domingo, 3 de mayo de 2015

El Castillo de Xivert

La ruta que recorre la costa mediterránea valenciana ha sido básicamente la misma al menos desde los tiempos de la Vía Augusta romana. En su camino hacia el norte, al alcanzar la zona de Alcossebre, se aparta un poco de la costa para bordear la Sierra de Irta por el interior, aprovechando el valle que enlaza la zona de Alcossebre, al sur, con la de Peñíscola, al norte de la sierra. Así lo hacía la mencionada Vía Augusta y así lo siguen haciendo la carretera nacional 340, la autopista A7 y la vía del ferrocarril.


En ese valle se asienta hoy en día la población de Alcala de Xivert. Sobre la sierra, en ambos extremos norte y sur del valle, se alzan dos castillos vigilando el paso. El de la parte sur, situado cerca de Alcalá, es el castillo de Xivert.

El castillo hoy visible es de origen árabe, aunque en el interior se han encontrado restos más antiguos. Como es frecuente observar, los lugares estratégicos lo han sido siempre, y los poblados, fortalezas y castillos se superponen.

Se trata de un conjunto muy interesante formado por un doble recinto amurallado, el interior con dos espectaculares torres de planta circular, que tiene anexo un despoblado morisco, que también estuvo protegido por una muralla.


Para acceder al conjunto la cosa es muy fácil. Desde al población hay que ir a la Ermita del Calvari. El camino sigue señalizado, es transitable fácilmente en coche y va escalando la rama sur oeste de la Serra de Irta hasta una replaza que sirve de aparcamiento en el collado anterior al castillo. Así pues poco andar, aunque también se puede subir por un sendero que desde Alcalá se dirige al castillo (camino de Xivert) directo por la ladera.




Desde dónde se dejan los coches apenas 500 metros no separan del castillo. Si desde el valle se veía atractivo, desde cerca lo es más. La primera muralla que vemos, el recinto exterior, es de tapial árabe y mampostería de los siglos X al XI.





En el centro de un lienzo de muralla de tapial con imitación de sillares, hay una inscripción árabe en caracteres cúficos, que dice (parece ser) Al Fathi Allah (la victoria sólo la da Dios). Resulta llamativo que a pesar de haber sido fortaleza cristiana durante varios siglos tras la reconquista, no se hubiera eliminado ese texto. Tal vez la explicación de este hecho esté en quién fue el propietario cristiano del castillo: la orden del Temple. En efecto, tras la reconquista, el rey Jaime I lo entregó a los caballeros templarios cumpliendo una promesa de su abuelo. Los templarios, nacidos en Palestina y acostumbrados como organización a convivir con los musulmanes, seguramente no tuvieron reparo en mantener esa proclama (que salvo el matiz de que se dirija al Dios de los musulmanes o de los cristianos, ambos darían por verdadera).



Superado el recito exterior, nos encontramos con las dos poderosas torres construidas por los templarios para reforzar el recito interior en el siglo XIII. Se accede a este recinto por una entrada acodada, bastante reconstruida, que nos lleva a la plaza de armas del castillo. Frente a nosotros, a la derecha, lo que sin duda fue la capilla del castillo, con una piedra rectangular indicando dónde estuvo el altar. Sólo la planta es visible, pero perfectamente reconocible, con su ábside semicircular. Sobre ella, las torres citadas, y adosados al resto de los muros los restos de otras dependencias, algunas restauradas recientemente.


El pozo de un aljibe situado junto a la entrada, completa el recinto. Desde la escalera metálica que da acceso a una de las torres, se tiene una imagen de conjunto muy buena de lo que fue esa plaza de armas.


Un estrecho camino de ronda contornea por fuera el recinto interior, permitiéndonos nuevas vistas de las torres y del conjunto.


Mirando hacia abajo desde la muralla, se ve en primer lugar lo que fue el poblado morisco o aljama, anexo al castillo. Estuvo habitado hasta la expulsión de los moriscos, y aunque parece que después se repobló, fue abandonado en pocos años. Hoy se ha reconstruido alguna de las casas y se reconoce hasta cierto punto la trama urbana.


Mas abajo, en el valle, vemos la población del Alcalá de Xivert, que debe su nombre a este castillo. Por el valle, como decíamos vía de comunicación desde tiempos inmemoriales, pasan la carretera nacional, la autopista y la vía del ferrocarril, vigiladas por el castillo de Xivert desde hace más de mil años.

sábado, 4 de abril de 2015

El nacimiento del Río Palancia

El río Palancia, que desemboca en Sagunto (habitualmente eso de desembocar es un eufemismo, pues no llega agua al mar), nace entre Bejis y el Toro, en el interior de la provincia de Castellón, casi a la vista de la de Teruel.

El nacimiento de un río tiene siempre algo de mágico, sobre todo si tiene agua. Quien no conozca nuestras montañas (a veces áridas, siempre duras) quizás no le vea el sentido a este comentario, pero es real como la vida misma. En mis visitas al nacimiento, podríamos decir que va al 50% las veces en que hay agua y las que está completamente seco. Y esas visitas cubren desde comienzos de los años 70 hasta la actualidad.

Y como muestra de esta veteranía dos fotos. La primera es de mediados de los 70, y en ella aparece primer término el amigo Santiago Lillo, que pocos años después moriría en un accidente de espeleo. La segunda es de 1986, cuando se hizo el plano del cañón que hay junto al nacimiento, y del que ahora vamos a hablar.




Volviendo al tema del nacimiento, el caudal del río conforme nos acercábamos al mismo nos hacía suponer que estaría activo, como así fue.


El agua brota en un par de grietas de la pared de roca, a ras de suelo, justo a la entrada de una estrecha garganta. En esta ocasión (abril 2015) y gracias las recientes lluvias el manantial es abundante, y además parecen otros brolladors en la misma pared, en un tramo de unos quince metros aguas arriba.


El manantial está en la entrada inferior de una garganta, conocida popularmente como el "cañón de Bejis" o el "cañón del Nacimiento", aunque según la cartografía su nombre es "Estrecho del Collado de Cascajar". 




El estrecho tiene una longitud de casi trescientos metros, y su anchura varía entre poco más de un metro (tal vez menos en algún punto) hasta los 15 o 20 metros en un ensanche que tiene cerca de su final. Tiene una dirección general Sur-Norte, aunque va dando revueltas y giros. Según testimonios, en tiempos más húmedos de sus paredes afloran numerosos manantiales, de los que hay huellas. Varias fallas geológicas contribuyeron a orientar algunos tramos del estrecho. 


Sobrepasado el nacimiento del río, la garganta se estrecha rápidamente y hay un primer paso consistente en una poza que casi siempre tiene agua, tras la cual un bloque requiere un pequeño esfuerzo. Se ha colocado un peldaño de hierro para facilitar esta subida. 



Un tramo más o menos horizontal nos lleva a una nueva subida que forma un ángulo tras el cual hay una poza que puede tener agua, y a veces requiere mojarse. Después de este punto, y salvo crecidas , ya no hay problemas de agua en la garganta. Poco antes de la salida norte se ensancha en una especie de replaza, en la que hay una pequeña cavidad. Vuelve a estrecharse la garganta para unos 50 metros más adelante abrirse definitivamente y convertirse en uno más de los muchos barrancos secos que hay por nuestros montes

Aquí esta la topo del estrecho. No es que tenga pérdida, pero siempre es interesante (creo). Se publicó en la revista Nuestra Espeleo número 16, que es accesible en página web del Grupo la Senyera (NuestraEspeleo_16.pdf) y que incluye una reseña geológica sobre el estrecho.





martes, 17 de marzo de 2015

La Cueva de Cirat

Cavidades clásicas, especialmente para la realización de cursillos y actividades de formación, hay unas cuantas, pero sin duda una que ocupa un lugar estrella es la Cueva de Cirat, en Montán (Castellón). Reúne varias características que la hacen idónea para este uso: fácil acceso, buen tamaño, alguna dificultad pero sin mayores complicaciones, interés geológico, vistosidad, variedad de formas de progresión por la cueva... vamos, que es un pequeño tesoro.


La cueva es larga, con más de un kilómetro de recorrido, con salas de buen tamaño y galerías amplias, pero también con una zona laberíntica y angosta que permite practicar ese tipo de técnicas.



Su gran boca, resultado de trabajos de minería en la misma, domina el valle, y tiene una impresionante vista que alcanza hasta el mismísimo Penyagolosa, en monte más alto de la región. Esos trabajos han conformado la galería de entrada convirtiéndola en un gran corredor con techos de más de 6 metros y una anchura de 4 a 5 metros. La forma original de la cavidad es prácticamente irreconocible, aunque se puede especular que sería una galería de buen tamaño, pero no tanto como el actual, cuyo techo (ese si que es original) muestra huellas de erosión/corrosión.




A poco de entrar arranca por la izquierda una galería que da al exterior. Algunos opinan que esta era la entrada original a la cavidad, y que la enorme boca actual es completamente artificial. Personalmente pienso que la actual boca debe coincidir con una antigua entrada, con seguridad más pequeña. Así parece indicarlo una antigua topografía de los años 50, que parece anterior a la destroza.


Tras la gran galería de entrada, un cúmulo de formaciones que incluye una gran columna cierra el paso, debiéndose realizar una trepa o subir usando medios artificiales para salvar este resalto.


Tras él la cavidad sigue entre unos estratos inclinados, que nos obligan a realizar alguna oposición. La galería perfora el estrato que hace de techo y pared derecha y da acceso a una zona de la cavidad con una morfología completamente diferente: salas ricas en formaciones, suelo con gours que con frecuencia están inundados, ...



Hay que remontar una importante colada por el lado izquierdo, y una nueva sería de salas-galería nos acerca a la zona final, el la que unos pasos inferiores dan acceso a la mencionada zona 'laberíntica': barro, gateras, etc...


Como anécdota, recuerdo que hace muchos años, creo que sería la primera vez que entré, en el fondo de una de esas gateras llenas de barro, alguien había colocado una bandera... ¿¡de la OLP!? (OLP= Organización de Liberación de Palestina). Nunca la he vuelto a ver.


Resumiendo, un cueva para divertirse, y si se quiere, para aprender geología y entender un poco la formación de las cavernas.

lunes, 9 de febrero de 2015

El adiós a un amigo

Tanto hablar de cuevas, barrancos, paseos y excursiones varias, no puede hacer que se nos olvide lo más importante: las personas con las que compartimos esos ratos agradables, a veces duros, siempre apasionantes. Por que los que con pasión vivimos la montaña y la naturaleza, sentimos como apasionante hasta la excursión más sencilla, la cueva más modesta y la senda más humilde.


Y si de alguien se puede decir que sentía esa pasión era de Toni Fornes. Amigo desde hace cuarenta años, maestro y compañero. Un destino incomprensible se lo ha llevado, dejándonos descolocados, con cara de no saber qué ha pasado y preguntándonos ¿y ahora qué?.

La respuesta nos la daría el mismo Toni: Pues ahora nada. Ahora a seguir adelante, a no pararse, a disfrutar cada fin de semana, a acabar los trabajos que están a medias y después a empezar otros. A publicar y dejar constancia de nuestro esfuerzo y nuestra pasión. Y a recordar a los amigos que se han ido con la naturalidad de saber que tarde o temprano les seguiremos, a recordar sus anécdotas,  sus aventuras, sus esperanzas. Lamentando no poder seguir compartiendo trabajos, conversaciones, ilusiones, ... pero (casi con rabia) tirando pa'lante.

¡Que nos quiten lo bailao!, decíamos tantas veces con Toni, y en verdad nos queda mucho, vivido y compartido, gozado y sudado, trabajado y disfrutado.

Hasta siempre Toni Fornes. Espeleólogo. Amigo.



lunes, 29 de diciembre de 2014

El Caballo Sánchez y la Cueva Charnera (Chiva)

Casi en el centro de la provincia de Valencia, metido en la sierra de Chiva, hay un paraje que merece la pena ser visitado, por el paisaje que desde allí disfrutamos y por el interés del lugar.


Se trata del llamado Caballo Sánchez, que nada tiene que ver con los caballos (y no se si con Sánchez). Es una roca, aparentemente como tantas otras, pero con una interesante peculiaridad: es un antiguo sistema de captación de agua. Esta es una zona alta, lo que en la terminología de las zonas cársticas llamaríamos una zona de absorción, es decir que toda el agua que cae aquí se filtra a través del terrenos alimentando las fuentes que efectivamente existen el los valles aledaños. Como todas las zonas de absorción, ésta también resulta estar carente de agua, y la espesa vegetación y los suelos arcillosos entre los afloramientos de roca impiden que se forme ningún tipo de arrollo.


En el pasado, alguien se fijó en la roca que hoy conocemos como Caballo Sánchez, y cayó en la cuenta que esa superficie rocosa era casi el único lugar de la contornada donde el agua no era absorbida de inmediato por el terreno.


Una grieta en la roca fue acondicionada como aljibe y en el contorno de la misma se excavaron unas pequeñas canales que conducían al aljibe, que luego fue cubierto con grandes losas. Cuándo ocurrió esto no lo sabemos, tal vez tenga alguna vinculación con un poblado ibérico cercano, tal vez sólo era para proveer agua para el ganado de la corraliza que hay justo a los pies de la roca. En todo caso ha sido mantenido y reparado hasta hace pocos años, como muestra algunos arreglos con argamasa.

El conjunto es pues interesante y tiene su punto de enigmático. Resulta una excursión que merece la pena.


Pero no es esto lo único interesante que hay en la zona. A los mismos pies del Caballo Sánchez, un sendero desciende por la vaguada hasta cruzarse con la Senda de los Malos Pasos, un ruta senderista que atraviesa por la cercanía subiendo por el barranco de la Parra.




Tomando esta senda en dirección hacia el barranco, descendemos tal vez unos sesenta metros de desnivel y alcanzamos la Cueva Charnera (o Cuevarrón de Charnera). Esta es un abrigo con una gran boca que mira hacia el sur, y que está en parte cerrado por un muro. La cueva está formada por un gran salón abierto hacia el valle, del que salen varias galerías. Nada más entrar a la derecha hay una primera galería de unos seis metros, con una comunicación al exterior.


Unos metros más adentro, también en el lado derecho una nueva galería se convierte rápidamente en gatera y se ve también luz en su final. El salón gira a la izquierda y termina en una salita que va perdiendo altura, a unos treinta metros de la entrada. Nuevamente en la boca, en la pared izquierda hay una salita colgada con un par de bocas al exterior.


La cueva da la impresión de haber sido testigo de trabajos de extracción de material, incluso hay una huella de barreno poco antes de la entrada, y el pavimento estalagmítico de la parte del fondo ha sido roto, haciendo la cavidad más alta. Tal vez sea otro ejemplo de confusión del material estalagmítico con el mármol y una explotación fallida de éste, tal como ocurre por ejemplo en la Cueva del Tortero, de Tous.

Desde la zona donde se deja el coche, hay una vista de un tramo de la costa que no deja de sorprendernos, pues estamos casi a mil metros de altura, metidos en medio el monte y no esperábamos verla con tal nitidez. La limpia atmósfera del invierno sin duda ayuda.


Lo único malo (o bueno, según se mire) que tiene esta zona es que esté realmente aislada, y hay que hacer unos buenos kilómetros de pista forestal para llegar a ella. Para nosotros mereció la pena.

En este enlace hay algo más de información: Caballo Sánchez y Cueva Charnera



martes, 23 de diciembre de 2014

Los Abrigos de la Escaleruela (Alpuente)

El monte de la Escaleruela se asoma sobre la rambla de Arquela, prolongación aguas arriba del valle del río Tuejar, justo sobre la fuente de Arquela. Alcanza casi los mil metros de altura, y si bien por su lado NO tiene aspecto de loma poco interesante, su flanco SE, sobre la rambla, forma una rápida vertiente de casi 250 metros de desnivel. Este desnivel se salva en varios escalones formados por la estratigrafía (los primeros 100 metros de desnivel desde la cumbre) y una zona de ladera de derrubios desde allí hasta el fondo de la rambla.


Esos desniveles más altos resultan muy interesantes en varios aspectos. Los cortados verticales se alternan con las terrazas horizontales, formando un paisaje muy atractivo. Además, en esas terrazas se ubican varios abrigos naturales, utilizados desde antiguo como corralizas de ganado y como refugio de pastores. Algunos son de fácil acceso, en especial los de cota mas baja, abiertos en los estratos inferiores del macizo. Otros se abren en estrechas cornisas, cuyo acceso resulta a veces un tanto problemático.


Desde el valle se vislumbran tres abrigos. Metidos en la ladera acaban apareciendo otros tres, por lo menos, camuflados por la vegetación y a cubierto de miradas curiosas. Voy a comentar aquí los tres más altos, y queda para otro día (y quizás otro lugar) el reporte completo.

Como arriba se comenta, la parte alta de la ladera esta formada por una serie de terrazas o cornisas separadas por cortados verticales, de una altura cada uno de entre cuatro y diez metros.


Para acceder a los abrigos se toma el camino de Arquela a Campo de Arriba, que arranca justo encima de la fuente de Arquela. Es un camino bien trazado, que desde la fuente va ganando altura, pasando a poco de su comienzo por debajo de una antigua corraliza. Conforme gana en altura, se va viendo que el camino fue construido con esmero: losas para evitar la erosión, empedrado en algún tramo y sobre todo una lazada muy bien trazada y reforzada con muros de piedra a seco. Sin pretender asignar esta obra a nadie, esto es un trabajo de moros (aunque al respecto, no hay que olvidar que Alpuente fue centro un pequeño reino de taifas).

Cuando el camino alcanza el alto y se vuelve llano, hemos de abandonarlo y empezar a trepar por la ladera. Ánimo con la encantadora vegetación mediterránea. Según por donde ataquemos, accedemos a una u otra cornisa, pues todas van comenzando desde la parte norte del frente del cerro. En la cornisa más alta encontramos pronto un modesto abrigo pegado a la pared rocosa y casi sin cobertura de la misma, que apenas forma un ligero voladizo sobre el abrigo. Este abrigo tendrá unos 15 metros de largo por dos de ancho y es el más básico de los encontrados. La cornisa continua unos cincuenta metros tras el abrigo, estrechándose hasta casi desaparecer para de nuevo abrirse un par de veces, hasta que finalmente se cierra sobre un cortado que cae desde la cima.


Retrocediendo hasta el origen la cornisa y buscando un paso inferior, accedemos a una nueva cornisa, unos 8 metros por debajo de esta, más amplia y cubierta de vegetación, que nos lleva a un segundo abrigo. Este aprovecha un oquedad más profunda de la pared y frente a ella se ha construido un muro aproximadamente semicircular que forma un recinto de cierta importancia. Junto al abrigo, pintada en la pared, una cruz blanca de buen tamaño hace que le demos este nombre: Abrigo de la Cruz Blanca (la imaginación al poder). Justo tras el abrigo y bajo la cruz, la cornisa termina en un cortadito de unos 4 o 5 metros sobre otra cornisa inferior.

(Foto: A. Sisternas)

Nuevamente volvemos atrás para buscar un punto por el que acceder a la cornisa inferior (sería la tercera desde arriba). Esta nueva cornisa pasa bajo en abrigo de la Cruz Blanca y continúa hacia el sur por la vertiente. Justo tras pasar por debajo de la cruz, tiene un estrechamiento que hace el paso un poco 'acrobático', y vuelve de nuevo a abrirse. El carácter de esta cornisa es diferente, pues esta casi desnuda de vegetación, al contrario que las dos superiores y que la inmediatamente inferior, y la roca de los pasos estrechos se encuentra muy pulida por el paso de ganado durante muchos años. En ella se halla uno de los abrigos que se ven desde el valle, y que es el motivo que nos llevó a iniciar este pateo. En realidad desde el valle se ven dos abrigos, uno con un muro y otro con una boca redondeada a su derecha. Este segundo es sólo una oquedad en el acantilado, pero el del muro es un ejemplo interesante de abrigo roquero. Una cavidad natural de unos 6 metros de profundidad por 8 o 9 de anchura, y suelo con pendiente hacia el exterior, fue cerrado con un muro de piedra a seco y parcialmente nivelado. El resultado es un magnífico refugio, con restos evidentes de que allí se alberga el ganado, y una vista espectacular sobre el valle de Arquela, y los montes en dirección a Ahillas. Tras el abrigo la cornisa se ensancha, con suelo muy llano y siempre libre de vegetación, hasta terminar cerrada por un derrumbe en su parte más meridional.



(Foto: A. Sisternas)


Retrocediendo de nuevo hasta la cruz blanca, podemos aún acceder a una cornisa inferior a ésta última, que recorre la ladera hasta el mismo derrumbe o cortado donde termina la anterior. En esta cornisa no se encuentra ningún abrigo, pero desde ella vemos uno por debajo nuestro, tras un nuevo cortado, esta vez un poco más alto (tal vez unos 10 o 15 metros). Éste queda para una próxima salida.



Nuevamente toca retroceder para buscar el inicio de las cornisas y bajar hacia el camino de Campo de Arriba, que tomaremos de nuevo en dirección a Arquela para regresar a la fuente del mismo nombre. En resumen, tres o cuatro horas subiendo y bajando por ladera y unos lugares mágicos recuperados para la memoria.