viernes, 12 de noviembre de 2010

Caminando por Subachoque

El camino que voy a comentar esta vez es mas un paseo campestre que una ruta de senderismo. No es que las que yo pongo por aquí sean el colmo de la dureza, pero esta digamos que está en la parte blandita de la escala, aunque también tiene su aquel.
Enrique, Carmen, Lilli y Jeannette al comienzo del paseo

 A poco del comienzo del camino.

Subachoque es un pueblo de Cundinamarca, departamento del centro de Colombia cercano a la capital, Bogotá. Es una zona de colinas verdes, cubiertas de prados, cultivos de patata y maíz, y alguna que otra vaca para beneficiarse de los muy verdes prados. La población está a casi 2700 metros sobre el nivel del mar, así que cuando hablo de colinas, fácilmente muchas de ellas pasen holgadamente de los 3000 m (¡¡¡ay, nuestros Pirineos!!!), y no muy lejos está el páramo a más de 4000 metros.
Camino p'arriba.

Vista de los campos y prados.

Este pequeño detalle de la altura puede hacer que el paseo canse más de lo que el dulce paisaje puede hacer pensar: moverse a esta altura requiera algún día de aclimatación previa. En mi caso la hice en la capital, ya a 2600 m, y con tres o cuatro días hubo suficiente.
Subachoque, desde media ladera.

Bueno, la ruta en si comienza en la gasolinera que hay en la salida desde Subachoque hacia Zipaquirá. Aquí se deja el coche, se cruza un barranco por la misma carretera y nada más pasarlo sale una pista de tierra que tomaremos y seguiremos. Esa es toda la complicación, para que no hayan quejas de que es difícil de encontrar.

La pista va subiendo, suavecito unas veces, francamente empinada otras, y conforme se gana altura la vista del valle y de las montañas que lo rodean se va haciendo más espectacular. No olvidemos que estas verdes “colinas” son los Andes, y aquí todo tiene una dimensión especial.

Yo calculo que subiríamos unos 200 metros, así que nos quedamos cerquitica de los 3000 m, pero si llegar.

Tras la fritanga, aún quedaban ganas de sonreír.

Si a la ida habíamos ido a Subachoque por el pueblo de El Rosal (donde nos comimos una rica fritanga), al regreso tomamos por Tabio y Tenjo para regresar a Bogotá. La suerte hizo que nos encontráramos con un hermoso arco iris, o mejor dicho con un par.
 
El valle de Tabio.
 
Arco iris al atardecer.
El primero muy intenso, sólo era visible en la parte más cercana al suelo, y parecía salir del propio bosque frente a nosotros. El segundo, ya más completo, resultaba también muy hermoso, aunque no tan llamativo como el primero.

1 comentario:

Angridel dijo...

Ay Ay Ay!!!! que ya quiero ir a pisar mi tierra linda....