jueves, 21 de julio de 2011

Lava y hielo

Este es el tercer y último artículo sobre unos de los viajes más aprovechados que últimamente he hecho, el de Islandia. Ya otros dos artículos, uno dedicado a los túneles de lava y otro a las cascadas, han servido, creo, para dar un poco de envidia a aquellos que aman la naturaleza pura y dura. Aquí pretendo recoger algunas de las últimas impresiones que esa lejana tierra boreal me ha causado.

Islandia se encuentra en el centro del atlántico norte, no tanto por su posición geográfica como por su situación geológica. Se encuentra sobre la dorsal centro atlántica, justo donde se separan la placa tectónica europea de la norteamericana. De hecho una mitad de la isla se encuentra en cada una de las dos placas, y la separación de ambas es visible en varios puntos del país. Es esa característica la que le da su naturaleza volcánica a la isla, y por tanto a su paisaje. La posición y el clima hacen el resto.

Esa naturaleza volcánica, que en los últimos años ha saltado de tanto en tanto a las noticias a cuenta de las erupciones de varios de sus volcanes, ha tallado un paisaje áspero y deslumbrante. Tres cosas voy a comentar: algunos pequeños y tranquilos volcanes ya extintos, unas espectaculares estructuras llamadas túmulos de lava y la ya mencionada separación de las placas europea y norteamericana.

Grandes volcanes marcan el horizonte de algunas regiones de Islandia, y desde luego no es de esos de los que voy a hablar. Son tres pequeños volcanes, dos de ellos con su cráter convertido en un lago. El primero es el de Grábrók, o mejor dicho son los de Grábrók, pues se trata de dos conos muy próximos, similares en estructura y origen, pues por lo visto están sobre una misma fisura volcánica.


El más alto, cercano a la carretera, está preparado para ser visitado. Un camino en parte acondicionado nos lleva a lo alto del volcán y nos introduce en el cráter. Las laderas son de pequeños restos de lava (creo que se llaman lapilli) y dentro del cráter hay un pequeño cono que debe ser la última zona del mismo que siguió activa. Hacia el norte está el segundo cráter, de menor altura y que desde lo alto del primer volcán dominamos perfectamente. Una de las cosas curiosas es que los dos se alzan desde una zona completamente llana, en el fondo del ancho valle.


El segundo es el cráter de Krafla Viti. Esta en un valle con abundante actividad geotermica. Tanta actividad hay que alli se ubica una de las centrales que aprovechan esa energía y que cubren una parte importante de las necesidades energéticas de Islandia. Si no fuera por eso, el valle sería algo así como el final de ninguna parte. El cráter está en la parte este de la cuenca, cuando ya se alcanza la meseta superior. Su fondo contiene un lago de un azul intenso (cuando no está congelado, claro). 


El viento que barre aquella zona, me temo que casi siempre, hace que la visita no sea de lo más confortable… pero no se va uno a poner en plan pejiguero. La nieve permanece durante todo el año en las proximidades del lago, y con frecuencia un gran nevero se hunde en las aguas del lago.

El tercero es el cráter de Kerid. Cercano a la capital, pero no por ello muy visitado, pues no es de los lugares estrella del circuito turístico. Más bien pasa casi desapercibido al margen de la carretera. Este volcan parece que es relativamente reciente, y que fue un volcán de tipo explosivo. Todo el suelo de las pareces del cono están formado por restos de lava, de tonos rojos y en algunas zonas negros. También el fondo está ocupado por un lago, y el contraste del agua con los colores del cono son bien llamativos.


Hay grandes zonas del país cubiertas por antiguas coladas de lava. Serían algo parecido a lo que en Canarias llaman “Malpaís”, nombre muy ilustrativo del aspecto que suelen tener esas tierras duras. En Islandia esos malpaíses se diferencian (para lo ojos de un observador que no sabe mucho de volcanes y similares) en un par de cosas. Primero que en Islandia las rocas estan con frecuencia cubiertas por masas de líquenes y musgos, que les dan un aspecto almohadillado, suavizando hasta cierto punto la dureza del paisaje.

El otro elemento diferencial son los túmulos de lava, que en Canarias yo no he visto, o que al menos no son tan abaundantes. Aquí en cambio llegan a ser elementos dominantes del paisaje en algunas zonas. Son estructuras redondeadas, como cúpulas, formadas por la acumulación de lava en algunas zonas de la colada. Suelen estar cuarteadas con una gran grieta central. Muchas estan casi enterradas y disimuladas por la vegetación de liquenes y musgos, pero otras son espectaculares. En concreto vimos una que era negro brillante, limpia de vegetación, … una hermosura. En su superficie se aperciaban los flujos de la lava dándole un aspecto casi atemorizante.



Por último, un breve comentario sobre un lugar que, este sí, es un gran atractivo turístico. Es el parque de Thingvellir, el lugar donde de manera más espectacular se muestra la dorsal centro-atlántica, es decir la línea de separación entre las placas tectónicas europea y norteamericana.


Una enorme grieta de cientos de metros es mostrada habitualmente como el lugar de separación de las dos placas. Sin ser del todo mentira, tampoco es del todo verdad. En realidad la separación es ancha, como de un kilómetro, formando un valle tipo rift, y existen numerosas grietas, grandes grietas, a ambos lados del valle. Paralelas a la dirección del valle, todas ellas marcan la transición entre ambas placas.

En todo caso, verdad o media verdad, la gran fisura y el lugar en su conjunto son muy interesantes e impresionantes. Creo que las fotos son suficientemente explicativas. Algunas grietas, en la parte europea del valle, están ocupadas por lagos de aguas absolutamente cristalinas, en parte porque son aguas muy frías procedentes de glaciares (de 2º a 4º todo el año, cuando no se hielan)


Había dicho que lo de Thingvellir era lo último… pero no. Aunque sólo sea para justificar el título de este artículo hay que hablar algo del hielo. Y ya puesto a ello, qué mejor que hablar de glaciares e icebergs, todo junto y en el mismo sitio.

La zona centro sur de Islandia está ocupada por el glaciar de Vatnajökul, tan grande como la provincia de Castellón. Este glaciar gigantesco se derrama hacia las zonas bajas y hacia el mar a través de varias lenguas glaciares. 



Una de ellas llega al mar en Jökulsárlón. Ante el frente de la lengua glaciar se formó una laguna hace años, en la cual flotan numerosos icebergs desprendidos del glaciar, antes de ser arrastrados hacia el mar. La laguna es muy profunda, parece ser que más de 200 metros, y en toda esa profundidad, bajo el agua, el hielo glaciar se prolonga hasta el fondo, ocupando un antiguo valle. Si no estuviera el glaciar tendríamos un hermoso fiordo como otros muchos que hay en las recortadas costas este y sur del país.


Es posible navegar entre los icebergs en unos vehículos anfibios que hay en una especie de merendero cerca de la desembocadura del lago. 


El paseo merece la pena: los colores y las formas del hielo, el ruido de los grandes bloques que se deprenden, y todo el paisaje es de los que se pueden disfrutar en pocos lugares del mundo.



Esto marca el fin de los relatos sobre Islandia. Al menos de momento, porque allí hay que regresar. Pero eso es el futuro.

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