lunes, 29 de diciembre de 2014

El Caballo Sánchez y la Cueva Charnera (Chiva)

Casi en el centro de la provincia de Valencia, metido en la sierra de Chiva, hay un paraje que merece la pena ser visitado, por el paisaje que desde allí disfrutamos y por el interés del lugar.


Se trata del llamado Caballo Sánchez, que nada tiene que ver con los caballos (y no se si con Sánchez). Es una roca, aparentemente como tantas otras, pero con una interesante peculiaridad: es un antiguo sistema de captación de agua. Esta es una zona alta, lo que en la terminología de las zonas cársticas llamaríamos una zona de absorción, es decir que toda el agua que cae aquí se filtra a través del terrenos alimentando las fuentes que efectivamente existen el los valles aledaños. Como todas las zonas de absorción, ésta también resulta estar carente de agua, y la espesa vegetación y los suelos arcillosos entre los afloramientos de roca impiden que se forme ningún tipo de arrollo.


En el pasado, alguien se fijó en la roca que hoy conocemos como Caballo Sánchez, y cayó en la cuenta que esa superficie rocosa era casi el único lugar de la contornada donde el agua no era absorbida de inmediato por el terreno.


Una grieta en la roca fue acondicionada como aljibe y en el contorno de la misma se excavaron unas pequeñas canales que conducían al aljibe, que luego fue cubierto con grandes losas. Cuándo ocurrió esto no lo sabemos, tal vez tenga alguna vinculación con un poblado ibérico cercano, tal vez sólo era para proveer agua para el ganado de la corraliza que hay justo a los pies de la roca. En todo caso ha sido mantenido y reparado hasta hace pocos años, como muestra algunos arreglos con argamasa.

El conjunto es pues interesante y tiene su punto de enigmático. Resulta una excursión que merece la pena.


Pero no es esto lo único interesante que hay en la zona. A los mismos pies del Caballo Sánchez, un sendero desciende por la vaguada hasta cruzarse con la Senda de los Malos Pasos, un ruta senderista que atraviesa por la cercanía subiendo por el barranco de la Parra.




Tomando esta senda en dirección hacia el barranco, descendemos tal vez unos sesenta metros de desnivel y alcanzamos la Cueva Charnera (o Cuevarrón de Charnera). Esta es un abrigo con una gran boca que mira hacia el sur, y que está en parte cerrado por un muro. La cueva está formada por un gran salón abierto hacia el valle, del que salen varias galerías. Nada más entrar a la derecha hay una primera galería de unos seis metros, con una comunicación al exterior.


Unos metros más adentro, también en el lado derecho una nueva galería se convierte rápidamente en gatera y se ve también luz en su final. El salón gira a la izquierda y termina en una salita que va perdiendo altura, a unos treinta metros de la entrada. Nuevamente en la boca, en la pared izquierda hay una salita colgada con un par de bocas al exterior.


La cueva da la impresión de haber sido testigo de trabajos de extracción de material, incluso hay una huella de barreno poco antes de la entrada, y el pavimento estalagmítico de la parte del fondo ha sido roto, haciendo la cavidad más alta. Tal vez sea otro ejemplo de confusión del material estalagmítico con el mármol y una explotación fallida de éste, tal como ocurre por ejemplo en la Cueva del Tortero, de Tous.

Desde la zona donde se deja el coche, hay una vista de un tramo de la costa que no deja de sorprendernos, pues estamos casi a mil metros de altura, metidos en medio el monte y no esperábamos verla con tal nitidez. La limpia atmósfera del invierno sin duda ayuda.


Lo único malo (o bueno, según se mire) que tiene esta zona es que esté realmente aislada, y hay que hacer unos buenos kilómetros de pista forestal para llegar a ella. Para nosotros mereció la pena.

En este enlace hay algo más de información: Caballo Sánchez y Cueva Charnera



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