domingo, 23 de noviembre de 2014

El Castell de Almenara

Toda la vida pasando por la carretera N-340 junto a Almenara (hace años por dentro), y nunca había encontrado el rato para subir a ver su característico castillo y los dos torres que lo flanquean. Pero todo termina llegando y un sábado desocupado fue la ocasión perfecta.


La aproximación no tiene complicación, pues el castillo está justo encima de la población. Llegando a Almenara hay que tomar la calle que va hacia el polideportivo, sobrepasar éste y a partir de ahí ya buscar un sitio para dejar el coche. Continuaremos después por la misma calle hasta que terminan las casas y un camino en fuerte pendiente, cementado y con un cadena que impide el paso de coche, es la ruta que hay que tomar. Este camino, de tierra a poco de empezar, es un paseo más o menos horizontal que recorre la base de la montaña, por encima de las casas del pueblo. A poco de empezar, hay un ensanchamiento a la izquierda, ya a la vista de la primera torre, a la que llaman el Agüelet. De aquí arranca el sendero, a tramos señalizado por una viejas marcas en blanco y amarillo, pero en general bastante perdido.


Subimos hacia el collado, y a partir de éste vamos subiendo por la ladera, formada por estratos de roca que en algunas zonas tiene estructura de lapiaz, hacia el Agüelet, sin que se puedan dar muchas más indicaciones que tirar hacia arriba por el mejor camino posible.


En pocos minutos la torre se yergue ante nosotros, y desde su base comenzamos a tener una excelente vista del pueblo y de la zona de Les Valls. La torre conserva en su interior parte de las dos plantas que tenía, aunque sin ninguna escalera de acceso no se puede subir a la misma (y quizás no sea tampoco muy sano hacerlo).


Desde esta torre vemos ya los muros exteriores del castillo, en cima más alta de este monte. El sendero que nos lleva hacia allí, ahora claramente visible, debe ser parte de la obra antigua del castillo, camino que comunicaría en su tiempo los tres elementos defensivos. Unos potentes contrafuertes para hacer el camino más horizontal nos lo indican.


Conforme vamos subiendo vemos los muros exteriores del castillo, más grande de lo que uno al pasar por la carretera se imaginaba. Superados estos muros, vemos que se trata sólo de un recinto exterior y que sobre nosotros se alza una nueva serie de murallas que forman el núcleo del castillo. En esta zona se ve lo que debió ser un gran aljibe, hoy sin techo y cubierto de vegetación.


Entramos al castillo por donde podemos. La puerta está hacia la zona que da al éste, pero nosotros llegamos por el oeste. Una brecha en la muralla en la parte que da al cortado y al pueblo nos permite acceder a la explanada superior. Las vistas son aún mejores, por más elevadas, que desde la torre del Agüelet. La línea de costa se ve perfectamente, y aunque nos ha tocado un día neblinoso merece una parada y unas fotos.


En la zona más alta del castillo se alzan los restos de lo que pudo ser la torre del homenaje, o algo así, hoy a penas cuatro paredones. También merecen ser mencionadas dos construcciones de la época de la guerra civil, seguramente observatorios. El de la parte este conserva la entrada en ángulo para proteger de la metralla, y parece que fue después reutilizado como base de una antena. La visión desde el observatorio del oeste se recoge en la siguiente poanorámica.



Saliendo por ese lado este del castillo, nos encaminamos en una rápida pendiente a la torre conocida como la Agüeleta. De aspecto más moderno. parece que fue reconstruida en época de Isabel II como torre de comunicaciones. Los nombres "oficiales" de las torres parece que son Bivalcadim y Bergamuza, aunque en popularmente son el Agüelete y la Agüeleta.

Tras la torre, vemos tres cerros de alturas decrecientes. Son el final del Sistema Ibérico, que desde la lejana Cantabria ha sido la espina dorsal de media península Ibérica, y aquí muere junto al Mediterráneo.


En el descenso nos encontramos con nuevo aljibe, el tercero, totalmente perdido para su función, pero aún entera la obra.


El elevado número de aljibes y la existencia de un triple recinto de murallas (el primero casi desaparecido) da idea de la importancia que debió de tener en su momento esta fortaleza, en la frontera entre los reinos taifa de Tortosa y Valencia, allá por el siglo XI.


Para el descenso hay varias opciones. En este caso lo que se hizo fue retroceder al collado que hay entre la torre este y el castillo, y descender, siguiendo una trocha poco marcada en dirección al pueblo, hasta alcanzar el camino o paseo que rodea el monte. La barrancada está interrumpida por un pequeño cortado, y para salvarlo hay que dirigirse hacia la parte derecha, por donde se ve una senda que va por un escalón del cortado. Ya en el camino, sólo quedaba seguirlo hacia la zona por dónde comenzó la subida.

viernes, 21 de noviembre de 2014

La Hoz del Calderón, Alpuente

Alpuente es una interesante población de la Serranía valenciana, con unos paisajes espectaculares rodeando el pueblo y el castillo. La hoz sobre la que situa el pueblo y que rodea al cerro del castillo es conocida como la Hoz de Alpuente, y tiene varios puntos de interés, como el estrecho que a veces se llama La Bomba.


Pero cerca de Alpuente hay otra hoz, mucho más pequeña y menos conocida, pero no menos interesante. Según la cartografía se llama la hoz del Calderón, y está como un km al sur de la población.


A penas tendrá 150 metros de longitud, y lo forma la rambla de Baldovar al a travesar un espolón calizo, de una manera un tanto sorprendente, pues es justo al final del mismo y parecería más natural que lo hubiera rodeado. Una falla que se ve a le entrada del cañón tal vez esté en origen de la preferencia del agua por este camino, a priori menos favorable.


Accedemos a la hoz desde el camino que va de Alpuente a Campo de Abajo. El amplio valle por el que circula (es un decir) la rambla de Baldovar, de encajona de repente, dando un giro a la derecha, justo para entrar en la hoz. Las paredes de la misma son completamente verticales, y por su fondo cirsulan las aguas de la rambla (cuando las hay) con el aporte de algún pequeño manantial. El lecho herboso, con algunos árboles, permite un rápido avance por la hoz en la que encontramos una rudimentaria obra de canalización de las aguas. La hoz termina tan súbitamente como comenzó, desfondándose en un cortado de unos veinte metros sobre unas zonas más bajas de cultivo.


La canalización mencionada parece que conducía el agua hacia una toma o acueducto metálico, cuyos restos se ven colgados sobre en cañón ya desfondado, atravesándolo para llevar el agua hacia la margen derecha del valle inferior. Ni idea de la época en que eso se construyó, pero por los materiales y el nivel de degradación, parece no tener más de 70 u 80 años.

sábado, 4 de octubre de 2014

El (inestable) Alto del Puente (Bugarra)

Bugarra es una de las agradables poblaciones que se sitúan en el curso bajo del Turia, ya cerca de la huerta de Valencia, pero aún metida en plena montaña.

El río circula ya apenas a 130 metros sobre el nivel del mar, y en general es tranquilo y apacible formando bonitos rincones, por ejemplo a su paso junto al pueblo.


Frente al pueblo, al otro lado del río, la montaña, ennegrecida por los incendios de estos últimos años, sube hacia cotas cercanas a los 600 metros, en rápidas pendientes y algún que otro cortado. Precisamente un poco al oeste del pueblo, unos cortados, al menos en parte en las terrazas aluviales, forman un cerro en cuya cima hay una torre de energía eléctrica, denominado (según la cartografía) Alto del Puente..

Subir es un paseo agradable, y la vista desde la cima es estupenda; desde Gestalgar, que aparece entre montañas, en la distancia y junto al río, hasta casi las afueras de Pedralba, vemos un tramo del valle del Turia de unos 10 km.


Pero quizás lo más interesante e inquietante de este cerro es la presencia de unas fracturas paralelas al cortado, en varios sectores del frente del cerro que miran hacia el pueblo.

La base del cerro está formada por yesos, sobre los cuales se asientan unos conglomerados aluviales poco consolidados. Ni los yesos ni el terreno aluvial se caracterizan por su estabilidad al quedar sin soporte lateral, y las laderas del cerro que miran al río muestran restos de antiguos derrumbes, como se aprecia en la siguiente foto.


Pero el paisaje es algo vivo, y lo mismo que en el pasado hubieron derrumbes, en el futuro los habrá, como lo prueba la presencia de las comentadas fracturas. De hasta medio metro de ancho en algunos puntos, están provocadas por el lento basculamiento de bloques del frente del cortado hacia el río, debido a la falta de apoyo por ese lado.

Las siguientes imágenes muestran el aspecto que presentan.






Incluso en Google Earth se ven esas fracturas, como se aprecia es estas imágenes, en la segunda con las fracturas marcadas en rojo.



Afortunadamente debajo no hay nada, salvo un camino poco transitado, y el río Turia. De todos modos... da que pensar. Este Alto del Puente, dará que hablar algún día.



lunes, 1 de septiembre de 2014

La garganta de Partnachklamm

La localidad bávara de Garmish Partenkirchen es conocida como estación de deportes de invierno y para muchos (me incluyo) sobre todo por el campeonato de saltos de esquí del día de Año Nuevo, donde ha formado un dueto clásico junto al concierto de Viena.

Pero hay otras cosas, como es lógico. Es una ciudad metida en los Alpes Bávaros, y por tanto hay mucha montaña alrededor. Justo a los pies del gran trampolín de los saltos de esquí, saliendo del estadio de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1936 por el lado oeste, se acede a la garganta de Partnachklamm (en realidad es la garganta de Partnach, pues klamm es 'garganta' o algo similar en alemán). No se piense que la garganta empieza bajo el trampolín, lo que allí comienza es el camino que nos lleva a la garganta.



Ese camino, asfaltado pero cerrado al tráfico excepto para vecinos, puede ser recorrido a pié o en un carro de caballos, que por unos pocos euros nos da el paseo hasta cerca del arranque del estrecho. Andando es como media hora, en carro, algo menos.

El camino va saliendo de la zona suburbana, y se va metiendo por el valle, bordeado de verdes prados y bosques alpinos. Tras unos 10 minutos de camino hay una bifurcación junto a un crucero, en la que debemos tomar el camino de la izquierda.


La visita a la garganta cuesta unos 4 euros, y tiene un horario, pero fuera de ese horario la visita también se puede hacer y es gratis, eso sí cuando la taquilla está cerrada se nos avisa que lo hacemos 'bajo nuestra responsabilidad' (at your own risk).


El valle comienza a cerrarse tras las taquillas, y el camino, ya sólo transitable a pié o en bicicleta, se va convirtiendo en una cornisa tallada en la pared de la garganta. Justo antes de entrar en la parte más estrecha, un biergarten (cervecería) al más puro estilo alemán nos hace recordar algún pasaje de la novela "Tres Ingleses en Alemania", de Jerome K Jerome.

Superada la tentación de beberse una jarrita de un litro de cerveza, nos metemos en un estrecho camino, y la bienvenida es un oscuro túnel con una puerta metálica (siempre abierta).


El camino cuenta con una barandilla metálica a veces un tanto testimonial, y recorre la garganta por su margen derecha orográfica. El rugido del agua, las cascadas que caen de lo alto, el continuo goteo y la oscuridad de los varios túneles hacen que el ambiente sea un tanto duro, y más uno se pone nervioso.




Las fotos que hemos visto de la garganta en invierno dan escalofríos, pues las cascadas y en algunas hasta el propio camino, están helados, con un hielo blanquiazul que hace que el paso tenga un aspecto fantástico.

Por encima de nosotros, tal vez sesenta metros sobre el río, unos puentes cruzan el cañón, formando parte de un sendero que permite realizar un recorrido circular.




La longitud debe andar rondando el kilómetro, y al final la garganta se abre de nuevo a un verde valle, como si nada hubiera pasado y ese estrecho paso fuera sólo una broma.


Ida y vuelta, y las pausas para las fotos, puede suponer un paseo de un par de horas. El tiempo dedicado al biergarten va a parte (allí también se puede comer).


viernes, 11 de julio de 2014

Sorbas y su karst de Yesos

El karst es un tipo de paisaje caracterizado por la presencia de numerosas formas de absorción y conducción del agua de lluvia, que está asociado a la presencia de sistemas de cuevas más o menos importantes. Habitualmente el karst se desarrolla en rocas calizas, pero también puede desarrollarse en rocas evaporíticas como el yeso. Este es el caso del karst de Sorbas, en Almería, desarrollado en una zona de yesos de unos 120 metros de espesor y prácticamente un ejemplo a nivel mundial de este tipo de fenómenos.


Como en todas las zonas kársticas, la superficie es un terreno áspero, rocoso, casi torturado. Aquí además estamos a las puertas del desierto de Tabernas, sino en él, y lo extremo del paisaje resulta aplastante. Caminar por esos cerros una tarde de verano puede ser un deporte de riesgo (comprobado). Sólo esparto y algunas magras plantas aromáticas resisten las condiciones extremas que imponen el suelo y el clima.


Sorprendentemente, de cuando en cuando, una higuera da una nota verde al paisaje. Si nos fijamos parece salir del subsuelo... y al acercarnos comprobamos que efectivamente es así:  las higueras crecen en las bocas de las cuevas y simas, aprovechando la humedad que estas conservan.


En nuestro recorrido por la zona tuvimos la suerte de contar con la compañía y guía de quién quizás mejor conoce estos parajes, el amigo Alain Thibault, asentado en Almería y explorador del karst de Sorbas desde hace más de veinte años, donde ha localizado y marcado más de 2000 bocas. Su comprensión de este medio duro, su amor por él y su constancia resultan de lo más aleccionador.


El paraje natural protegido está formado por una zona alta, por encima de los 400 metros snm, rodeado de valles más profundos por los que circula la autopista y alguna carretera nacional y provincial. El agua captada por la zona de absorción del karst, resurge en los valles laterales formando oasis de verdor en medio de una paisaje árido y gris. Este es el caso de la cueva del Agua, que tras drenas una parte de la zona alta resurge formando un manantial permanente que permitió que a su alrededor se formara una pequeña aldea. Hoy la aldea está abandonada, y sólo los pastores recorren esos pagos con sus ovejas y cabras, usando alguna de las casas que se mantienen en pié como corraliza.


La cavidad se abre en medio de un caos de bloques, entre los cuales el arroyo se abre camino. Entrando desde aquí se tiene acceso a un tramo de casi un kilómetro, hasta unos sifones que cortan el paso. El acceso al resto del sistema se realiza descendiendo alguno de los pozos que hay en la zona alta.


Uno de los barrancos que marcan la zona el el del Tesoro, que termina en una zona con bloques del tamaño de casas, creando un paisaje espectacular. A su salida otra aldea, también abandonada, nació al amparo de otro manantial salido de una cueva. La vida por estas tierras era dura, con una economía de subsistencia, y los tiempos actuales no justifican ese modo de vida.


Además de esta parte natural del Sorbas subterráneo, también hay un elemento artificial, en la forma de cuevas viviendas, bodegas y acueductos. Aquí hay algunas fotos de cuevas vivienda, patrimonio con frecuencia minusvalorado, pero que algunos nos empeñamos en reconocer y divulgar, me temo que con poco éxito.


Como no todo ha de ser sufrir y pasar sed, y siguiendo una tradición inveterada entre los espeleólogos, la jornada terminó disfrutando de unas buenas cervezas, pescaito frito y otras exquisiteces de la zona.


sábado, 19 de abril de 2014

Les Covetes dels Moros (Bocairent)

Si hay un pueblo que a uno le gustaría decir que es el propio, para mi, sin duda, es Bocairent. Paisaje, historia, monumentos, cuevas artificiales, y una gente estupenda. Y entre estos el inolvidable y recientemente fallecido Vicente Casanova, el Vite para sus (muchos) amigos. Con cariño, estos comentarios van por él.

Desde la plaza principal de Bocairent, bajamos siguiendo las indicaciones que últimamente se han colocado. la calle va descendiendo a lo largo de la ladera del cerro dónde se alza la población, y finalmente llega a la depuradora de aguas. Allí mismo hay una caseta dónde nos dan algo de información y nos cobran un simbólico precio por acceder a las cuevas y a la cava. Esta segunda está allí mismo, y es una antigua cava de nieve, que durante muchos años ha estado abandonada y con riego de perderse, pero que en los últimos años has sido restaurada y acondicionada para su visita. En parte excavada y en parte construida, merece la pena verse.


Desde aquí ya se ve en el cortado de la ladera opuesta del barranco, las cincuenta y tantas bocas de las cuevas. Hemos de descender al lecho del barranco, y remontar hasta la escalera de entrada. Hoy en día la visita esta regulada, y se ha colocado una segunda escalera para que el recorrido sea de entrada-a-salida. Seguramente es una buena idea. Dentro el visitante tiene libertad para explorar les covetes a su aire, aunque como guía hay instalada, en los puntos conflictivos, una cuerda: despistarse es fácil, pues tanto a veces toca seguir por un agujero en el techo, como deslizarse a ras de la pared del fondo para descender a un nivel inferior. La sensación es de un laberinto, pero no es tal, pues no hay ninguna conexión que cierre circuitos, y más bien tiene una estructura arborescente.


Lo primero que tenemos nada más entrar, si queremos proseguir la exploración, es un subida por un orificio en el techo de la sala de entrada, que en origen pudo tener un propósito defensivo, pues cierra el acceso al resto del complejo y su defensa desde arriba es extraordinariamente sencilla. El paso tiene una sección como de embudo, desde bajo accedemos al fondo de un cono en el que a penas unos huecos en las paredes ayudan a subir. Hay colocada una escalera, sin la cual la subida (lo digo por experiencia) no es nada fácil.


A partir de aquí las salas se suceden, todas con una estructura similar: techo bajo, del orden un metro treinta; una ventana en cada habitación, con sus correspondientes entalladuras para el cierre con anillas de prensión talladas en la roca para fijar escalas de acceso; suelo plano, a veces con una zona a nivel superior en la parte interior (unos 25 cm sobre elevada),... y poco más. La vista da hacia la ermita del Cristo, en lo alto del cerro frente al pueblo. No hay grafitos o grabados antiguos, salvo una cruz en una de las salas, y además de difícil datación. Quizás el elemento más destacable es la sala de los silos o depósitos, donde el suelo de la sala está excavado formando tres depósitos, con seguridad de uso comunal.




Hace años estuvimos realizando el estudio de este y otros conjuntos de covetes que hay en la zona. Se hicieron las topografías de todos, se documentaron y estudiaron y se preparó un documento muy interesante. Del conjunto principal, el aquí descrito, se elaboró una maqueta que puede verse en el museo arqueológico de Bocairent.


Fueron muchas horas y semanas de trabajo, que nos permitieron conocer esta zona y su gente, compartir con los compañeros del Centro Excursionista de Bocairent y pasar buenos ratos con amigos como el Vite, Geroni, Juanma... Buenos tiempos.


Para los que conocimos estos lugares antes de que se regulara su visita, la sensación es un tanto agridulce. Se echa en falta la independencia con que uno se podía mover por las cuevas, la sensación de descubrimiento de deslizarse dentro de la cava... pero los tiempos han cambiado. El personal no siempre está a la altura de esa libertad, y si este control que ahora se ejerce sirve para que los lugares se conserven (y en el caso de la cava, se recuperen), pues qué le vamos a hacer. Que nos quiten lo bailao.


Aquí está el plano de la SE la Senyera, con planta y alzado, aunque realmente es el alzado lo más interesante en este caso.