sábado, 27 de noviembre de 2010

Nuestra Espeleo

Hace años, unos cuantos nada más, en el grupo de espeleo la Senyera se nos ocurrió hacer una revista. En medio de tanta “aventura” bajo tierra, casi sin darnos cuenta estábamos metidos en un fregado que durante bastante tiempo nos permitió ser uno de los grupos, de los pocos grupos de España, que tenían una revista regular. La revista se llamó Nuestra Espeleo.

Portada del número 0. Comenzaba la aventura.

Al principio, en 1981, era muy sencilla, a penas una fotocopias grapadas en las que contábamos nuestras vivencias de las salidas de los fines de semana, para nosotros nada más, y sin más pretensiones.

Carlos Orlando, Toni Fornes, Iscar, Teo, son algunos de los que más trabajaron en aquellos primeros números. Poco a poco se fue mejorando la calidad de los contenidos y del formato, dejando de ser ya un boletín interno para empezar a distribuirla hacia afuera del grupo, a la Federación básicamente y a algún otro grupo amigo.

Como hablar es una estupenda oportunidad de molestar a la gente, algún problema tuvimos con las opiniones que aparecían en la revista. Cosa que nunca les ocurre a quienes no hacen pública su opinión, por supuesto.



Los números 12 y 13. 
Los últimos hechos por fotocopias.

En el año 84 dimos un nuevo salto, dejando de ser editada a base de fotocopias y empezando a imprimirla en una imprenta. Eso si, el trabajo de enmaquetado fue una currada de narices, y totalmente artesanal.  Al mismo tiempo comenzamos a manejar intercambio de ámbito nacional e internacional, con clubes de toda España, de Italia, de Checoeslovaquia y de Francia.

El siguiente paso fue el salto a la portada de color, con una magnífica foto de la Cueva Cañuela. Poco a poco los ordenadores empezaron a facilitarnos la tarea de montaje.
Número 15. Primer número con portada a color.

Los últimos  números fueron monográficos, dedicados a la Expedición Turquía 87 y la de Marruecos 90 y el dedicado al estudio de la Sierra de la Collada, en Cades (Cantabria).

Número 17. Monográfico de la Expedición Turquía 87.

Hace años que no sale, nunca hemos tirado la toalla de sacar un nuevo número, pero quizás hoy las nuevas tecnologías aconsejan mejor volcarse hacia la web, tal como en cierto modo hemos hecho con la página web del grupo (la actual www.espeleolasenyera.com y la anterior www.espeleosister.com) y las webs o blogs de algunos miembros del grupo (www.sendaycarril.com.es de Alberto, espeleoleg.blogspot.com de Carlos, el foro de los Colgaos y este mismo blog de Las Cavernas.

Con todo se echa un poco en falta el estrés que nos suponía cada nuevo número, el lío de los intercambios, la historia de buscar suscriptores, la caza de anunciantes o de lugares donde venderla... Bueno, pensándolo mejor esto es más cómodo, más barato, y desde luego llegamos a mucha más gente. Pero no queda en papel.


Bueno, juntando lo clásico y lo nuevo, aquí están algunos números de la revista. Haz click sobre el que quieras descargar.




  


  
 
    

  
  

martes, 16 de noviembre de 2010

La Cueva del Molino (Matienzo, Cantabria)

En el oriente de Cantabria, la zona de Ramales en un paraíso espeleológico al que hace ya más de treinta años que tengo el gusto y el privilegio de viajar. Además de sus encantos gastronómicos (como comenté en sobgourmet.blogspot.com) su naturaleza dura y agreste y su mundo subterráneo, increíblemente extenso y variado hacen que, para mí, sea el mejor destino de unas vacaciones o un fin de semana largo.

Una de las zonas que es más interesante es el valle de Matienzo, una cuenca cerrada de grandes dimensiones (dentro de ellas está el pueblo del mismo nombre y alguna aldea, con un río que nace y desaparece en el mismo valle más de una vez). Allí hay grandes sistemas subterráneos, que están siendo estudiados desde hace años por espeleólogos ingleses (creo que de la Universidad de Lancaster).
Camino a la Cueva. El acantilado del fondo cierra el paso del río.

Recorriendo el un valle lateral, camino a Sel de Suto, vimos un río que desaparecía rumbo a un muro de roca. Ese día íbamos de turismo, pero no pudimos resistir la tentación y nos acercamos a ver dónde iba a parar ese río. La intuición y el olfato espeleológico no fallaron, y efectivamente encontramos un gran porche por el que desaparecían las aguas tumultuosas del río, que estaba en crecida en ese momento.

Toni y Jorge en la boca de la Cueva del Molino.

De regreso casa, identificamos esa cavidad como la Cueva del Molino, sumidero del río, que recorre por su interior un tramo de menos de un km para resurgir de nuevo en el mismo valle de Matienzo por la Cuevona, recorrer unos cientos de metros y sumirse de nuevo bajo tierra.

El siguiente verano regresamos, y ya con más tiempo estuvimos recorriendo la cavidad y haciendo unas fotos. El nivel del río estaba mucho más bajo, de hecho no entraba agua por la boca, y sólo al final de la gran galería de entrada aparecía el agua, que ya estaba presente en todo el resto de la cavidad.

Vista de la boca desde el interior.


Mientras unos compañeros se hacían el ánimo de tirarse al agua, otros nos quedamos fotografiando y recorriendo a fondo la zona de entrada. Según la documentación, una segunda boca debía estar en la margen derecha del cauce subterráneo. La localizamos y estuvimos viéndola (poco interesante en comparación con el gran porche de entrada), aunque en ella había algún fósil interesante y algunas arañas que estuvimos fotografiando.

El cauce seco, vista hacia el exterior

A la entrada de la cueva se encuentran las ruinas de un antiguo molino que da nombre a la cueva. Sus estructuras se prolongan hacia dentro de la cueva, en concreto el canal de salida del agua del molino, llega al menos cincuenta metros cueva adentro.

Grandes formaciones y restos de las crecidas del invierno.


En la margen derecha del cauce, la cavidad tiene un ensanchamiento con abundantes formaciones de gran desarrollo.

Grandes bloques en la margen izquierda.


Hacia el fondo la cavidad sufre un brusco cambio de dirección, que en la visita anterior era un punto en el que las aguas giraban con gran violencia.


 Comienzo de la zona inundada de la cavidad.

Un caos de bloques de grandes dimensiones, forma ahora la pared izquierda y por ellos se pude subir a gran altura, pero no hay ningún paso seco que permita conducir hacia el interior de la cavidad.

Detalle en una zona lateral


Formaciones en la margen derecha.

(La mayor parte de las fotos son del buen amigo Toni Fornes)

viernes, 12 de noviembre de 2010

Caminando por Subachoque

El camino que voy a comentar esta vez es mas un paseo campestre que una ruta de senderismo. No es que las que yo pongo por aquí sean el colmo de la dureza, pero esta digamos que está en la parte blandita de la escala, aunque también tiene su aquel.
Enrique, Carmen, Lilli y Jeannette al comienzo del paseo

 A poco del comienzo del camino.

Subachoque es un pueblo de Cundinamarca, departamento del centro de Colombia cercano a la capital, Bogotá. Es una zona de colinas verdes, cubiertas de prados, cultivos de patata y maíz, y alguna que otra vaca para beneficiarse de los muy verdes prados. La población está a casi 2700 metros sobre el nivel del mar, así que cuando hablo de colinas, fácilmente muchas de ellas pasen holgadamente de los 3000 m (¡¡¡ay, nuestros Pirineos!!!), y no muy lejos está el páramo a más de 4000 metros.
Camino p'arriba.

Vista de los campos y prados.

Este pequeño detalle de la altura puede hacer que el paseo canse más de lo que el dulce paisaje puede hacer pensar: moverse a esta altura requiera algún día de aclimatación previa. En mi caso la hice en la capital, ya a 2600 m, y con tres o cuatro días hubo suficiente.
Subachoque, desde media ladera.

Bueno, la ruta en si comienza en la gasolinera que hay en la salida desde Subachoque hacia Zipaquirá. Aquí se deja el coche, se cruza un barranco por la misma carretera y nada más pasarlo sale una pista de tierra que tomaremos y seguiremos. Esa es toda la complicación, para que no hayan quejas de que es difícil de encontrar.

La pista va subiendo, suavecito unas veces, francamente empinada otras, y conforme se gana altura la vista del valle y de las montañas que lo rodean se va haciendo más espectacular. No olvidemos que estas verdes “colinas” son los Andes, y aquí todo tiene una dimensión especial.

Yo calculo que subiríamos unos 200 metros, así que nos quedamos cerquitica de los 3000 m, pero si llegar.

Tras la fritanga, aún quedaban ganas de sonreír.

Si a la ida habíamos ido a Subachoque por el pueblo de El Rosal (donde nos comimos una rica fritanga), al regreso tomamos por Tabio y Tenjo para regresar a Bogotá. La suerte hizo que nos encontráramos con un hermoso arco iris, o mejor dicho con un par.
 
El valle de Tabio.
 
Arco iris al atardecer.
El primero muy intenso, sólo era visible en la parte más cercana al suelo, y parecía salir del propio bosque frente a nosotros. El segundo, ya más completo, resultaba también muy hermoso, aunque no tan llamativo como el primero.