jueves, 9 de agosto de 2012

La travesía del Valle de los Trillos

Entre las muchas zonas de la Cordillera Cantábrica que merecen ser visitadas y recorridas, la zona del Parque del Alto Asón, en las proximidades de Arredondo y Ramales de la Victoria, es sin duda una a considerar.

Tenemos allí los macizos del Porracolina y San Vicente, separados por el profundo valle del Asón. El más oriental de los dos, el de San Vicente incluye el pico del Hornijo, que forma una pequeña sierra, con alturas moderadas (hasta los 1400 metros), pero al que la naturaleza caliza del terreno y los pronunciados procesos de karstificación que allí se han desarrollado, le dan una dureza que sólo los visitantes de los altos terrenos calizos entienden.

El Hornijo es atravesado por un valle fósil, reliquia de un sistema fluvial desaparecido y testigo de los procesos glaciares del cuaternario. Es el valle de los Trillos. Precisamente por ese valle transcurre el recorrido que ahora comento, desde la localidad de Astrana, en el valle del Soba, hasta la de Riba, ya en el valle del Asón.


La orientación general del valle de los Trillos es S-N, con una inclinación que originalmente era descendente hacia el N, pero los procesos glaciares y kársticos han enmascarado esa inclinación, quedando ahora un primer tramo ascendente desde el falso collado de los Mazos hasta el collado del Crucero, y desde aquí bajando hacia Riba. Las dos grandes depresiones del Hoyo Salzoso y el Hoyo Masayo jalonan esa parte del valle de los Trillos. A la salida del segundo de los Hoyos, termina el valle de los Trillos, casi seiscientos metros por encima del nivel actual del río Asón. (la gráfica siguiente, basada en la de C. Mugnier, 1969, ilustra esta estructura).


La ruta comienza en la iglesia de Astrana, aunque hay un largo primer tramo que puede hacerse en coche siguiendo la pista que lleva hacia las cabañas de la Espina. Justo antes del falso collado de Los Mazos (entre el Mazo Grande y el Mazo Chico) debemos dejar el coche y comenzar a caminar.


Tras los Mazos, el camino sube suavemente bordeando el lado E de la Llana de la Cueva, una primera depresión cerrada, fruto combinado de los procesos kársticos y del glaciar que desde el Este llegaba a este valle para avanzar hacia el Sur. Precisamente el punto más alto del recorrido, el collado del Crucero, se encuentra en lo que es la morrena que separaba este glaciar del que recorría el resto del valle de los Trillos hacia el Norte.


Tras el collado, la pista desciende hacia el fondo del Hoyo Salzoso, en cuya ladera O encontramos los restos de un antiguo camino empedrado que seguiremos durante la mayor parte de la ruta. Realmente ese camino es una bendición (a pesar de su regular estado de conservación) pues el terreno de lapiaz (aristas rocosas fruto de la erosión) que se atraviesa sería casi infranqueable si hace siglos los habitantes de la zona no hubieran hecho el enorme trabajo de trazar este camino que unía el alto valle del Soba y el del Asón.


Tomado ya el camino empedrado remontamos para salir del Hoyo Salzoso y encontrarnos de golpe con la vista impresionante del Hoyo Masayo en primer plano, el valle del Asón después, la depresión de Matienzo al otro lado del valle y al fondo el mar. Por la derecha Santoña, Laredo y la ría del Asón completan un marco que en días claros (como el que nos tocó a nosotros) impresiona.


El Hoyo Masayo esta ocupado en su parte Sur por un hayedo de grandes y viejos árboles, cubiertos de musgo, cuya visita por si sola justifica el pateo. Cruzado el bosque, salimos a una pradería que ocupa el resto del Hoyo. Un caballo pastando en el linde del bosque y un par de ciervos que huyen ante nuestra presencia completan un cuadro que, de nuevo, justifica el esfuerzo.



Remontamos el lado Norte del Hoyo, para buscar el largo y complejo collado que sigue al mismo y que nos situará ya en valle del Asón. El camino empedrado reaparece para conducirnos a través del laberinto de dólinas y pozos de lapiaz. Incluso así, atravesar esta zona en un día de niebla requeriría mucha prudencia, para no terminar descalabrados en el fondeo del algún hoyo.



Cuando por fin termina el collado, comienza un descenso vertiginoso, que en dos km de distancia nos baja de 750 a 150 metros. Se comienza atravesando, de nuevo gracias al camino empedrado, un hayedo situado sobre un áspero lapiaz, incluido el paso sobre el fondo de un hoyo gracias al puente de Carcajil. Se llega después a una zona de praderías, de la que saldremos por unos caminos de lindero, que parecen túneles entre los bosquetes de avellano.

Una última curva muy pronunciada del camino pasa junto a la fuente que surte de agua a Riba, y desde aquí ya sólo queda seguir bajando por la pista hasta llegar a Riba, en la salida de la carretera en dirección a Arredondo.


Un esfuerzo adicional, nos lleva hasta el Bar Hoyo Masayo, donde una cerveza helada y un platico de jamón y queso, sirven de recompensa y de remate al pateo.


Unas seis horas ha hecho falta para hacer el recorrido desde las zonas de absorción kársticas hasta el verde valle, donde resurgen todas las aguas que sumen en los altos lapiaces y hoyos.

En el siguiente enlace está el track para gps:  El Valle de los Trillos