sábado, 4 de abril de 2015

El nacimiento del Río Palancia

El río Palancia, que desemboca en Sagunto (habitualmente eso de desembocar es un eufemismo, pues no llega agua al mar), nace entre Bejis y el Toro, en el interior de la provincia de Castellón, casi a la vista de la de Teruel.

El nacimiento de un río tiene siempre algo de mágico, sobre todo si tiene agua. Quien no conozca nuestras montañas (a veces áridas, siempre duras) quizás no le vea el sentido a este comentario, pero es real como la vida misma. En mis visitas al nacimiento, podríamos decir que va al 50% las veces en que hay agua y las que está completamente seco. Y esas visitas cubren desde comienzos de los años 70 hasta la actualidad.

Y como muestra de esta veteranía dos fotos. La primera es de mediados de los 70, y en ella aparece primer término el amigo Santiago Lillo, que pocos años después moriría en un accidente de espeleo. La segunda es de 1986, cuando se hizo el plano del cañón que hay junto al nacimiento, y del que ahora vamos a hablar.




Volviendo al tema del nacimiento, el caudal del río conforme nos acercábamos al mismo nos hacía suponer que estaría activo, como así fue.


El agua brota en un par de grietas de la pared de roca, a ras de suelo, justo a la entrada de una estrecha garganta. En esta ocasión (abril 2015) y gracias las recientes lluvias el manantial es abundante, y además parecen otros brolladors en la misma pared, en un tramo de unos quince metros aguas arriba.


El manantial está en la entrada inferior de una garganta, conocida popularmente como el "cañón de Bejis" o el "cañón del Nacimiento", aunque según la cartografía su nombre es "Estrecho del Collado de Cascajar". 




El estrecho tiene una longitud de casi trescientos metros, y su anchura varía entre poco más de un metro (tal vez menos en algún punto) hasta los 15 o 20 metros en un ensanche que tiene cerca de su final. Tiene una dirección general Sur-Norte, aunque va dando revueltas y giros. Según testimonios, en tiempos más húmedos de sus paredes afloran numerosos manantiales, de los que hay huellas. Varias fallas geológicas contribuyeron a orientar algunos tramos del estrecho. 


Sobrepasado el nacimiento del río, la garganta se estrecha rápidamente y hay un primer paso consistente en una poza que casi siempre tiene agua, tras la cual un bloque requiere un pequeño esfuerzo. Se ha colocado un peldaño de hierro para facilitar esta subida. 



Un tramo más o menos horizontal nos lleva a una nueva subida que forma un ángulo tras el cual hay una poza que puede tener agua, y a veces requiere mojarse. Después de este punto, y salvo crecidas , ya no hay problemas de agua en la garganta. Poco antes de la salida norte se ensancha en una especie de replaza, en la que hay una pequeña cavidad. Vuelve a estrecharse la garganta para unos 50 metros más adelante abrirse definitivamente y convertirse en uno más de los muchos barrancos secos que hay por nuestros montes

Aquí esta la topo del estrecho. No es que tenga pérdida, pero siempre es interesante (creo). Se publicó en la revista Nuestra Espeleo número 16, que es accesible en página web del Grupo la Senyera (NuestraEspeleo_16.pdf) y que incluye una reseña geológica sobre el estrecho.





1 comentario:

Ignacio Ferrando dijo...

Hola Andrés.
No me acordaba de esa salida. Lo que sí recuerdo fue la primera vez que estuvimos por la zona. El grupo de principiantes escolares, llegando al pueblo en autobús, uno, medio o entero del todo mareado, después de las curvas que se tienen que coger y comer desde Viver para llegar a Bejís, creo lo componían Fernández, Catalá, tú y yo.
Estrenamos tienda súper grande (del verbo, pesaba más que un quintal), saliendo del pueblo por aquel camino forestal camino de la zona de acampada, paseo corto y tranquilo, aunque a medio recorrido, había que aligerar el paso por la cercanía de una granja de gorrinos que hacía que nadie tuviera curiosidad por ver qué había detrás de aquellas paredes y allí medio jugando medio haciendo deporte empezamos nuestros pinitos de espéleo. Primero el frustrante túnel que existe (no sé si todavía estará) enfrente de la fuente de Los Cloticos , que mejor dejarlos en nuestros recuerdos deshonrosos y graciosos y luego la cueva como Dios manda que estaba enfrente de la población, con algún incidente que otro y teniendo que quedarse parte del grupo dentro a oscuras mientras el resto salía, supongo a por más pilas para las linternas o algo parecido.

No recuerdo en ese viaje haber descubierto el nacimiento del Palancia. Supongo sería más adelante ya formando tal vez, parte del grupo G.I.E.S LA SENYERA. Pero ahora viendo las fotos y leyendo tus comentarios, si que revivo las sensaciones extraordinarias que tuve cuando lo vi por primera vez. Se descubre como de repente, con su nacimiento de agua saliendo a escondidas y dejando para los curiosos el recorrido del cañón. Entrabamos con más ganas que pericia, resbalando más de la cuenta en los pasos angostos y con unas energías que compensaban cualquier desliz. Detrás de cada curva, venía la sorpresa de qué encontrar y así se hacía el recorrido que pasaba en un pis pas y con su eco tan característico. No recuerdo de las veces que he acudido a él, haberme tenido de descalzar por motivos de agua, para atravesar cualquier paso. Al final se abría el cauce como comentas y allí es donde descubrimos una enorme roca en el centro del rio (más seco que seco) con un montón de ammonites incrustados en ella. Si mi memoria juega a favor, encontramos un caracol petrificado que pesaba sus buenos 2 o 3 kilos y que en vez de acabar como pisapapeles en alguna de nuestras mesas, lo utilizamos para pagar la buena acogida que nos dieron algunos aldeanos al que le pedimos algún favor seguro, y de paso no tener que cargar con él en la mochila (no sé, puede que fuera en otra salida).

Desde luego un lugar al que hay que acudir de vez en cuando. Se hace de forma agradable, tranquila y fácil, con esa sonoridad dentro, de que te avisa con bastante tiempo de antelación de que te vas a cruzar con un grupo que va o vuelve. Un pequeño recorrido mágico.

Excelente idea y trabajo el de este blog.
Un abrazo.

Ignacio Ferrando