. Esa ruta llega hasta un puente donde una pista procedente de Checa cruza el río. Es desde aquí donde comienza el itinerario descrito ahora.


(El mapa corresponde a la esquina inferior izquierda de la Hoja 1:50000, num 540, Checa)

Para llegar a ese puente, comienzo de la ruta, se sale de Checa hacia el sur, pasando cerca de la Ermita de San Sebastian, y siguiendo la pista se pasa por el poljé de Cubillo, una zona de cultivo que es una depresión cerrada de origen cárstico. Hay un panel explicativo. Después, una pronunciada bajada nos lleva al cauce, que se cruza por un puente nuevo donde dejamos el coche.

A partir de aquí el sendero, unas veces más evidente que otras, va siguiendo el cauce, al menos en verano seco (no en balde el río tiene el nombre que tiene). Hay un refrán en la zona que dice “el Tajo lleva la fama, y la Hoz Seca el agua”. Bueno, eso será en invierno y primavera, porque en verano, nada de nada.


A poco de comenzar, en un primer estrechamiento encontramos en el mismo lecho un abrigo sombreado, que quienes hagan el camino en verano sin duda agradecerán.


La ruta sigue por el valle, sin ningún problema ni complicación más que el hecho de que en algunos momentos parece desaparecer, para reaparecer de nuevo unas decenas de metros más adelante. Algún bosquecillo alegra el camino, aunque el paisaje podríamos denominarlo entre “áspero” y “duro”. En todo caso es una hermosura. En algún momento se gana altura por la margen derecha, para salvar algún salto del cauce.


A los dos km (más o menos) de haber comenzado llega por la margen izquierda un valle amplio, por el cual un sendero sube para definir una ruta circular que regresa al puente dónde dejamos el coche. Ese camino se llama como el cerro: del estrecho del Carangosto. En el mapa está punteado en verde, por si acaso interesa.

Siguiendo por el valle principal, vamos avanzado por los meandros pronunciados que ha trazado la Hoz Seca, comprendiendo perfectamente lo acertado tanto de lo de Hoz como lo de Seca.


Llega un momento en que de repente comenzamos a encontrar agua en el valle, que forma una especie de charcas con algo de corriente, gracias a unos manantiales allí presentes. Estos manantiales están relacionados con la Cueva y la corriente de agua de su interior, y nos dan una doble alegría: nos dan agua para refrescarnos y nos dicen que estamos llegando.


Efectivamente, doblado el meandro tras los manantiales, quizás unos quince metros sobre el cauce, se ve la gran boca de la Cueva del Tornero. Una corriente de aire frío sale de ella en verano, llegando incluso a molestar ese frescor después de la caminata y el calor (hicimos la ruta en agosto).



Una visita a parte de la cueva puede ser siempre interesante, aunque lo primero que hay que hacer es arrastrarse para pasar una gatera. Ojo, por si acaso aquí está la topografía de la cueva. Cuidado con la bifurcación, es fácil tomar una galería en vez de la otra, aunque si llevamos una brújula no tendremos dudas.

El regreso se hace por el mismo camino. Consejo: llevar agua, mucha agua si es en verano. Yo no confiaría mucho en el agua del manantial para beber, y desde luego no hay otra fuente en toda la ruta. Si que hay fuentes en Checa, donde podemos cargar agua fresca y natural.

martes, 2 de junio de 2009

El Peñón de Ifach

Esto debería titularse "Por fin, el Peñón de Ifach". Y no porque haya costado mucho hacer esta excursión, sino porque ha costado mucho escribirlo.

Desde hace seis años, todas las primaveras hacemos la subida al Peñal de Ifac. Se ha convertido en una agradable tradición que marca el comienzo del buen tiempo y la proximidad de las vacaciones.

La subida al Peñón no tiene ninguna dificultad especial, y de hecho se ve a gente de toda edad y estado físico haciendo la ruta. Sin embargo, cuando el calor aprieta puede llegar a ser durilla. El desnivel es de unos trescientos metros, y pese a la verticalidad del Peñón cuando se mira desde el aparcamiento la subida esta en su mayor parte bien trazada y no resulta pesada. Un consejo general: cuidado con los resbalones, pues la roca de sendero, en el túnel y tras el túnel, está muy pulida por el paso de caminantes.


Se parte del aparcamiento (más bien solar) que hay al final de las indicaciones al Parque Natural del Penyal de Ifac, justo sobre la zona final del puerto de Calpe (el plano está tomado de bp1.blogger.com).

Desde allí se empieza subiendo por la pista que sube al Aula de Naturaleza y Museo del Parque, donde podemos cargar agua y refrescarnos (esto es valioso sobre todo al bajar, cuando llega uno tirando a quemado por el sol). Antes de alcanzar esta zona, a la izquierda de la pista se pude acceder a unos miradores sobre la playa y la costa, que merecen visitarse (aunque luego las vistas desde arriba sean, sin duda, más espectaculares).


Desde la edificaciones del Aula de Natura el sendero sube en una serie de lazadas, bien trazado y cada vez mejor acondicionado, hacia la base del impresionante acantilado. En cada extremo de lazada, sobre todo en los que miran sobre la zona del puerto, unos miradores nos van mostrando un paisaje cada vez más espectacular, con vista hacia la Serra Gelá, tras la cual se ven los edificios de Benidorm.

La última lazada del sendero nos lleva, pegados ya a la base del cantil, al túnel que permite acceder a la parte interior del Peñón. Este túnel fue abierto a barrenazos a comienzos del siglo XX (en 1918), y en algún tiempo tuvo una puerta que cerraba el acceso.


Cruzado el túnel, de unos cincuenta metros de largo, accedemos a las laderas y barrancadas de lo que fue un mundo interior, sin conexión externa hasta la construcción del túnel. Quizás eso explica la gran abundancia de especies vegetales que se han conservado y la riqueza natural de la zona (todo lo cual justificó la creación del Parc Natural).


Pero sin duda la reina de la zona es la gaviota patiamarilla. Millares de ellas habitan y crían en las laderas interiores del Peñón. En estos seis años de subidas al pico hemos visto todas la fases de la cría, pues sin salir del sendero se ven nidos en abundancia. Las veces más tempranas, por abril, hemos visto los nidos con dos o tres huevos la mayor parte de las veces. A comienzos de mayo los pollos ya nacidos permanecen en los nidos, bajo el atento (y aveces agresivo) cuidado de sus padres. Hacia el final de mayo lo pollos ya son grandes y comienzan a hacer ejercicio con las alas preparándose para un cercano vuelo. Resulta muy interesante, agradable y formativo ver esa explosión de vida que se produce cada año en el Peñón. Tiene sus inconvenientes, claro. Miles de gaviotas gritando continuamente, un cierto olor a pescado (sobre todo si no hay brisa) y las pasadas rasantes que hacen para defender sus nidos y crías cuando el caminante pasa a su juicio demasiado cerca de ellas. Los intrusos somos nosotros, así que hay que soportarlo con paciencia, no molestar más que lo imprescindible y si no nos gusta... pues no ir.

Siguiendo por el sendero tras el túnel, se cruzan algunas zonas un poco aéreas. En ellas se han instalado unas cuerdas a modo de seguridad para facilitar el paso. La senda avanza subiendo sin cesar hasta una bifurcación. Por la izquierda se sigue hasta el extremo del Peñón que avanza hacia el mar, en los restos de una caseta de carabineros (a penas un trozo de muro). Este tramo, casi horizontal y sombreado por grandes pinos resulta un buen descanso, tanto a la subida como a la bajada.

Si en la bifurcación tomamos hacia la derecha, la senda comienza a subir francamente hacia la cima. Es la parte más agreste del camino, donde la senda esté peor trazada y donde los atajos hacen que sea fácil perder la buena ruta. Un par de tramos con trepas fáciles, en los que se han instalado cuerdas fijas, nos hacen ganar altura y acercarnos rápidamente al pico.

Un centenar de metros antes de la cumbre, el camino pasa a unos pocos metros del límite del escalofriante acantilado que cae casi directamente al mar, trescientos metros más abajo.


Ya en la cima, un monolito marca la posición del vértice geodésico. Desde aquí hay que disfrutar de la vista: 360º de espectáculo de mar, costa y montaña.


Si empezamos por el norte girando a derechas, el Montgó, girando a la derecha los cabos de La Nao y de Moraira, y el mar... dicen que llegan a verse a veces las montañas de Ibiza. Cuando volvemos a encontrar la costa aparece la Isla de Benidorm y la Sierra Helada, tras ella lo edificios de Benidorm. más ala derecha Altea, la zona del Mascarat, la Sierar de Bernia, el mismo Calpe, la laguna de las Salinas, la playa de la Fossa... bueno, que uno se queda con ganas de darle otra vuelta al panorama.


Ya sólo queda bajar: Si subir puede costar una hora y media, más o menos, para bajar hay que contar otra hora. Y al llegar bajo, procede arremeter contra una cerveza helada y un buen arroz a banda, en cualquiera de los restaurantes que hay en la zona del puerto. Digno remate para una buena excursión.