viernes, 11 de julio de 2014

Sorbas y su karst de Yesos

El karst es un tipo de paisaje caracterizado por la presencia de numerosas formas de absorción y conducción del agua de lluvia, que está asociado a la presencia de sistemas de cuevas más o menos importantes. Habitualmente el karst se desarrolla en rocas calizas, pero también puede desarrollarse en rocas evaporíticas como el yeso. Este es el caso del karst de Sorbas, en Almería, desarrollado en una zona de yesos de unos 120 metros de espesor y prácticamente un ejemplo a nivel mundial de este tipo de fenómenos.


Como en todas las zonas kársticas, la superficie es un terreno áspero, rocoso, casi torturado. Aquí además estamos a las puertas del desierto de Tabernas, sino en él, y lo extremo del paisaje resulta aplastante. Caminar por esos cerros una tarde de verano puede ser un deporte de riesgo (comprobado). Sólo esparto y algunas magras plantas aromáticas resisten las condiciones extremas que imponen el suelo y el clima.


Sorprendentemente, de cuando en cuando, una higuera da una nota verde al paisaje. Si nos fijamos parece salir del subsuelo... y al acercarnos comprobamos que efectivamente es así:  las higueras crecen en las bocas de las cuevas y simas, aprovechando la humedad que estas conservan.


En nuestro recorrido por la zona tuvimos la suerte de contar con la compañía y guía de quién quizás mejor conoce estos parajes, el amigo Alain Thibault, asentado en Almería y explorador del karst de Sorbas desde hace más de veinte años, donde ha localizado y marcado más de 2000 bocas. Su comprensión de este medio duro, su amor por él y su constancia resultan de lo más aleccionador.


El paraje natural protegido está formado por una zona alta, por encima de los 400 metros snm, rodeado de valles más profundos por los que circula la autopista y alguna carretera nacional y provincial. El agua captada por la zona de absorción del karst, resurge en los valles laterales formando oasis de verdor en medio de una paisaje árido y gris. Este es el caso de la cueva del Agua, que tras drenas una parte de la zona alta resurge formando un manantial permanente que permitió que a su alrededor se formara una pequeña aldea. Hoy la aldea está abandonada, y sólo los pastores recorren esos pagos con sus ovejas y cabras, usando alguna de las casas que se mantienen en pié como corraliza.


La cavidad se abre en medio de un caos de bloques, entre los cuales el arroyo se abre camino. Entrando desde aquí se tiene acceso a un tramo de casi un kilómetro, hasta unos sifones que cortan el paso. El acceso al resto del sistema se realiza descendiendo alguno de los pozos que hay en la zona alta.


Uno de los barrancos que marcan la zona el el del Tesoro, que termina en una zona con bloques del tamaño de casas, creando un paisaje espectacular. A su salida otra aldea, también abandonada, nació al amparo de otro manantial salido de una cueva. La vida por estas tierras era dura, con una economía de subsistencia, y los tiempos actuales no justifican ese modo de vida.


Además de esta parte natural del Sorbas subterráneo, también hay un elemento artificial, en la forma de cuevas viviendas, bodegas y acueductos. Aquí hay algunas fotos de cuevas vivienda, patrimonio con frecuencia minusvalorado, pero que algunos nos empeñamos en reconocer y divulgar, me temo que con poco éxito.


Como no todo ha de ser sufrir y pasar sed, y siguiendo una tradición inveterada entre los espeleólogos, la jornada terminó disfrutando de unas buenas cervezas, pescaito frito y otras exquisiteces de la zona.


sábado, 19 de abril de 2014

Les Covetes dels Moros (Bocairent)

Si hay un pueblo que a uno le gustaría decir que es el propio, para mi, sin duda, es Bocairent. Paisaje, historia, monumentos, cuevas artificiales, y una gente estupenda. Y entre estos el inolvidable y recientemente fallecido Vicente Casanova, el Vite para sus (muchos) amigos. Con cariño, estos comentarios van por él.

Desde la plaza principal de Bocairent, bajamos siguiendo las indicaciones que últimamente se han colocado. la calle va descendiendo a lo largo de la ladera del cerro dónde se alza la población, y finalmente llega a la depuradora de aguas. Allí mismo hay una caseta dónde nos dan algo de información y nos cobran un simbólico precio por acceder a las cuevas y a la cava. Esta segunda está allí mismo, y es una antigua cava de nieve, que durante muchos años ha estado abandonada y con riego de perderse, pero que en los últimos años has sido restaurada y acondicionada para su visita. En parte excavada y en parte construida, merece la pena verse.


Desde aquí ya se ve en el cortado de la ladera opuesta del barranco, las cincuenta y tantas bocas de las cuevas. Hemos de descender al lecho del barranco, y remontar hasta la escalera de entrada. Hoy en día la visita esta regulada, y se ha colocado una segunda escalera para que el recorrido sea de entrada-a-salida. Seguramente es una buena idea. Dentro el visitante tiene libertad para explorar les covetes a su aire, aunque como guía hay instalada, en los puntos conflictivos, una cuerda: despistarse es fácil, pues tanto a veces toca seguir por un agujero en el techo, como deslizarse a ras de la pared del fondo para descender a un nivel inferior. La sensación es de un laberinto, pero no es tal, pues no hay ninguna conexión que cierre circuitos, y más bien tiene una estructura arborescente.


Lo primero que tenemos nada más entrar, si queremos proseguir la exploración, es un subida por un orificio en el techo de la sala de entrada, que en origen pudo tener un propósito defensivo, pues cierra el acceso al resto del complejo y su defensa desde arriba es extraordinariamente sencilla. El paso tiene una sección como de embudo, desde bajo accedemos al fondo de un cono en el que a penas unos huecos en las paredes ayudan a subir. Hay colocada una escalera, sin la cual la subida (lo digo por experiencia) no es nada fácil.


A partir de aquí las salas se suceden, todas con una estructura similar: techo bajo, del orden un metro treinta; una ventana en cada habitación, con sus correspondientes entalladuras para el cierre con anillas de prensión talladas en la roca para fijar escalas de acceso; suelo plano, a veces con una zona a nivel superior en la parte interior (unos 25 cm sobre elevada),... y poco más. La vista da hacia la ermita del Cristo, en lo alto del cerro frente al pueblo. No hay grafitos o grabados antiguos, salvo una cruz en una de las salas, y además de difícil datación. Quizás el elemento más destacable es la sala de los silos o depósitos, donde el suelo de la sala está excavado formando tres depósitos, con seguridad de uso comunal.




Hace años estuvimos realizando el estudio de este y otros conjuntos de covetes que hay en la zona. Se hicieron las topografías de todos, se documentaron y estudiaron y se preparó un documento muy interesante. Del conjunto principal, el aquí descrito, se elaboró una maqueta que puede verse en el museo arqueológico de Bocairent.


Fueron muchas horas y semanas de trabajo, que nos permitieron conocer esta zona y su gente, compartir con los compañeros del Centro Excursionista de Bocairent y pasar buenos ratos con amigos como el Vite, Geroni, Juanma... Buenos tiempos.


Para los que conocimos estos lugares antes de que se regulara su visita, la sensación es un tanto agridulce. Se echa en falta la independencia con que uno se podía mover por las cuevas, la sensación de descubrimiento de deslizarse dentro de la cava... pero los tiempos han cambiado. El personal no siempre está a la altura de esa libertad, y si este control que ahora se ejerce sirve para que los lugares se conserven (y en el caso de la cava, se recuperen), pues qué le vamos a hacer. Que nos quiten lo bailao.


Aquí está el plano de la SE la Senyera, con planta y alzado, aunque realmente es el alzado lo más interesante en este caso.



domingo, 2 de marzo de 2014

El Barranco de la Hoz... y alrededores

Aguas arriba del manantial conocido como el nacimiento del río Tuejar, el valle se prolonga bastantes kilómetros, convirtiéndose en un cañón que se adentra en la serranía, hasta llegar a la zona de Arquela, más abierta, donde ya se desdibuja el valle y el río se convierte en una rambla.


Antes de eso, el valle del río Tuejar atraviesa su último estrecho, donde un pequeña presa previene las avenidas- A ambos lados de la garganta aparecen dos abrigos gemelos, a los que la estratigrafía casi horizontal les ha dado una forma alargada, siguiendo la ladera, y ambos han sido aprovechados como corraliza de ganado.


El del norte (margen derecha orográfica) es de fácil acceso, pues para la construcción de la presa se ensanchó el camino que a él lleva. En cambio, el del lado sur del estrecho es de difícil acceso, pues el abandono ha hecho que la senda que sin duda hubo de llevar a él se haya perdido.


Unos pocos cientos de metros aguas arriba de la presita, llega por la margen izquierda el Barranco de la Hoz, bien conocido por los barranquistas pues tiene un descenso interesante. Desde abajo se puede acceder sólo hasta el primer resalto, pero merece la pena.


El barranco comienza siendo muy ancho, pero pronto vemos por delante las dos paredes del cañón por el que discurre el cauce. El lecho de roca desnuda y erosionada, con surcos de erosión de más de un metro de hondo, nos habla de las fuertes avenidas que sin duda protagoniza el barranco.

Justo cuando comienza el cañón, un inconfundible bloque de roca situado en el centro del cauce y en el que crece un pino solitario, parece marcar el inicio de este espectacular barranco (o su final, todo es según se mire). El contraste entre el suelo perfectamente plano del barranco y las paredes verticales le dan un aspecto un tanto irreal.


Según avanzamos, un primer escalón nos obliga a una pequeña trepa, tras la cual el barranco recupera su forma de fondo plano y pareces verticales. En la de la derecha numerosas vías de escalada suben por encima de un abrigo de techo bajo que sirve como sombreada zona de descanso. Algún escalador aburrido ha dibujado en la pared una especie de pinturas rupestres con arcilla, donde hay escenas de caza de... elefantes!!.



Poco más arriba el barranco, que llevaba dirección SE gira hacia el Este y forma un especie de circo que corta nuestro paso. Una cascada, habitualmente seca. recae en una marmita de unos tres metros de honda, autentica trampa para despistados.


Unos peldaños de hierro anclados en la pared permitirían continuar... si no empezaran a dos metros de alto. Seguramente están pensado para facilitar el descenso, no el ascenso. Aguas arriba, comienza la parte estrecha del barranco, que queda pendiente para la próxima.




miércoles, 22 de enero de 2014

La cascada de Santa Rita

Salento es una localidad de Colombia situada en las faldas de la cordillera de los Andes, al pie del parque de los Nevados. En los últimos años se ha convertido en un sitio turístico, y recibe muchos visitantes. Muchos se quedan en la población, recorren sus tiendas de artesanías, disfrutan de sus restaurantes (truchas con patacón, mmm...) y se asoman al mirador sobre el valle de Cocora. Y adios, hasta la próxima.

Sin embargo el lugar ofrece mucho más, y también hay otros visitantes que se aventuran a recorrer los parajes naturales de la zona, o incluso usan este valle de Cocora como vía para el ascenso hacia los Nevados, a más de 5000 metros de altura (Salento está ya a unos dos mil metros, pero queda mucha tela hasta las cumbres).


Voy a comentar aquí la visita a la Cascada de Santa Rita, que se forma en un afluente del río Quindío, que es el que recorre el valle de Cocora. La cascada se haya pues en un valle lateral, y desde el lugar de Boquía se accede a por un recorrido agradable, cómodo y muy atractivo.

La carretera que nos trae desde Pereira o desde Armenia desciende para cruzar el río Quindío por un puente metálico, y justo antes de cruzar sale a la izquierda un camino ancho que debemos tomar. En este punto hay algún restaurante y un camping (Monteroca) con lo cual el tema logístico-gastronómico queda fácil de resolver.


Siguiendo el camino deberemos seguir las indicaciones, que nos llevan remontando el valle del Quindío, por su margen derecha hidrográfica. Por el camino dejamos a nuestra izquierda algún cultivo de café, tan característico de estas tierras. Llegaremos a la entrada de hacienda Santa Rita, y hemos de cruzar la puerta y entrar. Tras recorrer el camino que atraviesa los prados donde el ganado pasta, llegamos a la casa, de típico estilo cafetero.


Allí hemos de abonar un 'peaje' puesto que se trata de una propiedad particular. Son dos mil pesos (algo menos de un euro), y tenemos la posibilidad de tomar un café (¡dónde mejor que en esta tierra cafetera!) y refrescar un poco. Por cierto, el café esta hecho con aguapanela (un producto de la caña de azúcar), con lo cual ya no necesita azúcar, y además tiene un sabor muy especial.

Por detrás de la casa el camino continua, adentrándose en un valle lateral y ganando algo de altura, con lo cual las vista que vamos teniendo de la hacienda y el valle se van haciendo bien interesantes. Subimos un poco hasta alcanzar el nivel de una antigua vía de tren, siguiendo a tramos por el trazado de la misma.
Éste está muy perdido, invadido por el bosque, desaparecido a tramos, pero básicamente es la ruta que seguimos. realmente está tan desaparecido que tengo dudas de que llegara estar terminado y a funcionar alguna vez.

El paisaje va cambiando, y los prados van dando paso al bosque húmedo, frondoso e impenetrable. Alcanzamos la entrada de un túnel que hemos de atravesar. A su salida, el bosque y los desprendimientos hacen que parezca más una cueva natural que una obra de ingeniería. Por el lado izquierdo esquivamos la gran cantidad de fango que hay todo el túnel.


Unos cientos de metros más adelante, hemos de descender al lecho del río cuyo valle venimos remontando y cruzar a otro lado por un puente hecho de un par de troncos. Estamos ya muy cerca, pero a partir de aquí el cambio es total. El camino parece ser engullido por la vegetación y nos metemos en pleno bosque húmedo tropical.


El ruido de la cascada se va haciendo más evidente, y justo cuando empezamos a vislumbrarla, el camino se bifurca. Si se sigue recto tenemos una visión frontal de la cascada, pero cuidado con los resbalones. A la izquierda un puente colgante un tanto básico nos acerca al pie de la caída de agua.


La cascada tendrá unos quince metros de alto, y su buen caudal hace que resulte muy estética. A sus pies una poza permite (a los que no teman el agua fría) un baño. La estampa que forma la caída de agua, rodeada de la selva, desde luego merece la pena el paseo, que por otro lado por si sólo ya es interesante.



El regreso se puede hacer por el mismo camino, o bien cruzar otro túnel más bajo (que está en el llano frente al puente de troncos) y seguir una trocha que nos lleva de nuevo al mismo trazado de ferrocarril que a la venida. Esta segunda opción está sensiblemente más enfangada, así que nosotros optamos por desandar el camino andado y dirigirnos a por otro café con aguapanela en la finca.





lunes, 16 de septiembre de 2013

Les Agulles de Sta Agueda

Las Agujas de Sta Agueda, en Benicasim, son unas cimas escarpadas, no muy altas (alrededor de los 500 m), características por su color rojizo, debido a que están formadas por rodenos, una arenisca roja muy frecuente por estas tierras mediterráneas.

La estratigrafía muy inclinada (a ojo unos 60 o 70 grados) les da una configuración muy especial: la vertiente que mira al mar tiene la inclinación de los estratos, y aunque no es así, podríamos visualizarla como un estrato. En cambio la otra vertiente tiene un aspecto escalonado, según se van superando los estratos.


La subida arranca del camino asfaltado que sale de lo alto de la carretera que va de Benicasim al Desierto de las Palmas. A poco más de 200 metros arranca una senda señalizada hacia Benicasim, a veinte metros de su inicio sale a la izquierda una senda que sube hala la cima meridional de las Agujas. La senda sube por la vertiente oeste del monte, la opuesta al mar, con lo cual el ascenso por la mañana se realiza a la sombra, cosa que en verano se agradece.

El camino no tiene pérdida, se trata simplemente de subir, siguiendo la senda y haciendo caso a los pequeños hitos donde la misma se pierde entre las rocas. Tras un tramo de subida se alcanza un primer cerro y un colladito desde el que comienza ya la ascensión a la cumbre. La pendiente se va haciendo cada vez más fuerte, hasta que más que caminar lo que se hace es trepar. En esa zona lo hitos son la única guía para no perder la trocha. Se llega a una laja de roca lisa donde una cuerda fija facilita el paso.




Poco más arriba parece que el camino termina, pero una nueva trepa nos lleva a la base de una diaclasa de algo menos de un metro de ancho, cuyo ascenso nos hace pasar a la vertiente marina del monte. La diaclasa baja por la ladera, pero una cornisa en la parte derecha nos permite salir a unas lajas que nos llevan a la cumbre.






La vista espectacular sobre la Plana de Castellón, el Golfo de Valencia y hasta las Islas Columbretes. El esfuerzo ha merecido la pena.


La subida es fuerte pero corta, y la bajada los mismo, pero resulta casi más pesada. Además en el descenso es más fácil despistar la buena senda, lo cual tampoco es grave: todas llevan hacia abajo y hacia la carretera dónde dejamos el coche.





jueves, 29 de agosto de 2013

La Cueva de las Ventanas

Aunque tenga el nombre de cueva, en realidad la cavidad protagonista de estas notas es un abrigo. Su nombre le viene dado por su estructura, como ahora se verá.

La cavidad se encuentra situada en el valle del río Ludey, afluente del  Cazuma o Cazunta, en el término de Bicorp, a unos dos km. de la confluencia de ambos. El río forma en este tramo un pequeño cañón, cuya margen derecha es un acantilado de entre 6 y veinte metros de altura, y la izquierda una escarpada pendiente, que a tramos también se convierte en acantilado. 


El agua discurre formando una sucesión de pequeñas pozas. Es una corriente de carácter permanente (incluso en los meses de estiaje, el río está activo). Un sendero de pequeño recorrido, balizado en amarillo y blanco, discurre por el mismo cauce, pasando bajo la boca de la Cueva de las Ventanas.


El acceso a la cueva se realiza sobrepasándola unos metros y remontando a través de la espesa vegetación unos metros, por una vaguada casi paralela al río.


El conjunto de esta cueva, es un abrigo con dos grandes bocas opuestas, (sobre el río Ludey) orientadas aproximadamente a norte una de ellas, que cae a un cortado  y la otra al  sur, dando a una pequeña vaguada que baja hacia el río. Ambas bocas están separadas por poco más de 5 metros.



La cavidad está dividida por dos pilares naturales que forman a modo de tres ventanas, lo cual sin duda está en el origen del nombre de la cueva.


Por el lado del río, la cueva da a un cortado de unos ocho metros, que la convierte en una especie de balcón sobre el cauce. Tanto por esta parte  como por la otra, un muro de cierre de mampostería irregular denota su antiguo uso como corraliza. Sin embargo debe hacer tiempo que se abandonó ese tipo de utilización, pues los pocos restos de excrementos que hay son más debidos animales silvestres que ocasionalmente acceden al abrigo que a la presencia regular de ganado.


Los techos oscilan entre los más de dos metros de altura en la ‘ventanas’ laterales y los 0.80 metros en la ‘ventana’ central.


Por el lado del río, el suelo ha sido rellenado para formar una superficie plana y está recubierto con una especie de pavimento formado por una serie de losas de piedra planas.


Y para completar la información que se tenga una mejor idea de cómo es el abrigo, nada mejor que la topografía, en la que la mano de Toni Fornes se nota una vez más.