domingo, 13 de marzo de 2011

Por los Andes Ecuatorianos

En la vida no todo es trabajo, y hay que compaginar el curro con el disfrute. Tampoco todo ha de ser un esfuerzo de deslomarse, así que se puede ir a sitios muy agradables sin darse una paliza de andar.

Con estas dos ideas en la cabeza, comento una excursión por la zona que en Ecuador llaman, modestamente, “la Sierra”, y que es nada menos que la espina dorsal de los Andes.

Son varios sitios no muy alejados entre sí, a los que se puede llegar con facilidad, algunos más turísticos que otros, pero que merece la pena comentar aquí. La zona visitada pertenece a las provincias de Imbabura y el Carchi.

El primero es la laguna de Cuicocha, cerca de la localidad de Cotacachi. La laguna es el antiguo cráter de un volcán, que se hundió formando una gran caldera. En el centro del lago, los domos volcánicos restantes crearon un par de islas. La foto aérea (tomada de Panoramio, autor jotahoyas) da una clara idea de cómo es, aunque no de sus dimensiones.


El resultado es un paisaje espectacular, a más de tres mil metros de altura. Un lugar así no puede carecer de un aspecto mágico, y durante el segundo día de Inti Raymi (el Festival del Sol, que tiene lugar en el solsticio de verano) los chamanes usan Cuicocha para baños rituales y de purificación. La erupción del volcán, no es muy antigua, en términos geológicos, pues es de hace 3100 años. De hecho en la zona del lago entre las dos islas hay pequeños burbujeos de gases, así que aunque durmiente… no está del todo inactivo.

El segundo lugar a  comentar es el Santuario de Nuestra Señora de la Paz, situado a 23 km de San Gabriel, unos 40 km antes de llegar a Tulcán y a la frontera de Colombia. Aunque a mi me gusta visitar santuarios, este caso la visita fue inducida por el hecho de que este está en una cueva y, claro, oída esa palabra uno se va como por instrumentos a ver qué hay allí.

La Gruta donde está el Santuario es la resurgencia del río Apaquí, que cosa de medio kilómetro aguas arriba ve su cauce obstruido por la roca, y a través de esa especie de enorme ‘puente de roca’ se ha abierto camino. La resurgencia está formada por un gran porche, de unos 30 metros de altura y cincuenta de anchura, que da paso a una sala de un centenar de metros de longitud, y techo que se mantiene bastante alto, por cuyo fondo sale en río de manera impetuosa. Da la impresión de que el río circula sifonado. Me contaron la historia del cura de un colegio cercano que intentó cruzar la cueva, buscando un paso desde la pérdida hacia la surgencia, y desapareció dentro sin que se pudiera recuperar su cuerpo. Visto el caudal no me extraña en absoluto.

Aunque el terreno no es realmente calizo, dentro de la cavidad hay estalactitas y estalagmitas, pues agua que se filtra disuelve en el terreno los carbonatos que en todo caso contiene el suelo y la roca. No son formaciones espectaculares, pero ahí están. Algunas están coloreadas por los óxidos de hierro de unas tuberías, colocadas seguramente para captar el agua de las filtraciones (agua que teniendo en cuenta que arriba hay un pueblecito, no debe ser muy sana, pero bueno..).


En el lado derecho de la entrada está lo que es el santuario. Es muy sencillo, a penas unos bancos, un espacio para las velas y la imagen de la Virgen sobre un pedestal rústico de roca. Esa sencillez hace que no desentone con el lugar. Ojalá se conserve así, a pesar de que recibe mucha gente. En realizad la parte hostelera y comercial del santuario (como en todas partes, también aquí la hay) esta en lo alto del puente de roca por cuya base circula el río.

En la misma zona, cerca de San Gabriel, está el tercer lugar. Es la cascada conocida como la Chorrera de Paluz, a 4 km de la localidad. Es un salto de agua de unos 25 metros, que, como dirían los clásicos, está situado en un “marco incomparable”.

Un empinado y resbaladizo sendero nos lleva desde la pista hasta la cascada. Aunque está rodeada de bosque, frente a ella un prado de acogida a los visitantes que allí llegan En época de carnaval la provisión de agua convierte el lugar en espacio de juegos y bromas entre los jóvenes de la zona.



El regreso se puede hacer por otro camino que baja por la margen derecha del río hasta unas piscinas de aguas termales colocadas en el mismo cauce y que además son de acceso libre.


Estando ya cerca de la frontera con Colombia, nos acercamos a ver el Santuario de las Lajas, en Ipiales, justo nada más cruzar la frontera.


Metido en un profundo barranco junto a la ciudad, este santuario atrae visitantes de ambos lados de la raya. El camino  que desciende desde la población está plagado de plaquitas votivas, recuerdo de favores pedidos a la Virgen. La iglesia es un edificio neogótico, y dado lo agreste del lugar se ha tenido que construir la explanada frente al mismo a base de hacer un puente sobre el barranco. Una caída de agua, el río al fondo de la garganta y la exuberante vegetación hacen que el lugar sea muy atractivo.


El último de los lugares visitados son las termas de Papallacta. Situadas en una zona distintas del país, en la ruta que va desde Quito a la Amazonia, atravesando la Cordillera Oriental. Tras cruzar el alto, a más de 4000 metros, la carretera comienza a bajar hacia el oriente, ya en la vertiente atlántica (a través del Amazonas). Tras descender algo más de mil metros, en el pueblo de Papallacta, se toma una pista de piedra que lleva al los termales, situados por encima de los tres mil metros de altura.


Es un sitio poco natural, pero bien acondicionado y cómodo para darse un baño en aguas termales. El sitio está bien y merece la pena, en parte por el entorno y en buena parte por la carretera que nos ha traído desde Quito. Los valles altos que se atraviesan, los Páramos como se les llama, son de una belleza y una grandiosidad que sobrecoge. Si hubiera conducido yo me habría parado cincuenta veces y me habría dado un buen pateo por las trochas que allí se veían.


La altura juega a veces malas pasadas, y en lo alto del puerto hay una posta sanitaria, para atender a aquellos a los que les da muy duro. Afortunadamente de esa nos libramos, pero si que se nota una cierta dificultad al respirar.

Resumen final: hay que regresar con tranquilidad y con botas de caminar, que sitios para ver no faltan en absoluto.

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