miércoles, 20 de enero de 2016

El pico Espadán

La Comunidad Valenciana es una región, en contra de lo que la gente supone, muy montañosa, salvo la llanura costera y algún llano interior. Lo que no hay son grandes alturas, pues a lo sumo están los 1800 metros del entrañable y majestuoso Peñagolosa y del Cerro Calderón.

No obstante, hay numerosas sierras y picos individuales que son señeros en el paisaje valenciano. Uno de ellos es el Pico Espadán, que paradójicamente no es el más alto (aunque por poco) de la Sierra de Espadán. Está en la provincia de Castellón, cerca de las poblaciones de Almedijar y de Algimia de Almonacid.

La mejor forma de acceder es desde el Collado de la Nevera, entre las dos poblaciones citadas. Desde allí, ya a más de 700 m de altura, sólo  trescientos metros más nos llevarán hasta la cima. La ruta mejor es tomar el camino que sale casi desde el mismo collado por la vertiente sur. Esta pista empieza llaneando y perdiendo algo de altura después.

A los quince o veinte minutos de salir, pasamos bajo la cueva del Estuco, cuya pequeña boca está unos treinta metros sobre el camino. Es esta una cueva formada por un gran salón, con una boca de entrada en rampa, por la que se accede, y otra que es una sima que da sobre el salón (hoy cerrada por una reja).


A partir de aquí, el camino va ganando altura, bordeando por el sur el macizo del pico Espadán, hasta llegar a un collado, en el que tomamos un camino lateral que sube francamente hacia el pico. Llegamos al collado entre el Vértice Geodésico de Espadán y el Pico Espadán y tomamos dirección Este. Ya desde aquí la vista hacia el Sur y el Oeste empieza a ser espectacular. Vemos frente a nosotros el valle del Palancia, después la sierra Calderona, y hacia el interior la Peña Escabia y la Juliana, y las alturas de Barracas y el Toro.


En unos cientos de metros y un último repechón, alcanzamos la cima. Está formada por unas rocas de rodeno (arenisca roja), desde las que nuestra vista sobre la costa es asombrosa, desde que por el norte las alturas de las Agujas de Sta Agueda y el Bartolo casi cierran nuestra vista (al menos el día que estuvimos por allí). Por el sur, se ve el espejo brillante de la Albufera y más allá el Montgó y las Planas que terminan en el cabo de San Antonio. Impresionante.



Para regresar al collado de la Nevera podemos regresar sobre nuestros pasos, o bien tomar una ruta más directa pasando junto al vértice de Espadán y siguiendo un sendero que baja directamente hacia el collado, salvando en fuertes pendientes el desnivel. Realmente creo que merece la pena hacer la ruta en el sentido aquí indicado, pues esta subida directa desde el collado resulta para mi gusto demasiado brusca.

En conjunto es una excursión para una mañana, que se puede alargar si nos entrenemos en visitar la cueva del Estuco.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Los estrechos del Río Ebrón

Hace ya tiempo, "paseando" por Google Earth vi una zona cerca de límite de Teruel con Valencia en la que había una concentración de fotos. Como el lugar estaba en medio del monte supuse que sería algún sitio interesante, me puse a ver fotos, a buscar información... y me enteré de la existencia del río Ebrón y del paraje conocido como los Estrechos.

Desde entonces, cada vez que tenía una oportunidad, valoraba la posibilidad de ir, pero más de dos horas de coche hacen que no siempre se pueda hacer. Hasta que llegó el día.


Tras pasar Castielfabib, último pueblo de la Comunidad Valenciana en el Rincón de Ademuz, salimos a Teruel y llegamos a la localidad de El Cuervo. Nada más entrar ya tenemos una indicación a los Estrechos del río Ebrón. Seguimos la carreterita, que al poco se convierte en pista de tierra, y realmente a partir de la salida del pueblo ya podemos dejar el coche y empezar una agradable caminata, pues el camino va remontando el suave valle del Ebrón. Se puede seguir en coche hasta el final del camino (con permiso de un paso en el que que vadear el río con el coche, hay puente pero sólo peatonal). De todos modos el valle es tan agradable que casi merece la pena echar el par de kilómetros adicionales de este primer tramo.


Cuando acaba la pista practicable para coches, empieza inmediatamente el sendero y una primera desviación, hacia el mirador sobre el cañón. Desde aquí el aspecto del valle cambia completamente. El río empieza a encañonarse y los paisajes son más espectaculares. De cuando en cuando nos encontraremos con pequeños acondicionamientos para los pasos "difíciles", en forma de alguna escalera y barandillas para los más cuidadosos. Sobre nosotros, unos cientos de metros cañón adentro, vemos las barandillas del mirador al que se accedía desde el final de la pista.



Se van alternando zonas encañonadas con otras más abiertas, y así vamos avanzando hasta llegar a lo que supongo son los Estrechos propiamente dichos: las paredes verticales a ambos lados del cauce y el río que ocupa todo el espacio disponible. La progresión requeriría un baño, si no fuera por las pasarelas que se han construido en la margen derecha del río. Tramo bonito, con su punto de emoción para acceder al inicio de una de las pasarelas, que o se les quedó corta o el río estaba alto en esta ocasión.







A la salida nuevo cambio de la estructura del valle, que se abre y nos da unas perspectivas amplias tras los Estrechos anteriores. En este tramo nos encontramos con uno de los acondicionamientos más curiosos: unos escalones metálicos incrustados en la roca para salvar un resalte (de bajada) de unos cuatro metros. A pesar de que parece un poco "aéreo" un cable de acero hace que sea accesible para todo el mundo.



Poco después de este punto, y tras cruzar de nuevo el río ( no se cuanto puentes hay por el camino, pero son unos cuantos), comenzamos a remontar por la margen derecha del valle. Nos encaramamos así a una llanura un tanto sorprendente. Se trata de una enorme terraza fluvial, presente a ambos lados del curso actual de río, testigo de una época en que este valle y este río eran muy diferentes. El Ebrón está ahora encajonado en un estrecho valle re-excavado en la terraza fluvial, tal vez cuarenta metros más abajo del nivel de este fondo plano, fósil podríamos decir, del antiguo valle.



Dejamos el valle, y seguimos subiendo por la ladera para salvar algún barranco lateral, y después deberíamos volver a bajar al cauce para ver el Puente Natural de la Fonseca. A mi llegó el tiempo para alcanzar el punto más alto del camino, y poquito más, pero entre lo lejos que está de casa y lo cortos que son los días en diciembre, mejor dejé ese último empujón para otra ocasión, que la habrá.

Resumiendo, un paseo muy agradable, cómodo y sin dificultades, que quizás se termina haciendo un poco largo en la última parte.


lunes, 23 de noviembre de 2015

El Castell de Miravet

Últimamente parece que ha tocado ir a visitar algunos castillos por tierras de Castellón, y no muy lejos del Castillo de Xivert del que ya se habló, hemos visitado estos días el castillo de Miravet.


Este castillo está situado entre Oropesa y Cabanes, en el extremo norte del parque natural del Desert de les Palmes. Enriscado encima del Font de Miravet, el acceso al mismo se hace desde otra fuente, la de Perelló. Desde allí se sigue una pista forestal que remonta hasta llegar al collado, donde tomamos dirección norte por la cresta de la loma. Tras alcanzar la cima (de 306 m de altura) vemos frente a nosotros toda la costa en la zona del Prat de Cabanes, otro paraje natural protegido, con Alcocebre al fondo. Si miramos hacia el interior, vemos al lejano Peñagolosa, referencia singular en estas tierras castellonenses, y mirando hacia el sur vemos, siguiendo la misma sierra en la que nos encontramos, las Agujas de Santa Agueda (de las que también se ha hablado aquí).



Unos pasos más adelante vemos ya, un poco más bajo que nosotros, el castillo de Miravet, subido en unos paredones calizos. Para llegar a él hay que descender por una zona rocosa (hay algo parecido a una senda) unos 70 metros de desnivel. Despues rodeamos el castillo por el oeste, hasta que la senda, recuperada de nueva la cresta de la loma, nos permite acceder al interior.


Entramos, como en tantos castillos, por un hueco en la muralla, y lo primero que encontramo, a nuestra derecha, es un gran algibe, cuyo techo se ha perdido pero cuyas paredes aún conservan el enlucido impremeable que caracteriza estas obras.


Frente a él está la antigua puerta de acceso al recinto interior del castillo, con una entrada amurallada en curva para facilitar la defensa. Esta puerta con arco apuntado se conserva en muy buen estado, con los goznes de apoyo de las puertas y el hueco para el cierre por el interior intactos.




Tras ella accedemos a un recinto en cuyo lado norte hay una gran arco que permite también salir al exterior, aunque seguramente su función original no fuera esa. Sobre este recinto, los restos de la torre del homenaje, agrietada en su parte alta y amenazando desplomarse cualquier día, pero conservando un par de ventanas cuadradas.




Una pequeña trepa (o un hueco en la muralla, junto al cortado) nos permiten acceder al recinto más interior, de reducidas dimensiones y que incluye la mencionada torre.

El conjunto se completa con los restos de la ermita de San Bartolomé, un poco más abajo, y con otros restos dispersos de un recinto amurallado más amplio.


Para regresar hay dos alternativas. La primera es bajar desde el castillo a la carretera Cabanes-Oropesa, que se ve a los pies del cerro, y por ella regresar a la Font del Perelló. La otra es desandar el camino andado, volviendo a subir por la cresta hasta la cota 306 y desde allí bajar al collado para tomar la pista forestal por la que habíamos subido. Pienso que esta es mejor (por más corta) y es la que nosotros tomamos. La subida es de poco más de una hora, asi que es una excursión fácil e interesante.

sábado, 26 de septiembre de 2015

El Abrigo del Tambuc

En un anterior artículo (julio 2015), hablaba de la ruta por el barranco de Tambuc. Durante la ruta vimos, a cierta altura sobre el barranco una boca oscura, en forma de arco que dominaba una de las revueltas del barranco. Me llamó la atención, y además de fotografiarlo me propuse echarle un vistazo, a sabiendas que casi nunca sale nada de interés (espeleológicamente hablando), pero la esperanza es lo último que se pierde.


El acceso, sencillo pero incomodo por la gran cantidad de matorral se hace por el mismo camino que nos lleva a Cueva Dones. Lo seguimos hasta justo antes de empezar a bajar a la cueva. Seguimos entonces por lo alto de la loma, girando lentamente hacia la izquierda, sin bajar hacia el lecho del barranco, por el alto de la loma.

Tomamos dirección NE hasta que nos asomamos sobre la rambla de Tambuc, y seguimos por borde del cortado hacia el N. Toca ahora destrepar unos pequeños cortados escalonados, sin mayor complicación, y girar hacia el E y luego al S asomándonos sobre la rambla del Tambuc. Pegados a la base del cortado que hace un momento recorríamos por arriba, llegamos al objetivo de nuestro pateo: la cueva del Tambuc. Realmente no se cual es su nombre, pero a falta de otro...


La cavidad es un pequeño abrigo, de apenas tres metros de profundidad, con muestras evidentes de haber sido utilizado por pastores en el pasado. Frente a él quedan los restos de una pequeña explanada, artificial y soportada por un bancal medio desmantelado.


Junto a él crece un algarrobo, que ha sido el último obstáculo que hubo que cruzar para llegar al abrigo.


Desde el abrigo se tienen unas vistas muy buenas sobre la rambla del Tambuc. Seguramente son lo mejor del día, a parte de la satisfacción de haber resuelto la incógnita sobre este cavidad.




domingo, 20 de septiembre de 2015

Por los cabos Vidio y Busto (Asturias)

La costa asturiana está llena de parajes que merecen ser visitados y compartidos, pero son tantos que me temo es tarea imposible.

Voy a dar aquí tres pinceladas de tres lugares: de oeste a este, el cabo de Busto, el cabo de Vidio y la playa de la Concha de Artedo. Los tres están en la costa centro-occidental asturiana y los tres merecen un paseo para verlos.

Al cabo de Vidio se accede desde la localidad de Oviñana, junto a la autopista del Cantábrico. La carreterita se va internando en el saliente del cabo, por el flanco occidental del mismo. Varios miradores invitan a pararnos para disfrutar de una excelentes vistas de la costa acantilada.


En último tramo de la carretera, justo antes del parking del faro, tenemos el mar a ambos lados, ya casi en la puntica del cabo. Desde el parking llegar al cabo es un corto paseo, que puede hacerse rodeando el recinto del faro, que está, como es costumbre, cerrado.

Comenzando por la derecha, lado este, tenemos un mirador que nos da sobre un vertiginoso acantilado de más de cien metros, formado por el desplome sobre el mar de la rasa litoral cantábrica, testigo de un antiguo nivel del mar.


El camino se mete junto a la tapia del faro y cuando mira hacia el norte, se vuelve apenas un estrecho paso entre dicha tapia y el vacío del acantilado. Mucho cuidado con el viento, un mal paso no es recomendable.




Tras ese paso estrecho, el camino recupera una anchura más normal y nos lleva hasta el cabo, prolongado en el islote Chouzano. También aquí, en un día de esos de temporal del norte, debe dar su impresión estar.




El segundo de los lugares que comentamos es el cabo Bustos. Aquí, además, tuvimos el tiempo para poder hacer una pequeña caminata por la zona próxima al cabo, lo cual nos hizo disfrutar más del lugar.


Dejamos el coche frente a la Iglesia de Busto, y desde allí tomamos en dirección este, atravesando junto a los prados y los maizales, para situarnos sobre la playa que forma la desembocadura del río Esva.


Desde allí el camino gira hacia el norte, siguiendo más o menos paralelo a los acantilados, por dentro de un bosque, que realmente hace que no veamos apenas dichos acantilados. Poco después el bosque se abre y el camino, bien acondicionado, tiene ya varios miradores sobre la costa. Nosotros tuvimos un problemilla que nos hizo regresar hacia el pueblo, para lo cual tuvimos que atravesar el bosque cruzando el barranco que viene desde el pueblo para llegar al coche. En todo caso el camino era tan guapo que casi merecía la pena el desvío.


De nuevo en la iglesia, seguimos la carretera que pasa a su lado un km, más o menos, llegamos al faro (cerrado, como siempre) y al cabo. Nuevamente estamos situados sobre la rasa litoral, un centenar de metros sobre el actual nivel del mar, desnivel que se salva en un acantilado vertical.



El track de este paseo por el cabo Busto está disponible en este enlace.

Por último unas palabras y unas imágenes de la playa de la Concha de Artedo. Se accede a ella desde la antigua carretera nacional, tras bajar desde la zona de Cudillero y tomar un desvío muy angulado junto al final de la bajada.


Hemos de dejar el coche en un parking, y desde él disfrutar de un agradable paseo hasta la playa y por ella. La playa se caracteriza por una fuerte barra de grava, que forma una especie de embalse por la parte de tierra. El río Uncín forma aquí una especia de laguna, en la que la vegetación y las aves acuáticas forman un cuadro digno de visitar. Ni siquiera el puente de la autopista logra fastidiar el encanto del lugar.