martes, 15 de enero de 2019

El Barranco de la Hoz (Calmarza)

Con el nombre del Barranco de la Hoz hay muchos parajes interesantes repartidos al menos por todas la cordillera Ibérica, y seguro que también alguno más por otras zonas. Normalmente se asocia a sierras calizas, con relieves aproximadamente tabulares (estratos casi horizontales), y en los que las aguas han abierto profundos surcos que zigzaguean por el paisaje, como testigo del cauce de ríos que hace mucho desaparecieron, o que tienen ahora un caudalito que difícilmente explica la grandiosidad del valle formado.

El que ahora comentamos aquí esta entre Jaraba y Calmarza, en la provincia de Zaragoza, comarca Calatayud. El Barranco de la Hoz es afluente por margen derecha del río Mesa, que entre Villel de Mesa y Jaraba, pero sobre todo entre Calmarza y Jaraba, forma otra hoz espectacular que merece la pena de ser recorrida, aunque sea en coche.


El Barranco de la Hoz arranca en un meandro del río Mesa, y lo primero que vemos al comenzar, visible desde la misma carretera, es el Santuario de Nuestra Señora de Jaraba, trepado en la pared derecha del Barranco. Acceder al mismo resulta interesante por la vista que se va ganando del Barranco, de los acantilados y del las buitreras que caracterizan la zona. Que esté abierto para poder visitarlo parece más una cosa de lotería. Justo enfrente, una pista sube hacia un mirador sobre la hoz del río Mesa.




A partir del santuario el barranco ya sólo es practicable a pié, aunque es un sendero muy cómo, ancho y con poca aunque constante pendiente, pues vamos remontando el viejo cauce. Como el camino no poner problemas, podemos dedicarnos a admirar los farallones que cada revuelta nos descubre, descubrir una vegetación dura pero frondosa a su manera y, sobre todo, ver lo que casi constituye un museo al aire libre de corralizas, abrigos y parideras para el ganado.



En efecto, este elemento de la arquitectura y cultura popular tan poco valorado en general, ha sido aquí cuidado con esmero, y en algún caso incluso reconstruido. Se han colocado paneles explicativos interesante, en lo que incluso los amantes del tema siempre encuentran novedades y datos desconocidos. Los distintos tipos presentes en al Barranco forman un buen catálogo de lo que en otros lugares hay que ir buscando dispersos por la montaña. La riqueza en tales estructuras se debe al paso por el propio cauce del Barranco de la Cañada del Campillo, vía de tráfico de ganados con siglos de actividad a sus espaldas.


A unos 4 km de camino, frente a una gran corraliza situado bajo un amplio saliente rocoso, arranca en la margen izquierda del Barranco un senda que nos lleva a un grupo de pinturas rupestres de tipo levantino interesante, y que constituyen (según parece) un ejemplo raro del mismo por su ubicación tal al interior. Se llama Roca Benedí, y parece un milagro que hayan sobrevivido hasta nuestros días, porque a penas están protegidas de la intemperie, pese a lo cual se aprecian bastante bien.


Combinando Barranco y pinturas, resulta una excursión de lo más interesante, tan larga como queramos o como el tiempo disponible nos deje. Una pena que no hayan cuevas, o si las hay que no las conozcamos. Nada es perfecto.


Este enlace permite acceder al track de la ruta: Barranco de la Hoz

miércoles, 2 de enero de 2019

El cerro de la Pedrera (Moixent)


Ir mirando por la ventanilla cuando uno va de viaje es normal, pero si además se tiene el gusanillo de la montaña y la espeleo, parece que uno lleve puesto el radar de encontrar lugares de interés.

Ese radar detectó hace ya muchos años una serie de barrancos a la derecha de la carretera de Valencia a Albacete, después de pasar Montesa y hasta después de Moixent. En un cerro entro dos de esas barrancadas, unas grandes rocas, de aspecto ruiniforme, atrajeron nuestra atención, así que un fin de semana de desocupe nos fuimos a echarle un vistazo al lugar.

Localizarlo fue fácil, poco después de pasar Moixent lo teníamos a la derecha, y tomando la vía de servicio de la autopista nos situamos en su base. Una serie de campos de cultivo vallados nos dificultaron el acceso al cerro, pero avanzado un poco hacia el oeste se terminaban los vallados y pudimos subir.


El nombre del cerro, si es que lo tiene, me resulta desconocido. El plano de la GVA no le asigna ninguno, pero la zona de bajo, por donde se deja el coche, se llama La Pedrera. Eso nombre, unido a las características del lugar, me hacen pensar que la pedrera en cuestión es la parte inferior de la zona de rocas que a nosotros nos interesaba. Así pues, bautizado: Cerro de la Pedrera (al menos a los efectos de estas notas).

La subida, no muy larga pero durilla, se hace casi monte a través. Aunque se comienza siguiendo un camino para llegar a la base de los cerros y luego parece que se sigue una senda que llanea por su base, cuando dejamos ésta ya sólo queda seguir la trochas que jabalíes y otros animales han formado entre la suave maleza de nuestros montes. En realidad, tal como se aprecia en el track, subimos por la loma de al lado (por el tema de las vallas de los campos), y ya en la parte de arriba cruzamos la vaguada para ir a la zona de rocas.


Desde nuestra posición vamos viendo el aspecto del cerro de la Pedrera. La parte baja del mismo tiene grandes montones de bloques de pequeño y mediano tamaño, coherentes con lo que se podría esperar en una explotación de ese tipo. Conforme se va subiendo, la vista sobre el valle se va ampliando. En el fondo de la vaguada hay una construcción circular, que parece una calera o algo similar. Las huellas de la posible pedrera desaparecen y vamos viendo en su verdadera dimensión los bloques que desde la carretera habían llamado nuestra atención. Grandes como casas, se encuentran dispersos por la ladera, formando entre ellos explanadas, callejones y grietas, en las que la vegetación ha ido ocupándolo casi todo.


Analizando la naturaleza del sitio, da la impresión de que estemos ante el resultado de un gran deslizamiento del terreno. Efectivamente, mientras que los grandes bloques son de caliza bastante compacta, con una estratigrafía paralela a la linea de pendiente del cerro, en la base de los mismos, como estrato subyacente, aparecen unas margas muy descompuestas. La impresión que produce es que en algún momento la pastilla de caliza deslizó sobre las margas en dirección al valle, fracturándose en los grandes bloques que hoy se observan, y que deslizaron, pero no rodaron por la ladera.


El fenómeno parece completamente natural, y el término pedrera que da nombre a la zona parece más bien referirse a una explotación marginal de la parte inferior del gran deslizamiento.

Total, un paseo para una mañanita, con un cierto interés geológico y con la satisfacción de poner una 'x' en una de tantas cosas pendientes que tenemos por el monte.

Este es el enlace al track de la subida a este interesante paraje Ruta la Pedrera Venta del Potro

jueves, 25 de enero de 2018

Las Chorreras de Enguidanos

Cuando se habla de Castilla La Mancha, uno piensa en grandes extensiones llanas, donde cereales y vides dominan el paisaje. Esa imagen es cierta, pero incompleta, pues hay mucho más: serranías con picos en los que la nieve se asoma al verano, ríos que forman valles llenos de verdor, ...

El paraje del que vamos a hablar a ahora es uno de esos que uno no asocia con la Mancha. Son las llamadas Chorreras de Enguidanos, en la población del mismo nombre, provincia de Cuenca.


El río Cabriel, afluente del Jucar, es bien conocido entre caminantes y amantes de la naturaleza por la zona llamada las Hoces del Cabriel, justo en los límites de Cuenca y Valencia. Aguas arriba de esas Hoces está el embalse de Contreras, y más aguas arriba la zona de la que vamos a hablar.




Las Chorreras de Enguidanos son una serie de rápidos y pequeñas cascadas sobre el propio río Cabriel, formadas en parte sobre unos bancos de tobas en lo que el río se ha abierto camino "a la fuerza"


El Circo de Gavarnie

Descubrir el Pirineo es como descubrir el agua tibia, y a pesar de todo en Pirineos hay tanto, que no se termina nunca de descubrir, o de re-descubrir, mil lugares que uno no entiende cómo no los ha visitado antes.

El verano de 2016 ha sido entre otras un verano para asomarse a la alta montaña pirenaica, y en concreto a lo que podríamos decir su centro: el macizo de Monte Perdido. Pero lo hemos hecho desde la parte francesa, metiéndonos debajo mismo de las cumbres de 3000 metros, aprovechando el valle de Gavarnie, que hemos remontado hasta la base de la cascada.

En esta ocasión pernoctamos en el camping que hay a la salida de la población de Gavarnie, ya iniciando la ruta hacia el Circo del mismo nombre. El camping es muy básico, pero su ubicación compensa las pequeñas incomodidades. Además, permite iniciar temprano la subida hacia el Circo, cosa que en agosto es fundamental para evitar el gentío que visita estos lugares.


Para ir hacia el circo y la cascada remontamos simplemente el valle, siguiendo un cómodo sendero que al principio va junto al río, y del que nunca se aleja más de lo necesario para ir remontando el valle y esquivando las zonas de rápidos y cascadas que de cuando en cuando se suceden conforme vamos yendo hacia la zona alta.


Por fin vemos las cascada en toda su enormidad (según dicen la más alta de Europa). La pedrera que lleva a su base parece poblada de hormigas... que resultan ser los caminantes, diminutos ante las dimensiones del lugar.

En el circo hay varias cascadas, y cada una de ellas sería impresionante, si no estuviera todo dominado por la gran cascada más de 400 metros de desnivel, cayendo desde los picos de tres mil metros de altura, y desde  los neveros que incluso en agosto se mantienen.

La vista se llena con tanta luz, con el paisaje de roca pura, y uno se pregunta por qué no se viene aquí todos los años a cargar pilas...

sábado, 10 de diciembre de 2016

El desfiladero de las Xanas

Asturias está llena de lugares con encanto, sorprendentes y a veces deslumbrantes. Uno de los más conocidos por los amantes de la montaña es la ruta del Cares, espectacular desfiladero de que atraviesa el corazón de los Picos de Europa y que está recorrido por una cómoda senda que permite disfrutar del mismo.

También en Asturias, pero como un centenar de km más al occidente, está otro desfiladero, llamado de la Xanas, al que han bautizado como el pequeño Cares. Compararlos es a la vez un error y un acierto: Un acierto, porque es un desfiladero con pasos tan espectaculares como des del Cares y un senda de características parecidas; en cambio es un error llamarle 'pequeño Cares', pues de pequeño no tiene nada y aunque en verdad es más corto, no merece ese calificativo. En definitiva, tiene entidad suficiente para no requerir comparaciones.


Se encuentra cerca de la localidad de Villanueva, y discurre entre esta y Pedroveya (o al revés, que es como lo hicimos nosotros). Parece que el camino se construyó como parte de un proyecto para comunicar por una vía directa ambas localidades, pues el rodeo que hay que dar es bastante considerable. Al final la obra no se completó, y quedó un camino, a tramos tallado en el cortado, que se ha convertido en una delicia para caminantes.


Dejamos el coche en la plaza de Pedroveya, y desde allí, tras menos de diez minutos de andar llegamos a la ermita de S. Antonio de Padua. Junto a ella comienza el camino, que primero desciende entra prados para después ir internándose en el bosque.



Pasamos junto a las ruinas de un molino, con las muelas todavía en su lugar, cubiertas de musgo, y en riesgo de que una tormenta mas fuerte de lo normal derrumbe lo poco que queda.

El valle se va estrechando, el río empieza a tener saltos considerables que forman bonitas cascadas, y el camino se pega al margen derecho, donde poco a poco se convierte en un escalón tallado en el desfiladero.



Aunque el camino va descendiendo, el río lo hace mucho más deprisa, y nos encontramos colgados a gran altura sobre el cauce. A pesar de que el camino es ancho, en algunos puntos se ha colocado un pasamanos de cuerda, como quitamiedos para los caminantes menos arriesgados.




Los tramos más encajados se suceden, y las vistas panorámicas van encadenándose conforme vamos bajando hacia Villanueva. A tramos el desfiladero se abre y el camino atraviesa pedreras herbosas por las que cruzamos, siempre en suave descenso hacia el valle.


Una última mirada atrás nos permite apreciar el desfiladero en toda su grandeza, con el sendero apenas reconocible como una línea en la pedrera y un leve arañazo en el cortado.



Al final llegamos al arranque de la carretera de Pedroveya, donde un bareto nos permite refrescar y reponer fuerzas, porque a pesar de ser todo bajada, con el calor de agosto tiene su puntito.

En todo caso, se trata de una ruta de lo más recomendable, que ojalá haya ocasión de repetir en el futuro.




martes, 9 de agosto de 2016

Aljibes y tumbas

El tema de las cavidades artificiales ya ha sido tratado aquí en alguna que otra ocasión, pero es un mundo tan amplio en tipología y en distribución geográfica que vuelvo a hora sobre el. Y lo hago a cuenta de un viaje a Israel, en el que además de muchas otras cosas de interés, a uno se le iba la vista hacia esas huecos tallados en la roca que por aquellas viejas tierras son muy frecuentes.

Voy a hablar de tres lugares: Tel Arad (en el sur, cerca de Be'er Sheva), Masada (junto al mar Muerto) y, cómo no, Jerusalén. Quede claro que no era un viaje de estudio de este tipo de estructuras, y que el objetivo de estas notas es sólo dar a conocer estos elementos del patrimonio un tanto escondidos (aunque no todos) y no muy valorados (al menos algunos).

Arad es una ciudad moderna en el centro-sur de Israel, y en sus proximidades se halla Tel Arad. El término "Tel" hace referencia en el próximo oriente a un tipo de colina, en parte artificial, que ha surgido por la superposición de ciudades, ruina sobre ruina, durante siglos y a veces milenios. En el caso de Tel Arad no parece que haya un gran numero de ciudades superpuestas, como ocurre en otros lugares, y los niveles principales corresponden a una ciudad cananita del tercer milenio aC (aprox. 2600 aC) y una fortaleza israelita de los siglos IX al VI aC. Parece que entre ambas ocupaciones hubo un periodo de abandono de 1500 años. Este tipo de cifras a veces son difíciles de valorar, pero para ello ayuda el pensar que sería lo mismo que si ahora volviéramos a ocupar una ciudad que se abandonó en el año 500, por los años de la caída de Roma. Ahí es ná!!. Después de eso hubo allí varias fortalezas persas y luego árabes, hasta el abandono definitivo alrededor del año 800 dC.


En Tel Arad hay varios aljibes. La zona está en el desierto del Negev y nunca ha sido muy abundante en agua, así que allí, igual que en este otro lado del Mediterráneo la solución era recoger agua cuando tenía a bien llover, evitando que se perdiera por esos campos de Dios. El principal aljibe de la fortaleza es doble, con dos depósitos separados por un muro de roca madre. Uno de sus senos estaba relacionado con el templo situado arriba, al que surtía de agua a través de un pozo. Además de la alimentación por las lluvias en las explanadas superiores, parece que otro canal subterráneo (al menos en parte) permitía llenar el aljibe con agua traída por recuas de animales desde un pozo situado al pie de la colina.


Los aljibes, excavados en roca caliza con una cierta carga de arena, estuvieron recubiertos de mortero para impermeabilizarlos. Hoy en día una escalera metálica permite descender a su interior, aunque en una lateral se ven restos del acceso original tallados también en la roca y con algo de mampostería. Las dimensiones son considerables, tal vez de unos 8 metros de largo por 4 de ancho el queda enfrente según se baja, y el otro algo mayor (10 x 5 metros). En ambos la profundidad del agua podía llegar a más de tres metros, en total una reserva nada desdeñable más de 200.000 litros de agua.


En el segundo depósito del aljibe se aprecian tanto la boca del antiguo pozo que comunicaba con el templo, como el canal por el que llegaba ese suministro adicional de agua que antes mencionaba.


En los restos del asentamiento cananita de la parte baja del Tel Arad, hay un enorme pozo, de más de viente metros de profundidad, de sección circular con unos seis metros de diámetro. La parte de arriba está construida con sillares, pero a unos siete metros de profundidad empieza a estar excavado en la roca madre. Parece que lo que comenzó siendo un aljibe terminó siendo un pozo que alcanzaba el nivel freático. Considerando la época, es una obra impresionante.

Hacia el NE de Tel Arad, metida en la depresión del mar Muerto, se encuentra Masada, fortaleza-palacio construida por Herodes el Grande, y testigo de la resistencia de los zelotes en su rebelión contra Roma. La fortaleza está sobre un cerro aislado, rodeado de acantilados, que se levanta frente a la orilla del mar Muerto. Como el nivel del mar está a -410 metros (si, menos cuatrocientos diez, o sea, 410 metros bajo el nivel del Mediterráneo), aunque el cerro es imponente su cima se sitúa a unos 40 m sobre el nivel del mar (Mediterráneo). La subida se puede hacer andando por un sendero que zigzaguea por la cara Este, frente al mar Muerto, o (¡ah, el progreso!) en un teleférico que nos coloca casi en la cima.



Como aquello es pleno desierto, el agua es un tesoro que había que conservar. En consecuencia, numerosos aljibes y un sistema de colectores procuraban que el agua de las escasas lluvias quedara recogida para uso de la fortaleza.


Hay aljibes en la parte alta, que forma una meseta un poco inclinada hacia el Oeste. Hay aljibes también en las laderas, pues el sistema de canales colectores las recorre y conduce el agua hacia esos depósitos. La siguiente imagen es uno de esos depósitos, y en llave vemos un pilar que tiene unos 3,5 metros de alto, lo cual da una idea del su dimensión. La siguiente imagen es del canal de alimentación de ese mismo aljibe, canal que como se aprecia estaba también tallado en el mismo acantilado.



Hay además aljibes de uso ritual, para los baños prescritos por la religión judaica. Estos deben tener unas dimensiones y una forma específicas, y se da la circunstancia de que ese estándar no ha cambiado desde los tiempos de la construcción (siglo I-II aC) hasta la actualidad, lo cual ha facilitado reconocer cuáles de los aljibes son de almacenamiento y cuáles son para los baños rituales.


A la hora de hablar de Jerusalén son tantos los lugares a comentar, tantos de ellos vinculados a cualquiera de las tres grandes religiones, y tantos que tienen que ver con el medio subterráneo, que sería un no acabar. Así pues unas pinceladas bastarán, o mejor dicho tendrán que bastar.

Como ejemplo de lugar sagrado, en este caso para el cristianismo, vinculado al mundo subterráneo, tenemos como ejemplo preclaro (aunque no único) a la Basílica del Santo Sepulcro. Se erige en el lugar en el que, según la tradición, estaba la tumba de Jesús, y esa tumba era era una cueva artificial. El enterramiento en cuevas artificiales estaba muy extendido en el mundo mediterráneo desde milenios antes de la época de Cristo, y encontramos ejemplos de ello desde la misma Jerusalén, pasando por la islas Baleares (ver otro artículo en este mismo blog), hasta la Comunidad Valenciana. De la cueva que conformaba la tumba no queda nada visible (aunque uno se pregunta, qué habrá en el subsuelo de esta basílica, antigua de mas de 1700 años), pero en la misma basílica está el acceso a una cueva artificial, parece que un antiguo aljibe, en la que según la tradición Santa Elena (madre del emperador Constantino) descubrió la Vera Cruz, la cruz de la crucifixión de Cristo.

Desde uno de los laterales de la basílica, en una zona más tranquila de la misma, una puertecita poco llamativa da acceso a unas escaleras que descienden un primer tramo de unos 8 metros de desnivel, hasta una capilla. Esta zona ya está prácticamente toda tallada en la roza caliza que forma en antiguo monte del Gólgota, y sus paredes está llenad de pequeñas cruces grabadas en la roca, seguramente resultado de los siglos de peregrinos entrando en la cueva.


En el lado derecho de la capilla, un nuevo tramo de escaleras desciende hasta el antiguo aljibe, completamente excavado en la roca, y en cuyas desnudas paredes sólo quedan unos restos de frescos medievales. Aquí es donde presuntamente Santa Elena encontró la Vera Cruz.


Hay otros lugares ligados al cristianismo en el que las cuevas artificiales son elemento central: la tumba de la Virgen María (lugar de tradición ortodoxa), que es una tumba excavada en la roca del fondo del valle de Kidron, al pie de las murallas de Jerusalén, la cueva del Nacimiento en la Basílica del mismo nombre en Belén (muy cerca de Jerusalén, pero separada por el odioso muro), las cuevas de los pastores, cerca de Belén, o la cárcel de Jesús, en Jerusalén, también de tradición ortodoxa.

He nombrado el valle de Kidron, cuyo nombre bíblico es valle de Josafat, que es el valle que separa Jerusalén del Monte de los Olivos. Este valle es importante para las tres grandes religiones, y en él sitúan varios grandes cementerios judíos (en el monte de los Olivos), musulmán (junto a la muralla de Jerusalén) y cristiano (en la zona del valle). Hasta en la muerte hay separación, aunque, eso si, tienen buena vecindad. En el margen izquierdo de este valle hay varias tumbas monumentales talladas en la roca, que merecen un paseo y una visita. Se trata de la tumba de Absalón, la tumba de Zacarías, la tumba Bnei Hazir y algo mas lejos y no accesible (pero si visible) la tumba de la Hija del Faraón.



Las dos primeras que menciono son en realidad mausoleos, excavados en roca totalmente (la de Zacarías) o parcialmente (la de Absalón) que forman como templos a la entrada de lo que serían las verdadderas tumbas, excavadas también en la roca. Junto a la de Zacarías, en el acantilado se ven una columnas y alguna ventana, que forman parte de la tumba de Bnei Hazir. A la derecha de la de Zacarías, asoman entre los escombros de la ladera unos pilares que forman la entrada a otra tumba, aparentemente no excavada o en todo caso hoy abandonada.



Cuando estuve todo estaba cerrado, y sólo por fuera podía uno hacerse idea de lo que hay. Coloco una foto antigua que he encontrado del interior de la tumba de Absalón.


En la misma zona hay un canal subterráneo que comunica una manantial con la piscina (o depósito) de Siloé, pero yo no puede verlo, a pesar de que me interesaba mucho. Como siempre, quedan esta (y otras muchas cosas cosas) para una siguiente ocasión.





miércoles, 20 de enero de 2016

El pico Espadán

La Comunidad Valenciana es una región, en contra de lo que la gente supone, muy montañosa, salvo la llanura costera y algún llano interior. Lo que no hay son grandes alturas, pues a lo sumo están los 1800 metros del entrañable y majestuoso Peñagolosa y del Cerro Calderón.

No obstante, hay numerosas sierras y picos individuales que son señeros en el paisaje valenciano. Uno de ellos es el Pico Espadán, que paradójicamente no es el más alto (aunque por poco) de la Sierra de Espadán. Está en la provincia de Castellón, cerca de las poblaciones de Almedijar y de Algimia de Almonacid.

La mejor forma de acceder es desde el Collado de la Nevera, entre las dos poblaciones citadas. Desde allí, ya a más de 700 m de altura, sólo  trescientos metros más nos llevarán hasta la cima. La ruta mejor es tomar el camino que sale casi desde el mismo collado por la vertiente sur. Esta pista empieza llaneando y perdiendo algo de altura después.

A los quince o veinte minutos de salir, pasamos bajo la cueva del Estuco, cuya pequeña boca está unos treinta metros sobre el camino. Es esta una cueva formada por un gran salón, con una boca de entrada en rampa, por la que se accede, y otra que es una sima que da sobre el salón (hoy cerrada por una reja).


A partir de aquí, el camino va ganando altura, bordeando por el sur el macizo del pico Espadán, hasta llegar a un collado, en el que tomamos un camino lateral que sube francamente hacia el pico. Llegamos al collado entre el Vértice Geodésico de Espadán y el Pico Espadán y tomamos dirección Este. Ya desde aquí la vista hacia el Sur y el Oeste empieza a ser espectacular. Vemos frente a nosotros el valle del Palancia, después la sierra Calderona, y hacia el interior la Peña Escabia y la Juliana, y las alturas de Barracas y el Toro.


En unos cientos de metros y un último repechón, alcanzamos la cima. Está formada por unas rocas de rodeno (arenisca roja), desde las que nuestra vista sobre la costa es asombrosa, desde que por el norte las alturas de las Agujas de Sta Agueda y el Bartolo casi cierran nuestra vista (al menos el día que estuvimos por allí). Por el sur, se ve el espejo brillante de la Albufera y más allá el Montgó y las Planas que terminan en el cabo de San Antonio. Impresionante.



Para regresar al collado de la Nevera podemos regresar sobre nuestros pasos, o bien tomar una ruta más directa pasando junto al vértice de Espadán y siguiendo un sendero que baja directamente hacia el collado, salvando en fuertes pendientes el desnivel. Realmente creo que merece la pena hacer la ruta en el sentido aquí indicado, pues esta subida directa desde el collado resulta para mi gusto demasiado brusca.

En conjunto es una excursión para una mañana, que se puede alargar si nos entrenemos en visitar la cueva del Estuco.