martes, 28 de abril de 2009

La Cova del Colom, de Ribarroja

En la localidad de Ribarroja, cerca de Valencia, hay rincones que uno no espera encontrar. Se trata de un pueblo grande, situado junto al río Turia (como su nombre del algún modo indica) y muy dedicado tradicionalmente a la agricultura, hoy ya con bastante industria.

El relieve de de su término es muy suave, tanto que uno no esperaría que hubiera lugar para formación de cavidades. Sin embargo hay al menos dos, que yo conozca. La primera es la sima del Aeropuerto o de los Carasoles, situada frente a las pistas del aeropuerto, en unos cerros donde hay una urbanización abandonada o inacabada. Esta sima, una diaclasa "de regulares proporciones" alcanza una profundidad considerable (si no recuerdo mal más de 40 metros).

La segunda cavidad es la Cova del Colom. Situada más al oeste que la anterior, en el cerro del Colom, frente a las Rodanas, mirando al camino a Cheste, es una cavidad interesante, aunque no muy grande. Además tiene incluso su propia leyenda, o mejor dicho sus leyendas, pues son al menos dos.

La boca, en una pequeña hondonada de la ladera W del cerro y muy cubierta por un algarrobo que crece en su interior, da paso a una galería amplia, descendente en la dirección de la ladera, que es un antiguo (muy antiguo) cauce fósil. La entrada muestra restos de barrenos, prueba de que se extrajo de ella material, probablemente confundiéndolo con mármol, cuando en realidad es una potente colada. Otras cuevas valencianas han corrido la misma suerte, ahora recuerdo la cueva de Cirat (en Montán) y la cueva del Tortero (en Tous).


La galería está obstruida a unos 40 metros de la entrada por unos grandes bloques desprendidos del techo, pasados los cuales una cortina de formaciones cierra la cavidad. Justo tras un gran bloque, en el suelo una grieta da acceso a un pocito de 7 metros y una diaclasa de unos veinte de recorrido.

La cavidad está bastante olvidada: para los espeleólogos no tiene mucho interés, y para los excursionistas es desconocida. No obstante un sendero con una vieja señalización en amarillo conduce hasta ella desde el valle. Sin embargo, y a pesar de que su fácil acceso hace que esté muy dañada, aún conserva buenas formaciones en las paredes, e incluso tiene algunos goteos activos.


La vista del valle desde la boca es muy bonita, y en primavera el olor del azahar de los naranjos resulta un auténtico placer.


¿Cuáles son las leyendas? Bueno, la primera es una historia oída de muchas cuevas, pero que en esta combina con el nombre de la cavidad: cuentan que una vez se soltó en ella un palomo (colom en valenciano) y salió por Picassent, pueblo situado a bastantes kilómetros, y al que con absoluta seguridad no llega la cueva. Pero así es la leyenda. En otras cuevas lo que se soltó fue un perro, o un gallo ... y siempre aparecía uno o dos pueblos más allá.

La segunda leyenda es más interesante, y por lo visto está hasta documentada. La recoge Sarthou, en su Geografía General del Reino de Valencia, y la reproduce el tomo I del Catálogo Espeleológico del País Valenciano. Según ella " fue objeto en el siglo XVII de una superchería que preocupó mucho a las gentes crédulas de la capital, y aún a personas sensatas. En 6 de marzo de 1621 corrió la voz en Valencia de haber penetrado con grave riesgo 4 o 5 hombres en el susodicho antro, los cuales habían visto y oído cosas muy extraordinarias: un negrazo, figuras horribles, joyas y monedas de oro y de plata, de las que ninguna pudieron extraer... y gracias que salvaron la vida merced a una invocación religiosa. La noticia de encantamiento fue después confirmada y henchida por nuevos testigos que entraron a la cueva -al efecto desencantalla con exorcismos y conjuros- entre aquellos el Retor de Benavites, que por meterse en camisa de once varas, si es verdad lo que se le atribuye, hubo de encendérselas con serpientes locuaces y doncellas culebronas. Dios sabe hasta donde hubieran llegado las habladurías, con intervención de matemáticos y astrólogos, si unos cuantos caballeros de la nobleza valenciana -los Bellvis, Sans, Sorell y otros- cansados de la burla, no hubiesen marchado secretamente a la cueva encantada con independencia de las autoridades eclesiásticas y civiles, y hubieran salido de ella publicando que todo eran embustes y chanzas de los soldados de la guardia de la Torre de Paterna, los cuales fueron inmediatamente relevados por el Virrey, y se acabó el encantamiento..."

En resumen, una buena excursión para una mañana de domingo. Y como toda buena excursión debe comenzar con un almuerzo: aquí va una imagen del surtido del bar Ribarupea, de Ribarroja: ñam ñam.

1 comentario:

Rocky Trail MTB dijo...

Podrías indicarme el punto exacto o coordenadas aproximadas de la sima de los carasoles?