lunes, 9 de febrero de 2015

El adiós a un amigo

Tanto hablar de cuevas, barrancos, paseos y excursiones varias, no puede hacer que se nos olvide lo más importante: las personas con las que compartimos esos ratos agradables, a veces duros, siempre apasionantes. Por que los que con pasión vivimos la montaña y la naturaleza, sentimos como apasionante hasta la excursión más sencilla, la cueva más modesta y la senda más humilde.


Y si de alguien se puede decir que sentía esa pasión era de Toni Fornes. Amigo desde hace cuarenta años, maestro y compañero. Un destino incomprensible se lo ha llevado, dejándonos descolocados, con cara de no saber qué ha pasado y preguntándonos ¿y ahora qué?.

La respuesta nos la daría el mismo Toni: Pues ahora nada. Ahora a seguir adelante, a no pararse, a disfrutar cada fin de semana, a acabar los trabajos que están a medias y después a empezar otros. A publicar y dejar constancia de nuestro esfuerzo y nuestra pasión. Y a recordar a los amigos que se han ido con la naturalidad de saber que tarde o temprano les seguiremos, a recordar sus anécdotas,  sus aventuras, sus esperanzas. Lamentando no poder seguir compartiendo trabajos, conversaciones, ilusiones, ... pero (casi con rabia) tirando pa'lante.

¡Que nos quiten lo bailao!, decíamos tantas veces con Toni, y en verdad nos queda mucho, vivido y compartido, gozado y sudado, trabajado y disfrutado.

Hasta siempre Toni Fornes. Espeleólogo. Amigo.



lunes, 29 de diciembre de 2014

El Caballo Sánchez y la Cueva Charnera (Chiva)

Casi en el centro de la provincia de Valencia, metido en la sierra de Chiva, hay un paraje que merece la pena ser visitado, por el paisaje que desde allí disfrutamos y por el interés del lugar.


Se trata del llamado Caballo Sánchez, que nada tiene que ver con los caballos (y no se si con Sánchez). Es una roca, aparentemente como tantas otras, pero con una interesante peculiaridad: es un antiguo sistema de captación de agua. Esta es una zona alta, lo que en la terminología de las zonas cársticas llamaríamos una zona de absorción, es decir que toda el agua que cae aquí se filtra a través del terrenos alimentando las fuentes que efectivamente existen el los valles aledaños. Como todas las zonas de absorción, ésta también resulta estar carente de agua, y la espesa vegetación y los suelos arcillosos entre los afloramientos de roca impiden que se forme ningún tipo de arrollo.


En el pasado, alguien se fijó en la roca que hoy conocemos como Caballo Sánchez, y cayó en la cuenta que esa superficie rocosa era casi el único lugar de la contornada donde el agua no era absorbida de inmediato por el terreno.


Una grieta en la roca fue acondicionada como aljibe y en el contorno de la misma se excavaron unas pequeñas canales que conducían al aljibe, que luego fue cubierto con grandes losas. Cuándo ocurrió esto no lo sabemos, tal vez tenga alguna vinculación con un poblado ibérico cercano, tal vez sólo era para proveer agua para el ganado de la corraliza que hay justo a los pies de la roca. En todo caso ha sido mantenido y reparado hasta hace pocos años, como muestra algunos arreglos con argamasa.

El conjunto es pues interesante y tiene su punto de enigmático. Resulta una excursión que merece la pena.


Pero no es esto lo único interesante que hay en la zona. A los mismos pies del Caballo Sánchez, un sendero desciende por la vaguada hasta cruzarse con la Senda de los Malos Pasos, un ruta senderista que atraviesa por la cercanía subiendo por el barranco de la Parra.




Tomando esta senda en dirección hacia el barranco, descendemos tal vez unos sesenta metros de desnivel y alcanzamos la Cueva Charnera (o Cuevarrón de Charnera). Esta es un abrigo con una gran boca que mira hacia el sur, y que está en parte cerrado por un muro. La cueva está formada por un gran salón abierto hacia el valle, del que salen varias galerías. Nada más entrar a la derecha hay una primera galería de unos seis metros, con una comunicación al exterior.


Unos metros más adentro, también en el lado derecho una nueva galería se convierte rápidamente en gatera y se ve también luz en su final. El salón gira a la izquierda y termina en una salita que va perdiendo altura, a unos treinta metros de la entrada. Nuevamente en la boca, en la pared izquierda hay una salita colgada con un par de bocas al exterior.


La cueva da la impresión de haber sido testigo de trabajos de extracción de material, incluso hay una huella de barreno poco antes de la entrada, y el pavimento estalagmítico de la parte del fondo ha sido roto, haciendo la cavidad más alta. Tal vez sea otro ejemplo de confusión del material estalagmítico con el mármol y una explotación fallida de éste, tal como ocurre por ejemplo en la Cueva del Tortero, de Tous.

Desde la zona donde se deja el coche, hay una vista de un tramo de la costa que no deja de sorprendernos, pues estamos casi a mil metros de altura, metidos en medio el monte y no esperábamos verla con tal nitidez. La limpia atmósfera del invierno sin duda ayuda.


Lo único malo (o bueno, según se mire) que tiene esta zona es que esté realmente aislada, y hay que hacer unos buenos kilómetros de pista forestal para llegar a ella. Para nosotros mereció la pena.

En este enlace hay algo más de información: Caballo Sánchez y Cueva Charnera



martes, 23 de diciembre de 2014

Los Abrigos de la Escaleruela (Alpuente)

El monte de la Escaleruela se asoma sobre la rambla de Arquela, prolongación aguas arriba del valle del río Tuejar, justo sobre la fuente de Arquela. Alcanza casi los mil metros de altura, y si bien por su lado NO tiene aspecto de loma poco interesante, su flanco SE, sobre la rambla, forma una rápida vertiente de casi 250 metros de desnivel. Este desnivel se salva en varios escalones formados por la estratigrafía (los primeros 100 metros de desnivel desde la cumbre) y una zona de ladera de derrubios desde allí hasta el fondo de la rambla.


Esos desniveles más altos resultan muy interesantes en varios aspectos. Los cortados verticales se alternan con las terrazas horizontales, formando un paisaje muy atractivo. Además, en esas terrazas se ubican varios abrigos naturales, utilizados desde antiguo como corralizas de ganado y como refugio de pastores. Algunos son de fácil acceso, en especial los de cota mas baja, abiertos en los estratos inferiores del macizo. Otros se abren en estrechas cornisas, cuyo acceso resulta a veces un tanto problemático.


Desde el valle se vislumbran tres abrigos. Metidos en la ladera acaban apareciendo otros tres, por lo menos, camuflados por la vegetación y a cubierto de miradas curiosas. Voy a comentar aquí los tres más altos, y queda para otro día (y quizás otro lugar) el reporte completo.

Como arriba se comenta, la parte alta de la ladera esta formada por una serie de terrazas o cornisas separadas por cortados verticales, de una altura cada uno de entre cuatro y diez metros.


Para acceder a los abrigos se toma el camino de Arquela a Campo de Arriba, que arranca justo encima de la fuente de Arquela. Es un camino bien trazado, que desde la fuente va ganando altura, pasando a poco de su comienzo por debajo de una antigua corraliza. Conforme gana en altura, se va viendo que el camino fue construido con esmero: losas para evitar la erosión, empedrado en algún tramo y sobre todo una lazada muy bien trazada y reforzada con muros de piedra a seco. Sin pretender asignar esta obra a nadie, esto es un trabajo de moros (aunque al respecto, no hay que olvidar que Alpuente fue centro un pequeño reino de taifas).

Cuando el camino alcanza el alto y se vuelve llano, hemos de abandonarlo y empezar a trepar por la ladera. Ánimo con la encantadora vegetación mediterránea. Según por donde ataquemos, accedemos a una u otra cornisa, pues todas van comenzando desde la parte norte del frente del cerro. En la cornisa más alta encontramos pronto un modesto abrigo pegado a la pared rocosa y casi sin cobertura de la misma, que apenas forma un ligero voladizo sobre el abrigo. Este abrigo tendrá unos 15 metros de largo por dos de ancho y es el más básico de los encontrados. La cornisa continua unos cincuenta metros tras el abrigo, estrechándose hasta casi desaparecer para de nuevo abrirse un par de veces, hasta que finalmente se cierra sobre un cortado que cae desde la cima.


Retrocediendo hasta el origen la cornisa y buscando un paso inferior, accedemos a una nueva cornisa, unos 8 metros por debajo de esta, más amplia y cubierta de vegetación, que nos lleva a un segundo abrigo. Este aprovecha un oquedad más profunda de la pared y frente a ella se ha construido un muro aproximadamente semicircular que forma un recinto de cierta importancia. Junto al abrigo, pintada en la pared, una cruz blanca de buen tamaño hace que le demos este nombre: Abrigo de la Cruz Blanca (la imaginación al poder). Justo tras el abrigo y bajo la cruz, la cornisa termina en un cortadito de unos 4 o 5 metros sobre otra cornisa inferior.

(Foto: A. Sisternas)

Nuevamente volvemos atrás para buscar un punto por el que acceder a la cornisa inferior (sería la tercera desde arriba). Esta nueva cornisa pasa bajo en abrigo de la Cruz Blanca y continúa hacia el sur por la vertiente. Justo tras pasar por debajo de la cruz, tiene un estrechamiento que hace el paso un poco 'acrobático', y vuelve de nuevo a abrirse. El carácter de esta cornisa es diferente, pues esta casi desnuda de vegetación, al contrario que las dos superiores y que la inmediatamente inferior, y la roca de los pasos estrechos se encuentra muy pulida por el paso de ganado durante muchos años. En ella se halla uno de los abrigos que se ven desde el valle, y que es el motivo que nos llevó a iniciar este pateo. En realidad desde el valle se ven dos abrigos, uno con un muro y otro con una boca redondeada a su derecha. Este segundo es sólo una oquedad en el acantilado, pero el del muro es un ejemplo interesante de abrigo roquero. Una cavidad natural de unos 6 metros de profundidad por 8 o 9 de anchura, y suelo con pendiente hacia el exterior, fue cerrado con un muro de piedra a seco y parcialmente nivelado. El resultado es un magnífico refugio, con restos evidentes de que allí se alberga el ganado, y una vista espectacular sobre el valle de Arquela, y los montes en dirección a Ahillas. Tras el abrigo la cornisa se ensancha, con suelo muy llano y siempre libre de vegetación, hasta terminar cerrada por un derrumbe en su parte más meridional.



(Foto: A. Sisternas)


Retrocediendo de nuevo hasta la cruz blanca, podemos aún acceder a una cornisa inferior a ésta última, que recorre la ladera hasta el mismo derrumbe o cortado donde termina la anterior. En esta cornisa no se encuentra ningún abrigo, pero desde ella vemos uno por debajo nuestro, tras un nuevo cortado, esta vez un poco más alto (tal vez unos 10 o 15 metros). Éste queda para una próxima salida.



Nuevamente toca retroceder para buscar el inicio de las cornisas y bajar hacia el camino de Campo de Arriba, que tomaremos de nuevo en dirección a Arquela para regresar a la fuente del mismo nombre. En resumen, tres o cuatro horas subiendo y bajando por ladera y unos lugares mágicos recuperados para la memoria.

domingo, 23 de noviembre de 2014

El Castell de Almenara

Toda la vida pasando por la carretera N-340 junto a Almenara (hace años por dentro), y nunca había encontrado el rato para subir a ver su característico castillo y los dos torres que lo flanquean. Pero todo termina llegando y un sábado desocupado fue la ocasión perfecta.


La aproximación no tiene complicación, pues el castillo está justo encima de la población. Llegando a Almenara hay que tomar la calle que va hacia el polideportivo, sobrepasar éste y a partir de ahí ya buscar un sitio para dejar el coche. Continuaremos después por la misma calle hasta que terminan las casas y un camino en fuerte pendiente, cementado y con un cadena que impide el paso de coche, es la ruta que hay que tomar. Este camino, de tierra a poco de empezar, es un paseo más o menos horizontal que recorre la base de la montaña, por encima de las casas del pueblo. A poco de empezar, hay un ensanchamiento a la izquierda, ya a la vista de la primera torre, a la que llaman el Agüelet. De aquí arranca el sendero, a tramos señalizado por una viejas marcas en blanco y amarillo, pero en general bastante perdido.


Subimos hacia el collado, y a partir de éste vamos subiendo por la ladera, formada por estratos de roca que en algunas zonas tiene estructura de lapiaz, hacia el Agüelet, sin que se puedan dar muchas más indicaciones que tirar hacia arriba por el mejor camino posible.


En pocos minutos la torre se yergue ante nosotros, y desde su base comenzamos a tener una excelente vista del pueblo y de la zona de Les Valls. La torre conserva en su interior parte de las dos plantas que tenía, aunque sin ninguna escalera de acceso no se puede subir a la misma (y quizás no sea tampoco muy sano hacerlo).


Desde esta torre vemos ya los muros exteriores del castillo, en cima más alta de este monte. El sendero que nos lleva hacia allí, ahora claramente visible, debe ser parte de la obra antigua del castillo, camino que comunicaría en su tiempo los tres elementos defensivos. Unos potentes contrafuertes para hacer el camino más horizontal nos lo indican.


Conforme vamos subiendo vemos los muros exteriores del castillo, más grande de lo que uno al pasar por la carretera se imaginaba. Superados estos muros, vemos que se trata sólo de un recinto exterior y que sobre nosotros se alza una nueva serie de murallas que forman el núcleo del castillo. En esta zona se ve lo que debió ser un gran aljibe, hoy sin techo y cubierto de vegetación.


Entramos al castillo por donde podemos. La puerta está hacia la zona que da al éste, pero nosotros llegamos por el oeste. Una brecha en la muralla en la parte que da al cortado y al pueblo nos permite acceder a la explanada superior. Las vistas son aún mejores, por más elevadas, que desde la torre del Agüelet. La línea de costa se ve perfectamente, y aunque nos ha tocado un día neblinoso merece una parada y unas fotos.


En la zona más alta del castillo se alzan los restos de lo que pudo ser la torre del homenaje, o algo así, hoy apenas cuatro paredones. También merecen ser mencionadas dos construcciones de la época de la guerra civil, seguramente observatorios. El de la parte este conserva la entrada en ángulo para proteger de la metralla, y parece que fue después reutilizado como base de una antena. La visión desde el observatorio del oeste se recoge en la siguiente panorámica.



Saliendo por ese lado este del castillo, nos encaminamos en una rápida pendiente a la torre conocida como la Agüeleta. De aspecto más moderno. parece que fue reconstruida en época de Isabel II como torre de comunicaciones. Los nombres "oficiales" de las torres parece que son Bivalcadim y Bergamuza, aunque popularmente son el Agüelet y la Agüeleta.

Tras la torre, vemos tres cerros de alturas decrecientes. Son el final del Sistema Ibérico, que desde la lejana Cantabria ha sido la espina dorsal de media península Ibérica, y aquí muere junto al Mediterráneo.


En el descenso nos encontramos con nuevo aljibe, el tercero, totalmente perdido para su función, pero aún entera la obra.


El elevado número de aljibes y la existencia de un triple recinto de murallas (el primero casi desaparecido) da idea de la importancia que debió de tener en su momento esta fortaleza, en la frontera entre los reinos taifa de Tortosa y Valencia, allá por el siglo XI.


Para el descenso hay varias opciones. En este caso lo que se hizo fue retroceder al collado que hay entre la torre este y el castillo, y descender, siguiendo una trocha poco marcada en dirección al pueblo, hasta alcanzar el camino o paseo que rodea el monte. La barrancada está interrumpida por un pequeño cortado, y para salvarlo hay que dirigirse hacia la parte derecha, por donde se ve una senda que va por un escalón del cortado. Ya en el camino, sólo quedaba seguirlo hacia la zona por dónde comenzó la subida.

Aunque la ruta no tiene mayor complicación, aquí está el track para gps:  El Castell de Almenara

viernes, 21 de noviembre de 2014

La Hoz del Calderón, Alpuente

Alpuente es una interesante población de la Serranía valenciana, con unos paisajes espectaculares rodeando el pueblo y el castillo. La hoz sobre la que situa el pueblo y que rodea al cerro del castillo es conocida como la Hoz de Alpuente, y tiene varios puntos de interés, como el estrecho que a veces se llama La Bomba.


Pero cerca de Alpuente hay otra hoz, mucho más pequeña y menos conocida, pero no menos interesante. Según la cartografía se llama la hoz del Calderón, y está como un km al sur de la población.


A penas tendrá 150 metros de longitud, y lo forma la rambla de Baldovar al a travesar un espolón calizo, de una manera un tanto sorprendente, pues es justo al final del mismo y parecería más natural que lo hubiera rodeado. Una falla que se ve a le entrada del cañón tal vez esté en origen de la preferencia del agua por este camino, a priori menos favorable.


Accedemos a la hoz desde el camino que va de Alpuente a Campo de Abajo. El amplio valle por el que circula (es un decir) la rambla de Baldovar, de encajona de repente, dando un giro a la derecha, justo para entrar en la hoz. Las paredes de la misma son completamente verticales, y por su fondo circulan las aguas de la rambla (cuando las hay) con el aporte de algún pequeño manantial. El lecho herboso, con algunos árboles, permite un rápido avance por la hoz en la que encontramos una rudimentaria obra de canalización de las aguas. La hoz termina tan súbitamente como comenzó, desfondándose en un cortado de unos veinte metros sobre unas zonas más bajas de cultivo.


La canalización mencionada parece que conducía el agua hacia una toma o acueducto metálico, cuyos restos se ven colgados sobre en cañón ya desfondado, atravesándolo para llevar el agua hacia la margen derecha del valle inferior. Ni idea de la época en que eso se construyó, pero por los materiales y el nivel de degradación, parece no tener más de 70 u 80 años.

sábado, 4 de octubre de 2014

El (inestable) Alto del Puente (Bugarra)

Bugarra es una de las agradables poblaciones que se sitúan en el curso bajo del Turia, ya cerca de la huerta de Valencia, pero aún metida en plena montaña.

El río circula ya apenas a 130 metros sobre el nivel del mar, y en general es tranquilo y apacible formando bonitos rincones, por ejemplo a su paso junto al pueblo.


Frente al pueblo, al otro lado del río, la montaña, ennegrecida por los incendios de estos últimos años, sube hacia cotas cercanas a los 600 metros, en rápidas pendientes y algún que otro cortado. Precisamente un poco al oeste del pueblo, unos cortados, al menos en parte en las terrazas aluviales, forman un cerro en cuya cima hay una torre de energía eléctrica, denominado (según la cartografía) Alto del Puente..

Subir es un paseo agradable, y la vista desde la cima es estupenda; desde Gestalgar, que aparece entre montañas, en la distancia y junto al río, hasta casi las afueras de Pedralba, vemos un tramo del valle del Turia de unos 10 km.


Pero quizás lo más interesante e inquietante de este cerro es la presencia de unas fracturas paralelas al cortado, en varios sectores del frente del cerro que miran hacia el pueblo.

La base del cerro está formada por yesos, sobre los cuales se asientan unos conglomerados aluviales poco consolidados. Ni los yesos ni el terreno aluvial se caracterizan por su estabilidad al quedar sin soporte lateral, y las laderas del cerro que miran al río muestran restos de antiguos derrumbes, como se aprecia en la siguiente foto.


Pero el paisaje es algo vivo, y lo mismo que en el pasado hubieron derrumbes, en el futuro los habrá, como lo prueba la presencia de las comentadas fracturas. De hasta medio metro de ancho en algunos puntos, están provocadas por el lento basculamiento de bloques del frente del cortado hacia el río, debido a la falta de apoyo por ese lado.

Las siguientes imágenes muestran el aspecto que presentan.






Incluso en Google Earth se ven esas fracturas, como se aprecia es estas imágenes, en la segunda con las fracturas marcadas en rojo.



Afortunadamente debajo no hay nada, salvo un camino poco transitado, y el río Turia. De todos modos... da que pensar. Este Alto del Puente, dará que hablar algún día.